Opinión

Mi carnicero es un bárbaro

Los antiguos griegos empleaban el término “bárbaro” para identificar a personas extranjeras, cuyo idioma, incomprendido por la mayoría, hacía que sus palabras sonaran fónicamente como un balbuceo.

En otras culturas, eran considerados seres inferiores, individuos que carecían de educación, crueles, salvajes, sanguinarios…

Pero la humanidad, en constante evolución cultural, se ha encargado de añadir nuevas acepciones  al significado de la palabra, a tal punto de emplearla para resaltar las cualidades de alguien en determinados dominios: “Leo es un bárbaro con las matemáticas”.

Casualmente así se hace nombrar mi carnicero, un joven de 30 años que decidió abandonar su profesión para convertirse en trabajador no estatal, y créanme, que este caso también viene a tono con la expresión.

Un pequeño establecimiento de apenas tres por tres metros, confortable, con adecuadas condiciones higiénicas y con precios atractivos, son suficientes para mantener una buena clientela, nos cuenta Leonel Fuentes, el protagonista de esta historia.

Bien sabe que la producción seguirá siendo la clave para aminorar los costos, “por eso no tengo un minuto de descanso”, comenta, y agrega: “a veces son las 12 de la noche y yo estoy moliendo carne, o en la cochiquera sacrificando los animales que pondré mañana en tarima, porque mis clientes merecen consumir la mercancía bien fresca”.

“Aquí vengo siempre que lo necesite porque hay de todo: jamón, carne limpia, ahumada, huesos para los frijoles, chorizo… pero, además, los precios son aceptables, el trato es muy bueno, el carnicero es muy agradable y siempre trata de complacernos”, opina satisfecha Yulién.

Otro comprador, Leandro, elogia la limpieza del lugar: “no parece que aquí se venda carne porque no se ve una sola mosca”.

La decisión de convertirse en Trabajador por Cuenta Propia, cuando apenas comenzaba a desarrollarse como ingeniero informático, no impide que actúe y piense como un joven de estos tiempos.

Repleto de sueños enfrenta cada jornada sonriente, dispuesto, con su uniforme impecablemente blanco y un sombrero -que según él- le imprime personalidad.

Nada más cerca de nuestra realidad cambiante y bien lejos del significado que al término imputaron los griegos: “mi carnicero es un bárbaro”. (Odalis Acosta Góngora, Agencia Cubana de Noticias).

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