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Impronta de una cubana ejemplar

migdalia_yero-pascualMigdalia es mi vecina de muchos años. A diario compartimos alegrías, tristezas -hasta el proverbial agotamiento físico de quienes cargan la responsabilidad de una casa- cuando nos saludamos por encima de la tapia que divide nuestros correspondientes patios.

No falta una sonrisa en su rostro a pesar de que no todo es como quisiera; su voz trasluce ternura y una paciencia peculiar, características que le han servido para cumplir mejor con su trabajo dentro y fuera del hogar.

Madre, esposa y ahora abuela, Migdalia Yero Pascaual es como tantas cubanas, buena para las faenas de la casa, fiel guardiana del bienestar de su familia, excelente vecina y buena cederista.

Pero, quienes no la conocen en este ámbito saben de esa otra Migdalia que abrazó la enfermería porque le gustaba curar a los necesitados y ser útil por encima de cualquier otra consideración.

Más de 43 años dedicados a esa labor, a curar el cuerpo y el alma de tantas personas que dependieron de sus conocimientos y experiencia en la profesión, no han empañado su alma ni su alegría de vivir, por el contrario, su optimismo contagioso y esa manera de enfrentar las dificultades con valentía y perseverancia son admirables.

Militante del Partido y dirigente sindical, se ha ganado también el respeto de sus compañeros, quienes aprecian su entrega en el cumplimiento de las tareas.
Dos misiones tiene en su haber que suman seis calendarios lejos de sus seres queridos y, en ese mismo período, las pérdidas irreparables de su padre, madre y dos hermanas, pruebas muy duras que a pesar de todo no doblegaron su empeño de seguir adelante.

Entonces fue sostén para sus hermanos y familiares, aunque dolía el alma y el cuerpo de tanto sufrimiento. Pero, cuando se cumplió el permiso por los fatales sucesos regresó a sus enfermos con igual entereza, hasta cumplir ambas misiones.

Ahora a veces habla del retiro, aunque nadie la concibe alejada de sus obligaciones. No obstante, la pequeña Alicia acapara su atención y el amor desbordante de madre por partida doble cede un poco ante el impulso de no abandonar nunca su puesto de trabajo.

Mientras se decide, los días de diciembre hacen que hasta los más lejanos y olvidadizos la recuerden y le agradezcan por sus manos amorosas, por la palabra de aliento, por el gesto reconfortante que calmó dolores y ayudó a sanar un cuerpo maltrecho.

/ymp/

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1 comentario

Keily Fernández 12 diciembre, 2015 at 22:54

También tuve el placer de ser vecina de Migdalia y amiga de su hija Lily y por si fuera poco soy madrina de la pequeña Alicia, por lo que conozco de cerca la ternura y entrega de Migdalia tanto como madre y esposa que como enfermera del alma , realmente este es un merecido homenaje, muchas gracias Rosa Maria !!!

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