Las Tunas, Cuba. Domingo 24 de Septiembre de 2017
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Vida dulce detrás del Ingenio

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central azucareroEl que ha nacido cerca del olor a melaza de un  central  azucarero difícilmente pueda  desprenderse alguna vez del todo de la extraña conexión que se establece  con el  pito del ingenio y  el bagacillo que se mezcla, inevitablemente, con la ropa limpia, acabadita de tender.

Para las personas así, aparecidas bajo el  embrujo místico  de un batey de  central,  el 13 de octubre es celebración distinta, porque el día del trabajador azucarero, seas maestro, ama de casa o   fumigador, se vuelve un poco también tu propio día.

Casitas de madera  «del tiempo de los americanos», columpios en los portales, colores vivos en las fachadas y una calma sepulcral que  llega a  resultar molesta para quienes conviven  con el alboroto terco hasta de las más pequeñas ciudades cubanas, también son realidad de  estos espacios en los que,   en tiempo de molida,  las horas se miden junto a los cambios del turno obrero, con absoluta naturalidad.

La existencia  se alborota  toda cuando comienza cada zafra y en tiempo muerto la gente se sigue recogiendo temprano en sus casas  porque,  entre pocas opciones  de otro  recreo y la calma que inunda cada rincón, parece que la vida va más despacio y solo descubres cierta necesidad de movimiento cuando, como al descuido, alguien pregunta al pasar: «ven acá, ¿y ya se sabe en qué fecha arranca la zafra?»

La muchedumbre sencilla habla con propiedad de las reparaciones en las calderas, conoce los importante de mantener los caratas funcionando  para el transporte hasta lo más recóndito, el café se cuela más temprano que en otros parajes y se camina despacio, aunque siempre con un cuidado especial al cruzar por la línea del tren porque «en zafra, pasan a cualquier hora,  ni  avisan, ni paran».

Es día del trabajador azucarero; herencia que para muchos en Las Tunas llega entre nostalgias, deudas y desafíos;  pero llega, está, se siente y  sobre todo agradecen los que, como yo,  han tenido la dicha – exquisita y humilde – de haber nacido bajo el embrujo y la mística cómplice  de un central.

 

 

 

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Sobre Esther de la Cruz Castillejo

Periodista. Licenciada en Comunicación Social en la Universidad de Oriente. Máster en Ciencias de la Comunicación por la Universidad de La Habana, 2009. Diplomada del Instituto Internacional de Periodismo José Martí, de La Habana. Desde su graduación se desarrolla profesionalmente en Radio Victoria y se desempeña como reportera para atender los temas de la educación. Es miembro de la Unión de Periodistas de Cuba. @vozcubana

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