Las Tunas, Cuba. Martes 20 de Febrero de 2018
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Desde la azada hasta el satélite

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Articular, integrar, participar: principales fortalezas del Proyecto.

Articular, integrar, participar: principales fortalezas del Proyecto.

Las Tunas.- Hace algún tiempo, durante un recorrido por la provincia de Las Tunas, Claude Lussier, técnico medioambiental y miembro de la Unión Campesina de Quebec, norte de Canadá, dijo a Tiempo21:

–«He visitado muchos países del mundo, y estoy convencido de que Cuba ocupa un lugar cimero en la aplicación de técnicas agroecológicas, gracias a la voluntad de su gobierno y de su población».

Ese criterio fue suscrito por sus compatriotas Ketsia Johms, joven agrónoma, también integrante de dicha organización rural, y Ramón Robitaille, propietario de una hacienda y traductor de idiomas, quien ha viajado por medio mundo.

–«Estoy muy impresionada al ver la diversidad de métodos ecológicos que utilizan los agricultores tuneros, en especial los microorganismos eficientes» –aseguró la muchacha.

Robitaille, por su parte, fue muy rotundo:

–«Aquí los esfuerzos son coordinados, y eso no se aprecia en otras naciones que yo he visitado».

Como parte de esa voluntad a la cual ellos aludieron, y en alianza con varias organizaciones no gubernamentales (ONG) extranjeras y entidades del país, desde hace cerca de cuatro años la Asociación Cubana de Técnicos Agrícolas y Forestales (ACTAF) coordina el Proyecto Articulación agroecológica: diseño de alternativas sostenibles para la seguridad alimentaria local en Cuba, algunos de cuyos resultados apreciaron los visitantes canadienses.

El programa tiene como objetivo general contribuir a lo enunciado desde su mismo título, es decir: hacer sostenible la seguridad alimentaria de Cuba, a partir de la autogestión desde las propias bases productivas.

Beneficia directamente a cinco Unidades Básicas de Producción Cooperativa (UBPC), ubicadas en el municipio de Bejucal, provincia de Mayabeque, y en las cabeceras provinciales de Cienfuegos, Ciego de Ávila, Camagüey y Las Tunas.

También favorece a servicios técnicos, como Veterinaria, Sanidad Vegetal, Protección de Suelos y otros, seleccionados por los propios productores, según sus intereses.

Cofinancian el Proyecto la Unión Europea (UE), las ONG Hivos y Cosude, y el Ministerio de la Agricultura cubano (Minag), mientras lo ejecutan la Actaf y  la Estación Experimental de Pastos y Forrajes Indio Hatuey (EEPFIH).

En el caso de Las Tunas, situada a unos 700 kilómetros al este de La Habana, el programa se desarrolla en la UBPC Maniabo, próxima a esta ciudad; comienza a extenderse al resto de la demarcación y es coordinado por el ingeniero Sixto Rodríguez Torres, quien conversó al respecto con Tiempo21.

Sobre los resultados del convenio, ya a punto de culminar, el especialista informó que entre lo más destacable se encuentra el fortalecimiento de los servicios técnicos, hoy en mejores condiciones de elevar su producción y brindar a los agricultores una asistencia más efectiva y de mayor calidad.

A modo de ejemplo, dijo que el Centro de Reproducción de Entomófagos y Entomopatógenos (CREE) satisface mejor la demanda de los productores en cuanto a esos recursos tan importantes para el control biológico de plagas y enfermedades, y similares avances pueden constatarse en los demás servicios seleccionados.

Respecto a «Maniabo», la unidad básica de referencia, el ingeniero  manifestó que allí han incrementado todas las producciones, tanto para el consumo humano como para los animales.

–«Desde un inicio –aseveró el coordinador del Proyecto–, estas y otras acciones comenzaron a favorecer la producción, el medio ambiente y la economía. Muestra de ello es que ya en 2013 los resultados económicos superaron en el 21 por ciento los del año anterior».

Para conocer más de cerca la realidad, Tiempo21 se fue a «Maniabo», y apreció que el paisaje tiene un mejor sabor, en comparación con años anteriores.

Desde que el visitante se adentra por el terraplén principal, y en contraste con el surtidor de polvo que le regala el sediento camino, los ojos se le pueblan de verdes tonalidades y el alma se le fortifica al contemplar, aquí y allá, verdaderos remansos, formados por las áreas vianderas y los campos forrajeros.

–«Gracias al Proyecto hemos podido incrementar y diversificar la base alimentaria, tanto para los animales como con destino al consumo de los trabajadores y sus familiares –explicó a este diario Onelvis Barrero Hidalgo, administradora de la cooperativa».

Orgullosa y feliz, Onelvis muestra a todo el que llega el nuevo banco de semillas y las áreas de plantas proteicas aledañas a las vaquerías.

–«Todos esto lo creamos con ayuda del programa –dijo, y se le hizo una fiesta la mirada–. Aunque aún no cubrimos totalmente la demanda de alimentos de nuestros animales, sí hemos crecido desde un 25 por ciento en 2011 a un 85 por ciento en la actualidad».

De acuerdo con la Administradora de la unidad, el Proyecto los dotó de medios e insumos imprescindibles para llevar adelante las transformaciones que hoy tienen lugar allí; desde botas de gomas, machetes y limas, hasta maquinarias para preparar la tierra, además de sistemas de riego, entre otros recursos.

–«Sin ese apoyo, ¿cómo hubiéramos podido enfrentar exitosamente esta intensa y prolongada sequía?» –se preguntó, y negó con la cabeza, como dándose a sí misma la respuesta.

Onelvis le concede especial importancia al hecho de haber podido iniciar el mejoramiento genético de la masa vacuna mediante la adquisición de ejemplares de alta calidad, proceso que aunque tardará algunos años en dar plenos frutos, permitirá incrementar la producción de carne y leche, objetivo primordial de la «Maniabo».

No obstante, esa laboriosa mujer reconoce que el principal aporte del programa ha sido impregnar una nueva mentalidad en los trabajadores, dotarlos de las herramientas necesarias para llevar a cabo, con su propio esfuerzo, las transformaciones que allí se necesitan, sobre bases económica y ecológicamente sostenibles.

En ese sentido, mucho alegra a Onelvis que su UBPC haya podido introducir técnicas antes desconocidas o subestimadas, como la intercalación de los cultivos, la aplicación de productos biológicos, en lugar de los químicos, para el mejoramiento de los suelos y la lucha contra plagas y enfermedades, además de otras medidas agroecológicas.

Es un criterio con el que coincide por completo el ingeniero Sixto Rodríguez, quien reconoce el determinante papel de la capacitación en el afianzamiento de dichas prácticas y su extensión a las demás bases productivas del territorio.

–«Aunque ha sido bastante amplia, la capacitación ha tenido en cuenta las particularidades de cada finca y los intereses de los productores –afirmó en su conversación con Tiempo21–. Es una labor que estamos llevando a cabo desde hace años conjuntamente con otras organizaciones del territorio, y que se ha fortalecido durante el proceso de articulación agroecológica». 

Ingeniero Sixto Rodríguez Torres, coordinador en Las Tunas del Proyecto Articulación agroecológica: diseño de alternativas sostenibles para la seguridad alimentaria local en Cuba.

Ingeniero Sixto Rodríguez Torres, coordinador en Las Tunas del Proyecto Articulación agroecológica: diseño de alternativas sostenibles para la seguridad alimentaria local en Cuba.

Articular, integrar, participar

Esa capacidad integradora es, precisamente, una de las principales fortalezas del proyecto ejecutado por la Actaf, la Estación Experimental de Pastos y Forrajes Indio Hatuey y el Inifat, pues contribuye a la coherente articulación y participación de todos los que intervienen en la cadena productiva en cada lugar, ya sean mecanismos o instituciones. Solo así será posible lograr que los sistemas agropecuarios sean fuertes, viables, sostenibles.

Si hoy en Las Tunas puede hablarse de incipientes, pero concretos resultados en agroecología, como lo hicieron los amigos canadienses Claude Lussier, Ramón Robitaille y Ketsia Johms, y ya se cuenta con más de 10 mil fincas en las cuales se introducen de algún modo las llamadas buenas prácticas, es gracias a la diversidad de factores participantes en el empeño y su sentido de integración.

Que lo diga, si no, Arodis López González, socio de la Cooperativa de Créditos y Servicios Pedro Marrero y propietario de la finca Santa Teresa, ubicada en Cañada de Yarey, a unos 20 kilómetros al oeste de esta capital, hasta donde llegó nuestro órgano de prensa.

–«Hace unos dos años los compañeros de la Actaf me propusieron prepararme técnicamente al amparo del Proyecto de Articulación agroecológica de la UBPC Maniabo; participé en un curso y comencé a introducir lo aprendido» –explicó Arodis.

Contó el campesino que, guiado por las orientaciones recibidas, los libros y la minuciosa observación del suelo y los cultivos de su finca, empezó a concretar transformaciones.

De pronto sonrió, los azules ojos se le achicaron y dijo:

–«Si tú supieras que el cambio no fue tan fácil. Al concluir la enseñanza secundaria, yo estudié Mecanización Agrícola y me gradué de técnico de nivel medio en esa especialidad, precisamente porque me fascinaban los grandes tractores, roturar la tierra y todo lo relacionado con aplicar en el campo las últimas tecnologías de la mecanización».

Después de una breve pausa, el agricultor prosiguió:

–«Lo que más disfrutaba era ver el suelo de la estancia limpiecito, sin una yerbita, sin ninguna basura –admitió–. Por eso me acostumbré a sacar de la estancia los restos de cosecha, amontonarlos y prenderles fuego. Fíjate que esperaba a que cayera la tarde para, así, entre dos luces, disfrutar bien el espectáculo. Mientras más alto el montón y más grandes las llamaradas, mejor me sentía».

Dicho esto, el hombre movió la cabeza a uno y otro lado, quizás negándose a creer que fue capaz de ese comportamiento, o tal vez…, seguramente, arrepentido.

-«Ahora ya hace dos años que aquí no se da candela –aseveró, convincente–. Del campo no se saca nada más que los frutos, los alimentos. Como puedes ver –dijo y abrió los brazos en gesto abarcador–, la nalhoja (malhojo) y la yerba se chapean, se dispersan en el terreno y con un tractor con picadora las incorporamos al suelo. Y eso, porque no tengo los equipos adecuados, porque si los tuviera, no emplearía ninguna maquinaria».

Si algo tiene bien presente Arodis es que el mejoramiento y la conservación del suelo resultan determinantes.

–«Luego del curso de la Actaf lo primero que hice fue ocuparme de la cobertura del suelo con los restos de cosecha, el uso de abonos orgánicos; porque la cobertura ayuda a la fertilidad del terreno y a la vez retiene la humedad. También empleo biofertilizantes y bioplaguicidas, abonos verdes, como la canavalia, capaz de aportarle gran cantidad de nitrógeno y otros nutrientes a la tierra. Hace dos años deseché los productos químicos y hoy obtengo similares o mejores rendimientos en el sorgo, la habichuela, el frijol…»

Otro método que no descuida el inteligente campesino es el policultivo.

–«Antes yo solamente cultivaba maíz y frijol. Nada más. Sin embargo, después de capacitarme, y apoyándome en los libros, me propuse hacer una finca integral. Como ves, hoy siembro, además de esos productos, plátano, yuca, soya, sorgo; construyo barreras vivas, crío cerdos, gallinas, guanajos (pavos), y todo sobre bases generalmente ecológicas».

Interrogado acerca de sus expectativas en cuanto al futuro de la agroecología en Las Tunas, Arodis López se refirió a la necesidad de que el Ministerio de la Agricultura, la ANAP y otras entidades y mecanismos encaucen la fabricación de los implementos necesarios para el sistemático empleo de la siembra directa y demás prácticas agrarias que resulten productivas, económicas y  amigables con el ambiente.

El programa tiene como primordial objetivo contribuir a crear condiciones para el incremento y la sostenibilidad de la seguridad alimentaria en Cuba.

El programa tiene como primordial objetivo contribuir a crear condiciones para el incremento y la sostenibilidad de la seguridad alimentaria en Cuba.

Expresado en otras palabras: es preciso apoyar técnica y materialmente el desarrollo de una verdadera agricultura de conservación, basada en principios como la no labranza del suelo, el mantenimiento de la cobertura del terreno y la rotación de los cultivos.

Al mismo tiempo, Arodis considera que debe hacerse todo lo posible para llevarles permanentemente a los productores la información agrometeorológica, imprescindible a la hora de ejecutar cualquier tarea en la finca.

Sobre el tema, el ingeniero Sixto Rodríguez recordó que ya la agricultura convencional agotó sus posibilidades y ahora se ha convertido en un factor de retroceso, mientras la agroecología tiene respuesta para la mayoría de los problemas ambientales y sociales, incluida la sequía y otros fenómenos asociados al cambio climático.

Aunque joven todavía, esa ciencia también posibilita producir mejores alimentos que cuando se emplean tecnologías convencionales, caracterizadas por el uso de grandes cantidades de sustancias químicas, el excesivo e inapropiado laboreo del suelo y el monocultivo, entre otras nocivas prácticas.

Y es que lejos de lo que aún muchos piensan, asumir la agroecología no implica volver a los métodos primitivos de explotación de la tierra, sino poner al servicio de la humanidad toda la cultura creada por ella a lo largo de la historia, desde la azada hasta el satélite, y para eso es necesario articular acciones y saberes.

Lea además:

La agroecología me enseñó a pisar tierra firme

/edc/

 

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Sobre Raúl Estrada Zamora

Periodista. Graduado de la Universidad de Oriente. Ha trabajado en todos los medios y fue director de la revista Transporte, de La Habana. Se inició en el diario 26 y trabajó como Jefe de Información en la Televisión. Fue editor de Tiempo21. Como reportero atiende los temas del programa alimentario y la agricultura, entre otros. Miembro de la Unión de Periodistas de Cuba. @Raulezdecuba

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