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Frank Fernández convierte el piano en máquina del tiempo

La Habana.- Viajar en el tiempo es posible cuando Frank Fernández toca el piano, su maestría conduce a los sentidos a otras épocas y geografías, el más reciente concierto confirmó el acontecimiento, detalla Prensa latina.

De ahí que muchos espectadores llegaran al final del recital de la víspera desconcertados, en franco estado de shock, con una rara sensación de haber vivido en un mundo paralelo dentro de la acogedora Basílica Menor de San Francisco de Asís que el propio maestro inauguró hace más de 20 años.

Con Fernández, afortunadamente, peligra la amnesia, porque nos hace volver a nuestras raíces y Ernesto Lecuona media entre la mezcla racial, social y cultural producida en esta isla tras la colonización española.

Del genial compositor cubano, el intérprete expuso cinco danzas para piano de las suites cubana, afrocubana y española, ellas fueron: Y la negra bailaba, Gitanerías, Córdoba, La comparsa y Malagueña.

El pianista infundió a estas danzas tanto frescor y agilidad que los títulos podían respirarse, pero antes se apropió en estado de gracia de la sonata número 21 de las 32 que Beethoven compuso.

Como casi todas las creaciones del músico alemán, esta parece narrar episodios de su historia personal, colmada de instantes de arrebato y de una tristeza escrita con notas en el segundo movimiento, a consecuencia de una sordera que favoreció la incomprensión del genio.

Pese a los padecimientos, Beethoven fue un hombre con esperanzas, de lo contrario no hubiera podido escribir sinfonías tan alegres como su célebre novena o el tercer momento de la sonata ya citada y que pasó a la historia con el nombre de Aurora, personificación del amanecer en la mitología romana.

Estos cambios de ánimo se perciben en Fernández, artista temperamental y apasionado del estudio que conecta espiritualmente a Bach, Beethoven, Chopin y Lecuona.

Sin dudas, ellos fueron espíritus andantes que se posan de vez en cuando sobre ciertos seres en la Tierra, comentó el maestro en pleno concierto sin reconocerse a sí mismo.

El programa escogido permitió apreciar la excepcionalidad del pianista debido a los contrastes, no era fácil seguir después de tocar Beethoven, sin embargo, paseó Lecuona y luego se sumergió en el mundo intimista de Chopin, con sus melodías dulces y la tristeza premonitoria del fin de la vida.

Tormento y triunfo asomaron en la balada número uno, opus 23 en Sol Menor, conmovedora pieza que inspiró al coreógrafo estadounidense John Neumeier uno de los pas de deux más desgarradores de la historia del ballet dentro de su adaptación de la novela La dama de las camelias.

Para cerrar, Fernández interpretó su popular suite para dos pianos que consta de cinco temas: Bolero, Vals Joropo, Conga del medio día, Habanera y culmina con Zapateo por derecho, una pieza de particular brillo por su demanda de virtuosismo y ritmo.

Este es el mismo recital que el maestro ofrecerá dentro de unas semanas en el Festival de Música de Ravinia, Chicago, el más grande al aire libre de los celebrados en Estados Unidos.

/ymp/

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