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Fernando y la clave del equilibrio

Fernando y la clave del equilibrioEl diálogo desenfadado y directo de los estudiantes del Instituto Pre Vocacional de Ciencias Exactas  Luis Urquiza Jorge de esta ciudad Las Tunas  no  me resulta demasiado extraño; así que no fue sorpresa para mí que el joven dijera al conocerme, tajante: «vamos periodista, dígame a dónde voy para hablarle de los resultados de la escuela».

Y así,  lo agarré de la mano y  lo llevé hasta el micrófono,  tan rápido como me fue posible; unos pocos minutos después salía al aire a través de Radio Victoria  y contaba: «yo me siento muy orgulloso de estudiar en esta escuela por sus resultados, sus profesores, que te preparan para los exámenes y para la vida  y también por los amigos que se van conociendo en el camino».

Me habló, claro y apasionado, de su respeto y sus muchas ganas de hacer. Y me dijo más. Contó  de la novia, de la edad, de su visión personal de los retos de esta Cuba nuestra  y del compromiso que siente, «como joven revolucionario» por hacerse Ingeniero en Telecomunicaciones – su sueño mayor- y aportar y hacer y solucionar y… un mundo de cosas.

Fueron unos pocos minutos, allí, frente al micrófono, con un verbo rápido y directo,  pero me supe conmovida; confieso que me sentí yo misma años atrás, en medio del ajetreo grato de esos pasillos y también doy fé -con certeza-   de mi dosis de orgullo personal por los buenos resultados que – dijo- tiene hoy  el IPVCE de Las Tunas.

«La escuela lleva tres años consecutivos  siendo ganadora en los concursos nacionales, es gandora también de la Copa Patria que organizan anualmente en Guantánamo y la mayoría de los estudiantes que aquí nos formamos optamos, convencidos, por carreras universitarias asociadas directamente a las ciencias exactas», dijo.

«Lo más importante es mantener el equilibrio; hay que estudiar, sí, pero también tenemos que crecer y que aprender de la vida; así que hay que lograr un equilibrio siempre y hay que ir dando prioridad a las  cosas y a las situaciones que verdaderamente las tengan en ese momento. Es necesario para cumplir con todo y poder lograr las metas que uno se trace siempre».

«Y de todo eso formamos parte, tenemos, no lo duce, el compromiso de mejores resultados para cerrar este curso docente y  lo vamos a lograr,  pero igual vamos a crecer  como personas y como jóvenes, yo lo sé», así  terminó, con una mezcla grata de certeza y sonrisa mientras  me hablaba de frente.

Y no lo dudo, no tengo por qué. Sé que seguirán creciendo. Se respira en el aire de los pasillos y sin palabras,  me lo dijo también el brillo ardiente de sus ojos vivos y la gestualidad fuerte del que se sabe protagonista.

Se llama Fernando  Román, estudia el onceno grado, es del municipio de Majibacoa, concursante especial de matemáticas, tiene la voz de su tiempo y muchas, pero que muchas, muchas:  ganas.

 

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