Las Tunas, Cuba. Sábado 25 de Noviembre de 2017
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El reto cotidiano de ser como el Che

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iniciacion_pionerilSiempre me ha parecido un tanto fastidiosa la manía de muchos al hablar  la historia intensísima de este país de contar y contar, hasta la simiente misma, de «buenas personas, muy buenas, que sacrificaron todo y tenemos que ser,  por eso,  de esta o aquella manera».

Soy de las convencidas a ultranza de que no podemos permitirnos verdad de un solo lado y los matices  reales de los protagonistas de la Historia de Cuba, esos que les hicieron sentir miedo, tener recelo, debatirse  sobre la  decisión más sacrificada, nos pueden  ayudar a  respetarlos más,  a sentirlos de cerca, más cómplices, menos encumbrados en la cima perdida de la Historia del mundo.

Quizás por eso, siempre que la vida me hace reflexionar, me remonto a la vez aquella, siendo alumna  de preuniversitario, en la que nos preparamos por días  para compartir un rato de diálogo sobre el Che con Lidia Turner Martí y la prestigiosa pedagoga nos desarmó casi llegando a la biblioteca de la escuela con  la primera pregunta al viento: « ¿y en qué ustedes sienten que, muy de verdad,  se parecen a él?

Recuerdo que nos miramos todos, medio perdidos. Habíamos estudiado su diario en Bolivia, artículos de revista, textos importantes,  queríamos que ella supiera que gustábamos del Che, que respetábamos su obra, que le conocíamos muy bien, pero aquella pregunta y las muchas respuestas que ella misma nos dio, hicieron que el encuentro se volviera carcajada.

Me viene a la mente de aquel día, de manera especial, la anécdota de un niño, en cierta escuela del  centro de Cuba, que había dado brincos en el aula porque descubrió que él sí, él era como el Che porque le  gustaban mucho los animales y el argentino, de «pelao», tuvo un perrito;  y eso lo rememoro hoy,  de la mano de mi propio hijo,  que entendió  algo parecido: él es como el Che.

Y sí, fue tan simple como que al revisar su fecha de nacimiento descubrió (porque fue un descubrimiento total) que comparte con el argentino  el mismo mes de cumpleaños y apenas dos días lo separan del 14 de junio; «wao mamita, el Che nació igual que yo», me dijo.

Así de sencillo  fue hacer que los ojos le brillaran de alegría, así de llano fue lograr una conexión diferente entre mi hijo y  aquel soldado de América, así de divertido fue verlo revisar una añeja revista Zunzún para confirmar que sí,  no estaba equivocado: era como el Che.

Se lo contó a todo el mundo, se alegró el día entero y yo, entre divertida y reflexiva, disfruto la idea de que se acerque a la Historia de Cuba y sus protagonistas a través de las pequeñas cosas que le son importantes a su edad y a sus matices; sin «teques», miramientos, ni medias tintas; de manera sencilla va descubriendo a un hombre inmenso, que no cabe en casillas pero cumplía años, tuvo hijos y,  en algún momento de la vida, de seguro: también se equivocó.

No se trata, para nada, de «hacer leña del árbol» y dedicarnos a criticar y criticar a quienes verdaderamente lo dieron todo; pero humanizar, «contar cuentos», ilustrar desde la anécdota, acercar al Hombre inmenso al discurso y la impronta de estos tiempos,  es necesidad impostergable, creo yo, ante la presencia visceral de un Che Guevara, todavía, para bien,   atónito y desafiante.

/ymp/

 

 

 

 

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Sobre Esther de la Cruz Castillejo

Periodista. Licenciada en Comunicación Social en la Universidad de Oriente. Máster en Ciencias de la Comunicación por la Universidad de La Habana, 2009. Diplomada del Instituto Internacional de Periodismo José Martí, de La Habana. Desde su graduación se desarrolla profesionalmente en Radio Victoria y se desempeña como reportera para atender los temas de la educación. Es miembro de la Unión de Periodistas de Cuba. @vozcubana

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