¿Responsabilidad solo para las fémeninas?

¿Responsabilidad solo para las fémeninas?Cuando una mujer pasa de los 50 y se encuentra en medio de situaciones familiares que la obligan a asumir la responsabilidad de sus padres o suegros ancianos y llenos de achaques, hijos u otro pariente enfermo e incapacitado, por lo general pasa a ser la esclava de la casa.
No importa que haya más miembros del núcleo familiar con posibilidades de enfrentar algunas tareas para aliviar la carga de la fémina, basta con ser mujer, la mayor de los hermanos o la que conviva con los viejos para que se considere su obligación renunciar a todo para cuidarlos, al mismo tiempo que se realizan las tareas cotidianas.
Si trabajaba en la calle, no importa con cuán buenos resultados, en principio debe dejar en segundo plano el centro laboral, hasta renunciar a él definitivamente.
Luego tendrá que priorizar el entorno hogareño con las tareas cotidianas incluidas: lavar, cocinar, fregar, limpiar, planchar, sin olvidar recordar las citas con el médico –cuestión que a veces resulta una verdadera proeza- y, por supuesto, llevar al anciano al policlínico u hospital.
El tiempo será el principal enemigo de la mujer que se vea inmersa en este rol de enfermera, empleada doméstica o cuidadora de personas que no se pueden valer por sí mismas, y lo es porque las 24 horas del día no alcanzan para todo lo que tiene que hacer un ser humano normal implicado en funciones de este tipo.
Válido aclarar que si hay hermanos u otros parientes, aun cuando vivan cerca, estarán satisfechos con colaborar desde el punto de vista material, haciendo aportes en cualquier moneda y en algunos casos facilitando medicinas o alimentos, dádivas que aunque no se desdeñan tampoco es lo más importante.
Quien protagoniza el drama de padres a los que hay que ayudar a bañarse, vestirse, comer… y atenderlos a tiempo completo, se desgasta física y psíquicamente, y si no se cuida lo suficiente termina enfermo también.
Por eso, más que una visita de vez en cuando y las contribuciones materiales, necesitan apoyo moral y ayuda para cumplir con otras obligaciones, como es llevar a los enfermos al médico o, menos complicado, al padre anciano a pelar con su barbero de muchos años.
Distribuir las tareas puede ser una buena opción cuando se quiere colaborar en una situación semejante, y aunque quizás no pueda hacerse con mucha frecuencia, una vez que lo logras te sientes útil y una mejor persona.
También se ejerce violencia sobre las féminas cuando las consideramos máquinas programadas para el trabajo y olvidados de cualquier tipo de consideración, permitimos que se desgasten en tareas que bien pueden ser compartidas.
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