Las Tunas, Cuba. Jueves 21 de Septiembre de 2017
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Pudo más el amor a la Patria que el que sentía por el béisbol

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En mi búsqueda constante de los hechos ocurridos en la historia de la pelota en Las Tunas, encontré un episodio que pone de manifiesto el patriotismo de los hijos de esta tierra, cuando uno de ellos, amante de este deporte desde la más temprana edad, renunció a iniciar la carrera en el profesionalismo, para responder al llamado de la Cuba amenazada.

Es la interesante historia de Réyler Mayo Ávalos, nacido el 23 de febrero de 1941, con 74 años cumplidos, jubilado y con amor multiplicado por su tierra y por el béisbol, al que dedica parte de su tiempo en las actividades organizadas por la Comisión de Atletas, y en apoyo a su querido equipo de Las Tunas.

Nacido en el batey conocido por Palmira en la zona cañera situada al noroeste del poblado de Vázquez, tributaria de materia prima al central Delicias (hoy Antonio Guiteras), pertenecía a una familia muy trabajadora que, a base de esfuerzo conjunto, alcanzó una posición económica poco común en los campos de la Cuba de entonces.

Desde pequeño se enamoró del béisbol, influenciado por la gran afición existente en la zona, en la cual había varios buenos equipos y terrenos de excelentes condiciones, con una fraternal rivalidad propicia para que se multiplicaran los aficionados.

A los 10 ó 12 años integraba el conjunto menor de su batey y cuando llegó a los 14 ingresó en la llamada novena grande como defensor tanto de la primera base como de los jardines en su condición de zurdo para batear y tirar.

En poco tiempo ganó el puesto de regular y cuando tenía 17 ó 18 años con 6,1 pies de estatura y alrededor de 175 libras de peso, un tacto envidiable y gran potencia en sus muñecas, solía ser el cuarto bate en su novena y cuando participaba de refuerzo en otros lugares a los que era invitado.

Asegura Réyler que sus paradigmas fueron los integrantes de una formidable novena del batey de Cordero que era prácticamente imbatible allá por los años 1954 y 1955, sobre todo apoyado en un cuarteto de lanzadores de efectividad manifiesta: Luis Leyva, Luis Cid, Puyín Cabreja y Orlando Peña, este último pítcher de Grandes Ligas en los finales de la década del 50 y la del 60 del pasado siglo.

Como se dice en buen cubano, los últimos años de la década del 50, Réyler Mayo los pasó dando palos a diestra y siniestra en todos los torneos o encuentros amistosos de la zona rural del municipio de Puerto Padre. Su primera proposición para jugar fuera del territorio, ocurrió en 1959 y se la hizo el veterano jugador amateur Quilla Valdés, quien lo invitó para servir en un equipo de Holguín.

En 1960, con 19 años, decidió irse a La Habana donde vivía una hermana mayor con el objetivo de buscar un empleo, el cual le facilitó su cuñado, propietario de una fábrica de cajas de cartón. Pero, el bichito del béisbol lo tenía dentro y como residía en la barriada de Lawton, se incorporó a practicar y jugar con el CVD Rafael Conte, donde fue contactado por el otrora estelar lanzador amateur tunero Enrique “Kike” Torres.

En esa época, el equipo de Triple A Cubans Súgar Kings, que había ganado la llamada Pequeña Serie Mundial en 1959, tenía su Academia en el Gran Estadio del Cerro, dirigida por Tony Pacheco. Allí fue presentado por Kike Torres y después de un par de meses de entrenamiento, solo quedó alrededor de una docena de reclutas, los más talentosos, quienes fueron firmados para la organización de los Rojos de Cincinnatti.

En su condición de pelotero profesional, Réyler Mayo fue informado de que se pretendía incluirlo en la nómina del equipo de Sant Pettersburgo, sucursal del Cincinnatti en la Liga Internacional de la Florida, circuito de clase C, en el cual había incursionado una novena de Cuba, los Havana Cubans.

Pero, ya se gestaba la eliminación del profesionalismo en el deporte cubano y la Academia de los Cubans fue trasladada para New Jersey, en Estados Unidos. Por las navidades de 1960, Réyler regresó a Las Tunas y ante un llamado a los jóvenes para incorporarse voluntariamente al ejército rebelde, debido a una inminente agresión directa del imperialismo yanqui, dio un paso al frente y llegó a ostentar el grado de Capitán, jefe de compañía en las fuerzas que combatieron a los bandidos en las montañas de El Escambray.

De regreso al terruño fue dirigente de la AJR, trabajó en la Campaña de Alfabetización, luego de cuadro de la UJC y ocupó los más altos cargos en el sector de la Educación. Alcanzó la militancia del Partido y en su seno fue funcionario de la Región Tunas-Puerto Padre, del Territorio y de la joven provincia, tras la nueva división poítico-administrativa.

Metido de lleno en las tareas de la nueva sociedad que se gestaba y a pesar de ser un hombre joven y talentoso para el béisbol, jamás se metió en un terreno, convencido, además, de que por su condición de profesional, no podría jugar en las series nacionales.

Es así como un joven de condiciones excepcionales para brillar en su deporte favorito, no vaciló en renunciar a un contrato en Estados Unidos, para responder al llamado de la Patria, porque como me confesó, era un compromiso con  su abuelo paterno, integrante de las fuerzas de Vicente García en la Guerra de los Diez Años contra España.

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Sobre Juan E. Batista Cruz

Periodista. Graduado de la Universidad de Oriente. Jubilado. Se desempeñó como reporteros para los temas del deporte en el diario y semanario 26 y comentarista deportivo de la radio y la televisión. Es toda una institución en el conocimiento de los temas deportivos, y tiene un reconocimiento a nivel nacional. A pesar de estar jubilado mantiene una vida activa dentro del Periodismo de Las Tunas.

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