Las Tunas, Cuba. Miércoles 22 de Noviembre de 2017
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¿Por qué Fidel Castro optó por la lucha armada?

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Nostálgicos, resentidos o muy mal informados, algunos hipercríticos de la Revolución Cubana, radicados fundamentalmente en Estados Unidos, niegan que el golpe de Estado perpetrado por Fulgencio Batista el 10 de marzo de 1952 agudizó la crisis nacional y no dejó a los sectores populares otra salida que reiniciar la lucha armada revolucionaria, para conquistar la definitiva independencia y las imprescindibles transformaciones sociales, frustradas con la intervención norteamericana desde 1898 hasta 1959.

Según la opinión de esas personas, en la década de 1950 Cuba era «una próspera nación», y, por tanto, no había necesidad de enfrentar al régimen batistiano mediante las armas, como lo hicieron Fidel Castro y la llamada Generación del Centenario, el 26 de Julio de 1953. Pero bien distinta era la realidad.

En su artículo El Moncada: una visión desde lejos, el historiador cubano Arnaldo Silva León afirma que mientras que el 10 de Marzo de 1952 fue la respuesta del imperialismo y la reacción interna al caos, la inestabilidad política prevaleciente y el temor del ascenso al poder de un gobierno progresista, comprometido con las grandes masas populares, el 26 de Julio del año siguiente constituyó la respuesta del pueblo ante la situación creada por el 10 de Marzo y la búsqueda de un camino que le permitiera erradicar los males económicos y sociales que padecía.

Basta un somero análisis de la realidad imperante en aquella época para comprender la magnitud de esos males.

No debe pasarse por alto que desde la década del 30, las inversiones norteamericanas se destinaban a renglones que rendían mayores ganancias, como el petróleo, la minería y las manufacturas. El azúcar ya no era tan atractivo, y el capital se transfería a otros sectores y países, por lo cual Cuba descendía del primer lugar como receptor continental del capital estadounidense: en 1950 pasó a la segunda posición, y poco después, a la tercera, desplazada por Venezuela y Brasil.

Al mismo tiempo, las industrias no azucareras eran pocas, se hallaban muy atrasadas y sucumbían fácilmente frente a la feroz competencia. A inicios de los años 50, el 63,2 por ciento de esas industrias tenían como promedio menos de 10 obreros y el 17,3 por ciento, entre once y 25 trabajadores.

El desempleo era crónico: alrededor de 738 mil personas, es decir, la tercera parte de la población apta para el trabajo, se hallaban desocupadas. Al respecto, en su trascendental defensa ante el tribunal que lo juzgaba por los hechos del Moncada, alegato conocido por La Historia me absolverá, Fidel Castro preguntó:

“¿Cómo explicarse que desde el mes de mayo al de diciembre un millón de personas se encuentren sin trabajo y que Cuba, con una población de cinco millones y medio de habitantes, tenga más desocupados que Francia e Italia con (…) más de cuarenta millones cada una?”

También aseguró que miles de médicos, ingenieros, abogados, veterinarios, maestros y profesores, periodistas y pintores, profesionales de las más diversas ramas, salían de las aulas con sus títulos “…llenos de esperanza, para encontrarse en un callejón sin salida, cerradas todas las puertas”.

Súmese a ello que la mayoría de los obreros industriales y braceros no cobraban pensión al jubilarse, pues la corrupción política y administrativa era tanta, que el presupuesto estatal asignado para esos fines era sistemáticamente desfalcado por un ejército de inescrupulosos funcionarios.

Por otra parte, alrededor de 100 mil pequeños agricultores trabajaban de sol a sol para hacer producir una tierra que jamás sería suya, pagaban en especie a los terratenientes, cual si fuesen siervos feudales, y vivían y morían bajo la perenne amenaza de ser desalojados y arrojados a los caminos junto a sus seres queridos.

Se trata de una época en la que en Cuba aún existían unos 200 mil bohíos y chozas, y cerca de 400 mil familias del campo y la ciudad se hacinaban en barracones, cuarterías y solares, sin las más elementales condiciones de higiene y salud.

Según encuestas realizadas en aquella fecha por organizaciones no gubernamentales, algunas de filiación religiosa, dos millones 200 mil cubanos pagaban por las viviendas que habitaban entre un quinto y un tercio de sus ingresos, y solo el 56 por ciento de la población disponía de electricidad.

Con una esperanza de vida que no sobrepasaba los 60 años de edad, una tasa de mortalidad infantil de más de 60 por cada mil nacidos vivos, el 90 por ciento de los niños del campo plagados de parásitos, ínfima cobertura médico-sanitaria y el azote de numerosas enfermedades, entre las cuales las diarreicas agudas y la tuberculosis constituían la primera causa de muerte, la salud pública mostraba un horrible panorama.

La falta de escuelas y maestros, el robo del dinero destinado a la enseñanza, el alto índice de analfabetismo (cerca de un 30 por ciento) y el bajo nivel de escolarización, eran algunos de los muchos problemas que frenaban el progreso educacional y mantenían al pueblo en la ignorancia.

Para que nada faltara en el dramático concierto, 100 mil mujeres ejercían la prostitución, anualmente se apostaba en toda suerte de juegos más cantidad de dinero que el destinado al presupuesto estatal de la nación, y tanto la Guardia Rural, como la Policía Nacional sembraban el terror y la muerte en la ciudadanía.

Aunque hay quienes pretenden negarlo, si bien Batista heredó parte de esos males, es de todo punto de vista irrebatible que con su golpe de Estado agudizó a límites inauditos las vicisitudes de la población, e incluso trajo al país nuevas y peores calamidades.

Apenas unos días después del triunfo de la Revolución, en enero de 1959, la centenaria Revista Bohemia, en un documentado y dramático editorial, ponía al desnudo qué significó realmente la dictadura de Fulgencio Batista, artículo que bien pudiera servir para refrescarles la memoria a ciertos  «ingenuos» y «pacifistas» de acechante puñal. Decía Bohemia entonces:

«Nada sagrado hubo para aquella satrapía grotesca a la vez que trágica. La vida dejó de tener valor tanto en lo físico como en lo moral; la libertad fue sistemáticamente violada; la dignidad de la persona escarnecida. El déspota y su camarilla actuaban como si la República fuese un feudo y ellos los señores de horca y cuchillo que tenían bajo su bota al pueblo».

Y continuaba: «…es inútil tratar de encubrir el crimen. Las heridas de los mártires son como voces que denuncian aquella salvajada y claman justicia. Ahí están los muertos enterrados sin identificación y cuyos restos aparecen ahora revueltos con la tierra en fosas improvisadas; ahí están los torturados que muestran en sus cuerpos las huellas del suplicio a que fueron sometidos; ahí están los vejados y apaleados por la policía política del tirano; ahí están los que tuvieron que desterrarse para no morir en las garras de los esbirros; ahí están los despojados, los humillados, los vilipendiados, los perseguidos en ellos y en sus familias porque osaban desear para su Patria una vida libre, justa y decorosa. Mientras el dictador y su clan saqueaban el tesoro y se repartían la Isla como una heredad propia, los matarifes a su servicio se dedicaban, con refinamiento, con sevicia, a torturar y a matar. Era la más perfecta combinación de robo y asesinato que ha conocido la República».

Oportuno es recordar, que el Héroe Nacional de Cuba, José Martí, afirmó: «Ver un crimen en calma es cometerlo», y «Es criminal (…) quien deja de promover la guerra inevitable (…), quien ve ir al país a un conflicto que la provocación fomenta y la desesperación favorece, y no prepara, o ayuda a preparar el país para el conflicto»

(Ver: http://www.josemarti.info/articulos/marti_interpretaciones.html).

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Sobre Raúl Estrada Zamora

Periodista. Graduado de la Universidad de Oriente. Ha trabajado en todos los medios y fue director de la revista Transporte, de La Habana. Se inició en el diario 26 y trabajó como Jefe de Información en la Televisión. Fue editor de Tiempo21. Como reportero atiende los temas del programa alimentario y la agricultura, entre otros. Miembro de la Unión de Periodistas de Cuba. @Raulezdecuba

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