Carlos y Waldemar: unidos en la historia

Las Tunas.- A escasos días de la victoria de la Revolución cubana, dos jóvenes tuneros, Carlos Sosa Ballester y Waldemar Peña, ofrendaron sus vidas el mismo día en que cayera luchando contra la dominación española, Antonio Maceo y Grajales, el más glorioso de los generales de la Guerra de Independencia.
El combatiente de la revolución cubana, Jorge Pérez González, sobreviviente de la acción donde perdió la vida Carlos Sosa Ballester reveló a Tiempo21 detalles de aquella fatídica madrugada del 7 de diciembre de 1958.
«Carlos y yo estábamos en la tropa de Walfrido Aguero y nos designaron para hacer guardia en la carretera Las Tunas-Puerto Padre, que se hacía con la misión de bloquear el acceso a las ciudades y evitar la entrada de alimentos y municiones. Para este fin nos trasladamos hasta Sitio Piedra, porque allí vivía la hermana de Carlos, y quedaba más cerca de la carretera, que de Macagual, que era donde estaba el campamento rebelde».
¿Qué recuerda de la emboscada?
«Ese día, el Jefe de escuadra nos liberó de la guardia, pero antes debíamos avisarle a otros compañeros que estaban en San Juan para que se retiraran de la carretera. A las cuatro de la mañana nos levantamos y salimos montados a caballo. Ese día había mucha neblina. Cuando pasamos por la alcantarilla del poblado de Becerra, ya los manferreristas estaban allí escondidos, pero nos dejaron pasar. Nosotros seguimos para Río Potrero, pero no encontramos a los otros compañeros y regresamos. Yo no quería volver por la orilla de la carretera, pero Carlos me dijo que yo tenía miedo y para demostrarle lo contrario le hice caso. Así caímos en la emboscada».
¿Cómo logró escapar?
«Bueno, cuando nos acercamos a la alcantarilla, los manferreristas nos recibieron a balazos. A mí las balas me pasaron por arriba, porque me abracé al cuello del caballo. Sentí cuando Carlos gritó y supe que le dieron. Giré en redondo y comenzaron a tirarme con la ametralladora. El caballo de Carlos siguió recto, lo desmontaron como a trescientos metros más adelante y lo remataron. Cuando yo iba a toda velocidad, sentí un carro de frente, era un Jeep rojo con varios soldados. Escondí el arma y los saludé al pasar. Cuando se dieron cuenta de la jugada, ya me había perdido por un camino. Así llegué a Sitio Piedra donde estaban mis compañeros y avisé. Ellos vinieron y recogieron el cuerpo de Carlitos. Después, le contamos veintiún agujeros de balas».
¿Ese mismo día también asesinaron a Waldemar?
«Si, después de atacarnos a Carlos y a mí, los manferreristas se montaron todos en el Jeep, eran nueve en total y siguieron hacia el cruce de Naranjo, donde estaba Waldemar y otro compañero haciendo la posta. Cuando se acercaron hicieron las señales que hacíamos los rebeldes para identificarnos. Encendieron y apagaron las luces. Waldemar, lógico, pensó que éramos nosotros, y cuando se dieron cuenta del engaño, ya los tenían arriba y aunque él disparó, no tuvo tiempo de defenderse y lo remataron. El otro que estaba con él pudo escapar».
¿Los batistianos los estaban esperando, sospecharon de alguna traición?
«Si, de eso estoy seguro. Yo creo que fuimos traicionados por un guardia retirado del ejército, porque por esos días nos sentábamos en una alcantarilla frente a su casa. Por esos los hombres de Manferrer sabían que éramos dos, la hora y el lugar de la posta».
Al año de la muerte de ambos revolucionarios, un grupo de combatientes de la revolución de Las Tunas exhumaron los restos de Carlos Sosa Ballester y Waldemar Peña Carlitos, y fueron enterrados en el Cementerio provincial Vicente García, donde cada 7 de diciembre, día de los Mártires de las Guerras de independencia, el pueblo les rinde homenaje.
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