Las Tunas, Cuba. Lunes 18 de Diciembre de 2017
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Estados Unidos: La apuesta de Obama por la diplomacia

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Jesús Adonis Martínez
Prensa Latina

La Habana.- El presidente estadounidense, Barack Obama, apuesta por la diplomacia para dirimir problemas internacionales y los desafíos que ello supone condimentaron una semana de sucesivos encuentros con el Papa y los mandatarios de China, Rusia y Cuba.

En apenas unos días, Obama debió enfocarse en varios frentes que a su vez implican diferentes niveles de complejidad táctica y estratégica debido a las dinámicas particulares de las relaciones con cada uno de esos actores internacionales, lo que se suma a las presiones de sus adversarios internos que dominan ambas cámaras del Congreso.

Aun cuando la administración Obama no ha dejado de utilizar la fuerza en el extranjero -conflictos heredados (Afganistán), otros de propia autoría (Libia), la presencia de OTAN cada vez más hacia el este en Europa, la coalición contra Estado Islámico (EI), que bombardea en Iraq y Siria sin que se vislumbre solución-, es apreciable un giro hacia la diplomacia.

Sustentan esa tesis hechos como el deshielo en progreso y la restauración de nexos diplomáticos con Cuba, la negociación y firma del pacto internacional sobre el programa nuclear de Irán, los contactos con China para avanzar en la lucha contra el cambio climático y las esperanzas puestas por el Presidente en la conferencia sobre ese tema fijada para diciembre en París, entre otros.

En cuanto a la reciente y vertiginosa serie de encuentros de alto nivel, la frase «profundas diferencias» solo no rodeó -en la prensa o en las propias declaraciones de los protagonistas- la reunión en Washington con el papa Francisco.

Obama recibió al papa en la Casa Blanca -adonde asistieron unos 15 mil invitados- y allí dialogaron sobre temas que copan las respectivas agendas y en los que tienen notables coincidencias: inmigración y cambio climático, por ejemplo.

Además, la crítica de Su Santidad a cuestiones como la extrema desigualdad -elemento que gana centralidad en el discurso presidencial- y su apoyo a prácticas de diálogo internacional hacen que su visita fuera leída o por los expertos como espaldarazo al gobierno (con excepción de la legalización del matrimonio gay).

El mandatario estadounidense elogió a Francisco por su apuesta «contra la desigualdad y para asegurarse de que todo ser humano vive con dignidad» y agradeció el apoyo del Papa al «nuevo comienzo con el pueblo cubano que promete mejores relaciones entre nuestros países».

En tanto, el Obispo de Roma alabó los esfuerzos de Obama para «reparar relaciones rotas»; pero, claro, tal objetivo no siempre resulta fácil.

Con la oposición al deshielo de muchos de sus adversarios en el Congreso, pero aupado por la favorable opinión pública, Obama dio esta semana otro paso de acercamiento a Cuba al reunirse con Raúl Castro en el contexto de los debates de la Asamblea General de la ONU.

Las imágenes y los pronunciamientos alrededor de la cita fueron de distensión, aunque ambos gobiernos mantienen diferencias políticas y cuentas pendientes como el bloqueo comercial y financiero impuesto hace más de medio siglo por Washington a La Habana y la ocupación de territorio cubano por la Base Naval estadounidense en Guantánamo.

Antes, Obama se refirió en Naciones Unidas al bloqueo económico contra la isla y manifestó su confianza en que el Congreso de su país «inevitablemente levantará un embargo que ya no tiene cabida».

Previo a que ambos concurrieran a Nueva York para los foros de alto nivel de ONU, Obama recibió en el Despacho Oval al presidente chino, Xi Jingpin.

El gobernante norteamericano anunció en rueda de prensa conjunta que se llegó a «un acuerdo sobre el camino a seguir» en temas del ciberespacio -que generó notables tensiones últimamente-, por lo que ambas naciones se abstendrán de practicar «con conocimiento de causa» la piratería y espionaje cibernético, incluido el robo de propiedad intelectual y de secretos comerciales.

Obama describió la visita de Xi como oportunidad para «mejorar el entendimiento bilateral» y tratar las diferencias «de manera abierta» y dejó un mensaje: «Creemos que las naciones son más exitosas y el mundo progresa más cuando nuestras empresas compiten en un terreno equitativo, cuando las disputas se resuelven de manera pacífica y se respetan los derechos humanos…».

A su vez, Xi caracterizó la democracia y los derechos humanos como prácticas compartidas por la humanidad, pero subrayó que «se debe reconocer que los países tienen diferentes procesos y realidades históricas»; o sea, que «debe respetarse a los pueblos de todos los países en su derecho a elegir su propio desarrollo independiente».

En el intercambio con la prensa, Obama aseguró que expuso de modo franco las críticas de su gobierno sobre el estado de esa cuestión en el gigante asiático y sostuvo que lo que considera limitaciones a derechos y libertades fundamentales resulta «problemático e impide a China y a su pueblo alcanzar su pleno potencial».

Por su lado, Xi se mostró dispuesto a «llevar adelante, en espíritu de la igualdad y mutuo respeto, un diálogo sobre derechos humanos con Estados Unidos, a expandir los consensos, reducir diferencias, aprender el uno del otro y progresar juntos».

Los mandatarios volvieron a encontrar tierra común en cuanto a la voluntad de impulsar acciones contra el cambio climático, pero tampoco ocultaron el distanciamiento y las tensiones en torno a las cuestiones territoriales en los mares del este y sur de China.

Mientras Obama planteó su preocupación por «la militarización de zonas en disputa», Xi ratificó el derecho de su nación a mantener «soberanía territorial» sobre islas que constituyen «territorio chino desde tiempos inmemoriales».

Pero el diálogo más difícil se produjo después, cuando Obama y Putin se vieron las caras para dirimir asuntos tan caldeados como los conflictos en Ucrania y Siria.

En torno a la situación en el Donbass, y sin olvidar el capítulo de Crimea, la Casa Blanca acusa al Kremlin de «una clara violación de la integridad territorial» ucraniana, mientras que Moscú señala las manipulaciones de Washington para avivar la mecha en la región y empujar las fronteras de OTAN hasta las mismísimas narices de Rusia.

Sobre la cuestión siria, ambos mandatarios coinciden en que hay un enemigo común, EI, pero otra cosa es ponerse de acuerdo en los métodos para lograr ese fin y, sobre todo, la estabilidad del Medio Oriente (incluida la cauterización de la herida por donde fluyen miles y miles de refugiados hacia Europa).

Luego de la reunión entre Obama y Putin -la primera formal desde 2013-, el secretario de Estado norteamericano, John Kerry, comentó que el ambiente fue franco y constructivo, y que hubo entendimiento en «principios fundamentales», como en que «Siria debe ser un país unificado, unido y secular».

También en cuanto a que «se debe acabar con el EI y que debe haber una transición gestionada».

El gran dilema radica no solo en que Rusia ya ha tomado cartas en el asunto -y ataca posiciones de los terroristas con la anuencia de Damasco, algo que, por cierto, no tiene la coalición aérea liderada por Washington-, sino en que la hoja de ruta esbozada por Moscú concibe una estabilización y posterior transición sin el derrocamiento de Bashar al-Assad.

Putin aseguró en entrevista para una televisora estadounidense que las únicas fuerzas realmente efectivas en el enfrentamiento a los extremistas es el Ejército Árabe Sirio, de al-Assad, y las milicias kurdas, lo que cuestiona directamente la coalición internacional encabezada por el Pentágono.

En tanto, Obama sostiene que al-Assad -cuyo gobierno realizó elecciones incluso durante esta crisis- tiraniza a su pueblo y que los esfuerzos militares gubernamentales -a la vez que también lanza estas sospechas sobre los rusos- se dirigen, sobre todo, contra lo que Washington considera una legítima “oposición moderada”, grupos cuyos componentes son con frecuencia mercenarios.

Muchos emigran desplazados por la guerra y el terror, pero al menos 30 mil ciudadanos de un centenar de países entraron desde 2011 a Siria e Iraq para unirse a grupos fundamentalistas, reveló esta semana un informe de la Cámara de Representantes de Estados Unidos.

Mientras buena parte de la comunidad internacional dio su apoyo a las intenciones de Rusia en torno a Siria, Kerry no fue halagüeño: «Es una ficción pensar que Assad es el único que puede salvar Siria«, dijo. Y: «con Assad no habrá paz».

Las partes descartaron en principio un mando conjunto de sus acciones sobre el terreno, una «coalición clásica» contra EI: «No es realista tener un mando conjunto, pero las acciones sobre el terreno deben coordinarse, al igual que los ataques aéreos», señaló el ministro ruso de Asuntos Exteriores, Serguei Lavrov.

Lavrov recordó que «la coalición (comandada por Washington) actúa sólo con ataques desde el aire, mientras que en tierra son los ejércitos de Siria e Iraq y grupos kurdos los que combaten contra el EI, Al Nusra y otros».

El funcionario moscovita -quien presidió una sesión del Consejo de Seguridad (CS) de ONU sobre el asunto- dejó claro las razones del Kremlin para apoyar al presidente sirio: «no podemos permitir la desintegración de Siria, porque la alternativa podrían ser el EI y el Califato, y nos tendremos que olvidar de Siria tal y como la conocemos ahora».

En sesión del CS, Lavrov dio fe de que las acciones rusas solo tienen un cariz antiterrorista y estableció: «Es necesaria una coordinación entre los estados sobre la base de las decisiones del Consejo de Seguridad…) No tendremos éxito si dejamos de tener en cuenta las lecciones de los últimos 10-12 años en la región».

Mientras la tensa diplomacia juega su rol, el Pentágono anunció al fin que se abrirían «líneas de comunicación con Rusia» en relación con los operativos -algo para lo que Moscú estaba abierta-; un par de días más tarde militares de ambas naciones mantuvieron los primeros contactos mediante videoconferencias.

«Actualmente, existe por lo menos cierta disposición para cooperar y resolver los tensos asuntos, tales como la crisis siria», dijo el portavoz del Kremlin, Dimitri Peskov.

La actitud dialógica de Obama cuenta ahora con cierto capital político en Washington; más de medio centenar de legisladores demócratas exhortaron esta semana en una carta al mandatario a sumarse a conversaciones en busca de una salida pacífica al conflicto en Siria.

Un editorial del diario The New York Times diagnosticó que las coincidencias generales en cuanto a las posiciones entre ambas potencias «se ven socavadas por profundas diferencias sobre la naturaleza de la crisis siria, diferencias que ofrecen pocas esperanzas para la resolución de un conflicto que causó ya la muerte a más de 250 mil personas».

Cierto; pero ya al menos se habla, de un lado al otro del mundo, sobre la solución.

/ymp/

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