Las Tunas, Cuba. Miércoles 18 de Julio de 2018
Home > Especiales > Gente > Rubicel y Bonito, un dúo que trabaja para producir alimentos

Rubicel y Bonito, un dúo que trabaja para producir alimentos

Share on FacebookTweet about this on TwitterShare on Google+Email this to someonePrint this page

Las Tunas.- En medio del campo no se ve ni una hierba y el silencio engaña porque parece que la estancia está vacía; sin embargo, un hombre y su buey desafían las altas temperaturas y abren surcos en la tierra sedienta de San Gregorio.

Foto de la autora.

Rubicel Guerra Hernández, campesino de la Cooperativa de Créditos y Servicios Eradio Infante. Foto de la autora.

Llegué como una desconocida y a los pocos minutos ya conocía a Rubicel Guerra Hernández, campesino de la Cooperativa de Créditos y Servicios Eradio Infante, del municipio de Las Tunas, un hombre alegre en el hablar y con un optimismo que contagia a quien lo escucha.

Bonito es el nombre del animal, el mejor amigo del hombre con la piel curtida por el sol, quien asegura que «no hacen falta voces de mando ni gritos, ni el chasquido del látigo porque ya está habituado a la dura tarea de roturar el terreno para producir alimentos».

Ellos funcionan como un equipo. Uno orienta y el otro obedece.  Y a ninguno le importa que el mediodía se acerque con una fuerza mayúscula pues la meta está bien trazada.

¿Trabaja en horario corrido, a pesar del sol?

«No.  Nosotros descansamos al mediodía, lo que pasa es que no me gusta dejar cosas pendientes y cuando me propongo algo no me voy hasta que termino.  Claro que en días como el de hoy le doy la tarde libre a Bonito porque no se puede abusar de los animales.  Si él me sirve bien yo tengo que agradecerle y cuando terminemos le espera su comida, agua fresca y una sombra para descansar».

¿Cómo comenzó en estas labores de cultivar la tierra?

«Eso fue hace mucho tiempo- dice mientras suelta una sonora carcajada- cuando era un niño de entre 8 y 10 años.  Para esa fecha ya yo trabajaba en el campo ayudando a mis padres y lo mismo manipulaba los bueyes que los arados u otros implementos.  Fíjese, yo iba a la escuela por la mañana y por la tarde me iba al campo a sembrar, regar, arrancar hierbas, a lo que hiciera falta.  Éramos una familia grande, nueve personas, y mi papá solo no podía alimentarnos a todos».

¿Ha sido toda la vida dedicada a la agricultura?

«Comencé a estudiar en un tecnológico y por problemas que ya ni recuerdo nos pasaron a la escuela de Mecánica y maquinarias.  Cuando me hice adulto trabajé en eso y fueron 30 años en combinadas cañeras y otros equipos, exactamente en Santa Cruz del Sur, en la provincia de Camagüey.  Después regresé al territorio tunero y me incorporé a la agricultura.  Cogí un pedazo de tierra ociosa para un autoconsumo de la propia cooperativa y después me quedé con ella; cuando eso era el Decreto-Ley 259 y me la dieron en usufructo».

¿Ha aprovechado la tierra?

«Sí, siempre he sembrado frijoles y viandas, especialmente yuca y plátanos.  Ahora estoy sembrando boniatos; realmente pienso que como se da bajo la tierra haya menos insectos que lo ataquen y sé que es un cultivo fácil de cosechar. No quiero que me pase lo del año pasado.  Perdí el frijol; sembré una hectárea con un quintal y medio y lo compré carísimo y me afectó una enfermedad que la atacó.  Fue un insecto que nosotros conocemos como mosaico.  Las plantas se ponen amarillas y no paren».

¿Cómo le afecta la sequía?

«La sequía me lleva bastante duro.  Yo dependo de un pozo y si no llueve el manto freático baja mucho y la turbina no puede halarme el agua.  Pero, soy muy optimista; pienso que haya posibilidades y que llueva.  La naturaleza va a ser tan cruel con nosotros y claro que nos va a ayudar».

¿Se arrepiente de haber dedicado sus últimos años a la agricultura?

«Por supuesto que no. El año antepasado entregué y vendí 14 quintales de frijoles al Estado.  Me los pagaron a más de nueve pesos e hice un dinerito. Yo soy jubilado y la pensión no me alcanza para mantener a la familia. La vivienda estaba bastante regular y ya la hemos mejorado un poco. Y es también gracias a mi hijo.  Él es cochero y cuando no está trabajando viene y me da una mano en la estancia».

¿Cómo se ve en el futuro?

«Como un hombre dispuesto siempre a trabajar, fuerte y con mucha salud.  Ah, y decidido a entregar los productos a la cooperativa para que la población pueda comprarlos a un precio más asequible».

Rubicel termina de hablar y suda a mares bajo el intenso sol; pero, con la dignidad de su compromiso acaricia a Bonito, el buey que le acompaña, y siguen juntos, abriendo la tierra para que del surco emerja el sustento de muchos tuneros.

/ymp/

 

Share on FacebookTweet about this on TwitterShare on Google+Email this to someonePrint this page

Sobre Yenima Díaz Velázquez

Periodista. Máster en Ciencias de la Comunicación. Fue jefa de Redacción y subdirectora del Sistema de Radio en la provincia de Las Tunas. Como reportera se destaca por su sensibilidad para las historias de vida a través de entrevistas. Miembro de la Unión de Periodistas de Cuba. Ama por sobre todas las cosas a sus hijos Johana y Oscarito, le facsina el color verde y es amante de la naturaleza, la música. Para ella el amor abre cualquier puerta y la amistad es un puente para sustentar la vida. yenimadv@enet.cu Blog: http://www.soydelastunas.blogspot.com

Comentar

Su dirección de correo electrónico no será publicada.Los campos necesarios están marcados *

*


× 9 = dieciocho