Las Tunas, Cuba. Sábado 23 de Septiembre de 2017
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Ternura para alimentar la vida

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AbuelosEnvejecer es un don que disfrutan más de 94 mil personas en esta provincia cubana, donde la esperanza de vida supera los 78 años y se reconoce como una de las poblaciones más jóvenes del país, aunque por doquier están tuneros que describen en su cabello y rostro la huella inexorable del tiempo.

Sentados, como quien ha caminado mucho en la vida, reposaban abuelos de la casa dedicada para ellos en la ciudad de Las Tunas y allí conocí a quienes lograron ser pilotos, obreros del azúcar, líderes de organizaciones, cocineras, maestras, costureras, mecánicos… Abuelos coquetos que degustan el sabor de convertirse en adultos mayores.

Manuel Téllez Rojas peina hermosas canas y mientras muestra una foto del avión que construyó para la práctica deportiva, rememora cómo de niño le fascinaban las aeronaves  y desde su inocencia decía que iba a ser «avionero». Luego se hizo piloto y ahora con 84 años tiene el sueño de poder disfrutar largo tiempo de su gran tesoro, la familia. Asegura que aunque está en el ocaso de su vida, no deja de batallar.

abuelos dominóNelsa Álvarez Rodríguez es una abuela carismática de 81 años, que se reconoce sensible y amén de ser sorprendida por la depresión, sigue adelante inspirada por la familia y los nietos, a quienes confiesa, que le permite lo que antes no aceptaba en sus hijos.

Los nietos son mi sonrisa, la alegría, enfatiza, mientras se sabe una mujer que valora mucho la espiritualidad del ser humano.

La voz fuerte y segura de César Montes de Oca López permite vaticinar que tendrá larga vida, si se lo propone, porque con 71 años, el cuerpo parece seguir en la batalla cotidiana.

Abuelas en terapia ocupacional«Me siento muy bien y he vivido luchando. A los 14 años tuve que alzarme y formé parte del Ejército Rebelde. Estuve 25 años en las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR). Creo que aquel que tenga esta edad debe sentirse bien por la oportunidad de vivir.

«Yo me siento feliz, más en la Casa de Abuelos de Las Tunas, donde recibimos durante el día todo el amor y atenciones que necesitamos. Esta es la segunda casa mía».

A Idalina Rodríguez Pérez ya la audición y la vista le traicionan, pero su voz es fuerte y alegre a los 86. Hace 14 años asiste a la Casa de Abuelos de la urbe principal de la provincia y asegura que allí encuentra deseos para vivir.

«Yo digo que las abuelas aquí son mis hermanas y los abuelos igual  y las cocineras de la Casa, como nuestras madres».

La depresión suele afectar a los adultos mayores. Cuando se supera los 60 años llegan nostalgias, pero lo importante es encontrar motivos para seguir, como lo hizo Ramón Tamayo Segura, ya con 91 años.

Perdió a su esposa hace dos meses y aunque tiene dos hijos, pasa casi todo el tiempo solo, porque viven en La Habana y Manzanillo. En la Casa de Abuelos se siente como en familia y su fortaleza física y coherencia mental presagian que verá muchos amaneceres.

«La familia mía es esta que tengo aquí. Yo soy obrero azucarero y mi vida siempre fue de trabajo, por eso es que llegué a esta edad. La vida es dura, pero si llegamos a esta etapa tenemos que estar felices, porque no todos lo logran».

Waldina Alfaro García regala un fragmento de un tango de Gardel, que prefiere, y con 77 años revela que de niña siempre ha sido muy alegre y ha cantado mucho. Por eso, en esta época de su vida no pierde la inspiración.

Luis Pérez Ricardo es un hombre muy integrado a la Revolución   y puntualiza que trabaja desde que tenía siete años. Ahora,  a los 91 años,  piensa que nuestra sociedad necesita que mejoremos en todos los sentidos y sobre todo ser muy humanista.

A Migdalia Rodríguez Pérez le adorna la blanca cabellera un bello detalle que representa su recuerdo diario a uno de los abuelitos que más feliz la hacía en la Casa de Abuelos, porque siempre la esperaba a la entrada, con una flor y su saludo cariñoso. Ya él partió de este mundo, pero vive en el jazmín de Migdalia.

En la Casa de Abuelos 28 de septiembre de Las Tunas sorprende el carisma de abuelos inspirados en la poesía, una activa mesa de dominó, amores encontrados, y la agradable conversación de algunas abuelas.

A la vez que reciben todas las atenciones básicas durante el día, desde la alimentación balanceada hasta el arreglo y corte de cabello, las terapias ocupacionales, actividades recreativas, asistencia médica y desarrollo de iniciativas como la confección de manualidades.

Yosleydis García Rondón, la trabajadora social del centro, acota que tienen capacidad para cuarenta abuelos y la matrícula está cubierta.

«Nosotros brindamos una atención integral, desde las siete y treinta de la mañana hasta las cuatro y treinta de la tarde. Recibimos a aquellos abuelos que no tienen amparo filial o su familia trabaja durante el día.

«Logramos que el anciano se mantenga independiente en las actividades comunes, porque en esta edad de la vida el anciano necesita sentirse protegido, pero no sobreprotegido. Los adultos mayores necesitan mucho apoyo de la familia; los debemos cuidar de una caída, mantenerle las atenciones básicas y sobre todo darles mucho amor y comprensión».

Los abuelos de esta casa de Las Tunas confiesan que en la vejez se debe buscar la tranquilidad de mente y corazón, con fuerza y valor, porque todavía hay que echar para adelante.

En cada uno de estos y otros protagonistas habitan historias conmovedoras, pero detrás de sus rostros agrietados por los años, las cabelleras como nubes y la fragilidad propia de la postrimería de la vida, permanece encendida una llama que se alimenta con amor, paciencia, gestos amables y mucha compresión.

/edc/

 

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Sobre Darletis Leyva González

Periodista, graduada de la Universidad de Oriente. Se desempeña como reportera con excelentes resultados en su gestión diaria. Es aguda en sus trabajos de opinión. Una de sus características es contar historias de vida en la que el factor humano está siempre presente. Atiende los temas de salud, entre otros. Miembro de la Unión de Periodistas de cuba, premiada en varios concursos. @DarletisLG

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