Opinión

La visita de John Kerry a Cuba

La visita de John Kerry a CubaRoberto García Hernández
Prensa Latina

La Habana.- La visita hoy a Cuba del secretario de Estado norteamericano, John Kerry, provoca especulaciones sobre el impacto de este suceso, y una cautelosa esperanza de que es posible una relación basada en el respeto mutuo.

Entre los criterios que aborda la prensa internacional en los últimos días hay diversas tendencias, una de ellas es la que asegura que de esta forma finaliza una etapa de enemistad entre las dos naciones, mientras otros van más allá y dicen que este es el fin de un conflicto propio de la Guerra Fría.

Hay valoraciones intermedias y tampoco faltan las señales emitidas por quienes se oponen a este proceso desde las filas conservadoras en Estados Unidos.

Tal es el caso del precandidato republicano Marco Rubio, quien promete revertirlo en caso de que logre su aspiración de llegar a presidente del país norteño en las elecciones de noviembre de 2016, deseo en el que, al menos hoy, las encuestas no lo acompañan.

Este político de origen cubano amenaza con vetar todo tipo de fondos para el funcionamiento de la sede diplomática norteamericana y bloquear el nombramiento del embajador aquí.

Lo cierto es que, como reconocen las autoridades de Cuba y Estados Unidos, ambos países iniciaron el 17 de diciembre de 2014 un nuevo curso en sus nexos como estados soberanos.

Varios movimientos importantes hicieron las dos naciones en los últimos meses, el primero de ellos fue lograr sentarse a la mesa de negociaciones, sin condiciones previas, algo que pedía Cuba desde hace muchos años a anteriores administraciones, que se caracterizaron por su hostilidad.

En este sentido se destacan las palabras del canciller cubano, Bruno Rodríguez, el 20 de julio en la ceremonia de apertura de la sede diplomática en Washington, pocos minutos después de izar la bandera de la nación caribeña.

Rodríguez señaló que era portador de un saludo del presidente Raúl Castro, expresión de buena voluntad y de la sólida decisión política de avanzar, mediante el diálogo basado en el respeto mutuo y la igualdad soberana, hacia una convivencia civilizada, aún dentro de las diferencias entre ambos gobiernos.

El viaje de Kerry, el primero de un secretario de Estado desde marzo de 1945, inspira además en medios de prensa valoraciones sobre el bloqueo impuesto contra Cuba desde hace más de medio siglo.

Amplios sectores en Estados Unidos favorecen el levantamiento de estas sanciones unilaterales, consideradas por la parte cubana como el principal escollo en el largo camino hacia la normalización.

En el Congreso norteamericano convive un número difícil de determinar de proyectos patrocinados por quienes desean eliminarlas, pero también de aquellos que pretenden mantenerlas a toda costa, a pesar de los nuevos aires que existen a ambos lados del Estrecho de la Florida.

Algunos expertos estiman imprescindible valorar el contexto en que tiene lugar todo este proceso y en particular el reconocimiento que reitera Obama de que la anterior política de confrontación no funcionó y fue contraproducente para los intereses de Washington.

La afirmación calificada de valiente por los especialistas, también implica, como reconoce el propio mandatario en su discurso del 17 de diciembre pasado, que Washington priorizará otros mecanismos para lograr sus objetivos respecto a Cuba.

Sin embargo, en este aspecto la parte norteamericana es cautelosa en sus planteamientos, sin renunciar a su estrategia.

Las autoridades de La Habana reiteran que las relaciones han de basarse en el respeto al derecho internacional y la no injerencia en los asuntos internos.

Los cubanos insisten en la necesidad de que Estados Unidos devuelva el territorio ocupado por la base naval de Guantánamo, que cesen las transmisiones ilegales hacia la isla, así como los planes subversivos, para los que el Congreso aprobó sumas millonarias.

Otro aspecto que sale a la luz en los últimos días es si en este contexto Obama dejará de catalogar a Cuba como país adversario y de aplicarle lo establecido en la llamada Ley de Comercio con el Enemigo de 1917, cuyos preceptos solo recaen sobre la isla.

Con independencia de lo que haga el jefe de la Casa Blanca respecto a dicho documento, solo el desarrollo de los vínculos bilaterales y la forma en que estos avancen hacia la normalización, dirán en qué medida hay avances en una relación que fue oficialmente quebrada en enero de 1961 por Washington.

Ahora es difícil decirlo.

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