Las Tunas, Cuba. Sábado 18 de Noviembre de 2017
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Labranza de la memoria

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José Guibert Benítez 
Especialista de SEPSA en Las Tunas

Dedicado a mi entrañable y desaparecido amigo Ángel Arévalo Teruel

No graba cincel alguno como la muerte los dolores en el alma.
José Martí

La historia se muestra en la vida de cada uno de nosotros de muchas formas, si su presencia es un fenómeno revelador de la belleza de  nuestros paisajes de hoy, depende, del tratamiento profundo, constante y sistemático, que hagamos de la vida de nuestra nación actual en nexo con su pasado.

De algo no cabe duda, a cada afiliación, a lo largo de la historia de la humanidad, le ha sido necesario proveerse de interpretaciones, fundamentos, libros y textos sagrados. Si partimos del hecho de que la sociedad cubana necesita conservar la unidad monolítica de la amplia mayoría del pueblo para la preservación de sus amplias conquistas, debemos hacerlo con las herramientas fundamentales que nos identifican y a la vez nos guían, y una de ellas es la historia revolucionaria.

Podemos partir de un simple ejemplo, alejado de cualquier sentimiento de religiosidad, pero que  de forma práctica nos ilustre como el monoteísmo se ha podido conservar como cultura por miles de años.

Cuando vemos el judaísmo, el cristianismo y el Islam  lo hacen acompañados de: el Tanak y la Mishná textos escritos y orales para los judíos,  Antiguo y Nuevo Testamento para los cristianos y el Corán para los musulmanes,  y así la humanidad en los distintos periodos históricos  se ha rodeado en torno de escrituras,  textos  sagrados,  filosóficos y científicos.

Además es iluminada cada una de estas afiliaciones o etapas históricas por profetas, personalidades emblemáticas del mundo de la ciencia, la filosofía,  la cultura,  la política;  y encumbrados: apóstoles, héroes, y mártires  son enarbolados como banderas.

Las escrituras sagradas, que ejemplifican o representan los hechos más transcendentales  para cada religión, afiliación, hermandad, organización, o partidos, han sido las proyecciones y forman los caminos que nos han conducido hasta el día de hoy.

Debemos  ver esto como un método y una filosofía de vivir, no sin gran inconformidad en su aplicación,  porque si no, no estuviéramos  hoy en un estadio tan primitivo de la humanidad,  en el cual existe una deformación estructural de las comunidades, con países de extremadas  riquezas,  convertidos  en sociedades de consumo, que arrebatan y agotan los recursos del mundo a cambio de la pobreza, el hambre,  la miseria, la desesperación  y la muerte de otros.

Solo un ejemplo para ilustrarlo. La libertad, la igualdad y el amor entre los semejantes surgen con la revolución del pensamiento que significó la doctrina cristiana, hace más de 2000 años; en el Evangelio aparecen estas prédicas de Jesucristo, formando parte de las escrituras sagradas y en total contradicción con ellas vemos de manos de los mismos que las diseminaron por el mundo,  para  hacerlas un texto de obligado estudio (creando un sacerdocio que se encargara de construir las escuelas religiosas y de dividir las sociedades en clases) formar las cruzadas cristianas que esclavizaron, colonizaron y mataron a miles de seres humanos en nombre de Jesús.

Como complemento a esta idea, tienen que pasar 1700 años para que se puedan volver a ver estos preceptos como posibilidades de un nuevo mundo, con el periodo de la ilustración, cuando los cantos de libertad, igualdad  y fraternidad  invadieron los mares desde Europa llegando a todos los confines, teniendo lugar la revolución  de independencia de las Trece Colonias, en los EE-UU, donde Thomas Jefferson,  influido por el republicanismo y la filosofía de la ilustración, promulga sus principios, a través de la Declaración de Independencia.

Esta revolución validad el pensamiento europeo de que  se podían instaurar gobiernos, y reinados constitucionales en Europa, derribando de una vez y por siempre las monarquías absolutas, dando inicio a la revolución francesa, a las que se sumaron un grupo de cambios posteriores,  sin embargo, en oposición a estos pensamientos,  después de instaurados los gobiernos constitucionales, se mantiene la esclavitud en américa, viéndose a Thomas Jefferson quien defendió con una vasta retórica las libertades individuales,  apoyar después la esclavitud,  convertido en amo y señor de numerosos esclavos,  además los gobiernos republicanos de Europa que bajo los mismos cantos desarrollan sus revoluciones, mantienen la esclavitud, y las colonias en muchas partes del mundo.

Lo anteriormente descrito ejemplifica eventos importantes de los que en la actualidad se denominan contradicciones del periodo de la ilustración. Las contradicciones existentes entre el paquete doctrinal que representa o con el que se da a conocer un sistema político social determinado  y los verdaderos  propósitos e intereses que se manifiestan en acciones concretas, nunca fueron más palpable que a partir de la segunda mitad del siglo XIX hasta la actualidad,  con el surgimiento de las superpotencias imperiales, las que vestidas de frases, pensamientos, preceptos,  doctrinas de  igualdad,  libertad,  independencia  y el bienestar de los pueblos han llevado la muerte,  la destrucción a países como Yugoeslavia, Irak, Afganistán, Siria, Libia, por solo mencionar algunos en estos últimos años.

Creo estar en condiciones ahora de abordar el tema que me ocupa,

Las escrituras y los textos sagrados deben estar acompañados de personas con elevados  ideales éticos,  con profunda convicción doctrinal, garantizando el movimiento social en la dirección de sus principales preceptos  y axiomas.

En este mismo sentido,  si las consignas, las doctrinas y los preceptos de las sociedades son dirigidos en función  de las distintas condiciones históricas como un ser vivo que crece, estamos hablando entonces de cambios y  revoluciones profundas.

La historia cubana se ha movido por distintos periodos.  Una  mezcla de razas y culturas originó la sociedad cubana: aborígenes, esclavos africanos, europeos y criollos, con la claridad de libertad, independencia o muerte, ayudaron a formar el  principal signo de identidad de nuestro pueblo: la resistencia.

En una lucha decidida se enfrentaron al europeo colonizador quien con gran desprecio aplicó un régimen de explotación de fuerza de trabajo esclava,  que funcionó como los primeros ejemplos de exterminio en masa en nuestro hemisferio.

Luego se enfrentó al imperialismo norteamericano,  el cual con promesas de liberar a la Isla de la monarquía española impuso el experimento de colonialismo de nuevo tipo. Más tarde se opuso a gobiernos títeres en el periodo de la seudorepública  que entregaron casi de forma total,  nuestra Isla,  sus riquezas y sus estructuras de poder  a EE.UU.

Después  del triunfo revolucionario de 1959 ha resistido agresiones bélicas como la de Playa Girón,  ataques biotecnológicos  y terroristas en las costas, el mar,  el cielo  y  la tierra,  a los intentos de muerte de su principales líderes,  al bloqueo como propósito de crear un ambiente  de desesperación que garantice la autodestrucción del proceso revolucionario,  resistiendo  además los  trabajos desestabilizadores de las agencias de inteligencia norteamericanas con ataques de subversión política ideológica.

Estos son breves ejemplos de resistencia de nuestro pueblo para llegar con su independencia política,  social y cultural hasta el presente.

El pueblo cubano por medio de la resistencia ha logrado construir una historia digna, y el principal peligro a enfrentar es que en la medida del transcurrir del tiempo, las nuevas generaciones puedan  alejarse  de la cultura de la resistencia.

La historia  revolucionaria es la única vía para mantener vivo nuestros signos de identidad,  valores y símbolos.

La principal dificultad para este empeño,  a mi modo de ver,  significa  que en la doctrina del pensamiento revolucionario  la historia no llegue a ser el texto sagrado,  la fuente inagotable en conocimiento, en la cual no sea práctica usual y permanente  para las nuevas generaciones  beber con la intención de despejar  las variables del mañana con los datos acumulados del pasado, con originalidad, pero  logrando invocar con su grandeza a nuestro pasado para identificarnos  en el camino que recorreremos como continuadores de un mismo legado histórico.

No temamos llamar a Martí: apóstol.

No mostremos la cara enrojecida de rubor si nombramos a la Historia me Absolverá texto sagrado.

Cabizbajo y apenados  el día  que sin enriquecer nuestra cabeza de cama con los libros  que nos identifican  como ser nacional Cubano, olvidados duerman en el cajón, y que en pletórica diligencia no hayamos dedicado su mejor momento al enorme panteón de nuestros mártires.

Debemos sembrar hoy con visión de futuro, la belleza y la grandeza de nuestra historia. Esto que  a mi consideración, será el primer obstáculo  para la formación del joven del mañana,  ya se manifiesta como una problemática en los jóvenes de la actualidad,  la formación de conciencia  revolucionaria es un fruto que lleva considerable inversión de tiempo, formación doctrinal, dedicación y paciencia.

Abordemos  la formación del hombre nuevo desde la cultura, no debemos dar  por hecho algo que aún no tenemos asegurado; las nuevas generaciones cada vez conocen menos la historia de su país, a mi juicio puede ser sembrada en el alma de los niños a partir del análisis de la vida y obra de nuestros héroes, la inmensidad de los valores a que aspiramos en la sociedad actual y futura,  puede transmitirse  con el amor, el altruismo, el sacrificio  y el desprendimiento que dejaron a su paso figuras como Francisco Vicente Aguilera, la luz del mañana puede aflorar a partir de la universalidad  del pensamiento Martiano y debemos  conocer el mundo después de haber zarpado de nuestros propios puertos.

La historia de Cuba no solo debe ser  un elemento dentro de los programas de estudio de nuestros centros educativos, está obligada a ser el recurso de enseñanza  más importante, es la única forma de garantizar que el científico, medico, jurista, ingeniero, obrero, ama de casa, jubilados, formados en nuestras escuelas, sean ciudadanos y trabajadores, pero al servicio del proceso revolucionario.  Sembremos  historia,  y estaremos en condiciones de crear y reafirmar valores auténticamente cubanos, en aras de la preservación de  la identidad y la cultura nacional.

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Sobre Redacción Tiempo21

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