Las Tunas, Cuba. Lunes 23 de Octubre de 2017
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La agroecología me enseñó a pisar tierra firme

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Arodis López González, ferviente defensor y promotor de las técnicas agroecológicas.

Arodis López González, ferviente defensor y promotor de las técnicas agroecológicas.

Cañada de Yarey, Las Tunas.- Nacido en 1977, cuando la agricultura convencional en Cuba se hallaba en pleno apogeo, desde muy pequeño Arodis López González quedó fascinado por los grandes tractores, los arados capaces de virar al revés cualquier campo en pocas horas, y otros equipos y métodos que constituían el último grito de la tecnología agraria.

A tal punto se entusiasmó con aquellas vivencias, que al concluir la enseñanza secundaria básica decidió hacerse técnico de nivel medio en Mecanización Agrícola, propósito que alcanzó; pero unas páginas más adelante el libro de la vida le dio otra lección que todos los días pone en práctica.

–La escuela politécnica para mí fue un paseo, porque estaba haciendo lo que me gustaba. Me sentía feliz cada vez que los profesores me designaban para roturar aquí, pasar grada allá, fumigar acá, de día o de noche; y también si me encargaban reparar o darle mantenimiento a una máquina o a otro aparato cualquiera –dice Arodis a Tiempo21, que ha llegado aquí hasta su finca, situada a poca distancia de la ciudad de Las Tunas, capital de la provincia de igual nombre, unos 700 kilómetros al este de La Habana.

«Me gradué, regresé a casa y comencé a aplicar lo aprendido –afirma el campesino–. Lo que más disfrutaba era ver el suelo de la estancia limpiecito, sin una yerbita, sin ninguna basura. Por eso me acostumbré a sacar del campo los restos de cosecha, amontonarlos y prenderles fuego.

«Fíjate que esperaba a que cayera la tarde, para así, entre dos luces, disfrutar bien el espectáculo. Mientras más alto el montón y más grandes las llamaradas, mejor –refiere Arodis, y rompe a reír, como burlándose de aquel nocivo pero ingenuo proceder, mientras sus azules ojos miran indefinidamente al horizonte, quizás porque detrás de la imaginaria línea también el tiempo se partió en dos.

«Ahora ya hace dos años que aquí no se da candela. De la estancia no se saca nada más que los frutos, los alimentos. Como puedes ver –dice y abre los brazos en gesto abarcador–, la nalhoja (malhojo) y la yerba se chapean, se dispersan en el terreno y con un tractor con picadora se le incorporan al suelo. Y eso, porque no tengo los equipos adecuados, porque si los tuviera, no emplearía maquinaria».

tecnologia_agrariaPrecisamente, Tiempo21 llega a la finca de Arodis y lo encuentra junto a un tío suyo echando abajo un cañaveral de sorgo que había sido cosechado días antes.

Tiempo 21: ¿Cómo comenzaste a practicar la agroecología?

Arodis López González: Hace unos dos años que los compañeros de la Actaf (Asociación Cubana de Técnicos Agrícolas y Forestales) me captaron para un programa que estaban llevando a cabo a partir de la Unidad Básica de Producción Cooperativa Maniabo, de este propio municipio (Proyecto Articulación agroecológica: diseño de alternativas sostenibles para la seguridad alimentaria local en Cuba), participé en un curso de capacitación y comencé a introducir lo aprendido –explica Arodis.

«Guiado por las orientaciones recibidas, los libros y la minuciosa observación del suelo y los cultivos de la finca, empecé a hacer transformaciones.

«Lo primero que hice fue ocuparme de la cobertura del suelo con los restos de cosecha, el uso de abonos orgánicos; porque la cobertura ayuda a la fertilidad del terreno y a la vez retiene la humedad. Mira para aquel burral (platanal) –dice y señala con la mano-; en plena sequía tuvo una excelente parición, ¿y sabes por qué?, porque le corté todas las hojas secas y las regué entre los surcos, junto con los restos de un maíz que había cosechado.

«También empleo biofertilizantes y bioplaguicidas. Hace dos años deseché los productos químicos y comprobé que obtenía similares o mejores rendimientos, tanto en el sorgo como en la habichuela y el frijol. Fíjate que en la pasada campaña sembré 20 libras de frijol carita y obtuve 17 quintales (782 kilogramos): un volumen 85 veces por encima de la cantidad de semilla empleada».

Tiempo 21: ¿Qué otras prácticas agroecológicas llevas a cabo?

ALG: Antes yo solo cultivaba maíz y frijol. Nada más. Sin embargo, después de pasar el curso y apoyándome en los libros, me propuse hacer una finca integral. Como ves, hoy siembro, además de esos productos, plátano, yuca, soya, sorgo; construyo barreras vivas, crío cerdos, gallinas, guanajos (pavos), y todo sobre bases generalmente ecológicas.

«Por ejemplo, el frijol del que te hablaba lo cultivé a fuerza de productos elaborados por un CREE (Centro de Reproducción de Entomófagos y Entomopatógenos) y obtuve resultados superiores a muchos que emplearon los productos químicos incluidos en el paquete tecnológico recomendado. En el caso de la soya, igualmente: recogí una producción fabulosa, sin una gota de fertilizante o plaguicida industrial».

Tiempo21: En toda esta parcela se observan restos de canavalia, o nescafé, como más propiamente se le conoce en Cuba. ¿Defiendes el empleo de esa planta para proteger el suelo?

ALG: «Yo soy un gran defensor y un gran consumidor de canavalia: tuesto sus granos, los muelo, mezclo ese polvo con el de café y hago una bebida exquisita. Pero la cultivo especialmente porque es un magnífico abono verde: le incorpora tanto nitrógeno al suelo, que a simple vista puede apreciarse si un sembrado de maíz, por ejemplo, tuvo asociada esa planta, pues se ve más lozano y rinde mucho más. Al mismo tiempo, limita el crecimiento de las malas hierbas y, al final, cuando la arrancas, si la dejas en el lugar, te sigue fertilizando el terreno».

Tiempo21: Las prácticas agroecológicas, además de ser muy útiles para la salud medioambiental, resultan más económicas que los métodos convencionales. ¿Has podido comprobarlo?

ALG: «Perfectamente. Mira, antes de practicar la agroecología, tenía que pagarles a varios obreros para chapear los campos y sacar de ellos los residuos de cosecha, pues me era imposible hacer yo solo ese enorme trabajo. Ahora no necesito emplear a nadie y me ahorro ese dinero.

«Por otra parte, el empleo de cobertura y abonos verdes, junto a otras medidas, contribuye a mantener el terreno suelto, esponjoso. Míralo aquí –dice, golpea el suelo con el pie y hace saltar la tierra desgranada–. Anteriormente, detrás de una cosecha, la capa vegetal quedaba dura, compacta, y exigía mayor esfuerzo y recursos para roturarla y sembrarla, y por ahí también se escapaba dinero, combustible, contaminación…

«En cuanto a la protección del medio ambiente, tengo una valiosa experiencia: aquí se habían extinguido las cotorritas, unos insectos muy eficaces en el combate de las plagas, sobre todo las que atacan al frijol; sin embargo, al dejar de emplear productos químicos volvieron a multiplicarse y por eso es que ahora uno puede sembrar leguminosas sin temor a perder la cosecha».

Tiempo21: Por tanto, ¿seguirás aplicando los principios de la agroecología?.

ALG: «Siempre seré un ferviente defensor y promotor de las técnicas agroecológicas. La agroecología, la Actaf y su proyecto de articulación me enseñaron a pisar tierra firme».

/edc/

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Sobre Raúl Estrada Zamora

Periodista. Graduado de la Universidad de Oriente. Ha trabajado en todos los medios y fue director de la revista Transporte, de La Habana. Se inició en el diario 26 y trabajó como Jefe de Información en la Televisión. Fue editor de Tiempo21. Como reportero atiende los temas del programa alimentario y la agricultura, entre otros. Miembro de la Unión de Periodistas de Cuba. @Raulezdecuba

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