Las Tunas, Cuba. Miércoles 22 de Noviembre de 2017
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Abel Santamaría, el más querido de los jóvenes del Moncada

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Abel Santamaría Cuadrado. (Foto de Internet)

Abel Santamaría Cuadrado. (Foto de Internet)

Marta Denis Valle
Prensa Latina

La Habana.- Abel Santamaría Cuadrado, asesinado el 26 de julio de 1953, a la edad de 25 años, inspiró a la generación del centenario martiano y a las siguientes a conquistar el triunfo de la Revolución cubana.

Era «el más generoso, querido e intrépido de nuestros jóvenes, cuya gloriosa resistencia lo inmortaliza ante la Historia de Cuba», afirmó Fidel Castro ante el tribunal que lo juzgaba, al referirse al segundo jefe del movimiento revolucionario.

Fidel y sus compañeros lo llamaron «el alma del movimiento».

Abel Santamaría, con 21 hombres, ocupó el Hospital Civil Saturnino Lora, de la ciudad de Santiago de Cuba, mientras ocurría el cercano ataque al cuartel Moncada, por el grueso de los asaltantes encabezados por Fidel, posición muy útil en caso necesario.

Lo acompañaban el médico Mario Muñoz y como enfermeras, Haydée Santamaría y Melba Hernández, quienes vieron morir horas después a muchos de sus compañeros.

Abel fue apresado, torturado salvajemente y finalmente asesinado en el Moncada; de los hombres participantes con él solo escapó el jovencito Ramón Pez Ferro, a quien un paciente veterano mambí dijo que era su nieto y estaba allí para cuidarlo.

Muy pocos de los moncadistas murieron en combate el 26 de julio; la cifra de los asesinados creció a más de 60 hasta el 29 de julio, así comovarios civiles ajenos a los hechos, denunció Fidel Castro en su autodefensa La Historia me Absolverá.

FACTOR IMPORTANTE EN LA ORGANIZACIÓN DEL MOVIMIENTO

Nacido en Encrucijada, en la antigua provincia de Las Villas, el 20 de octubre de 1927, desde bien temprano Abel realizó diversas labores y se interesó en ampliar sus estudios y con ese propósito se había establecido en La Habana pocos años antes de los sucesos de 1953.

Profundamente martiano, repudió desde el primer día el golpe militar ocurrido el 10 de marzo de 1952, y ya se rodeaba de un pequeño grupo de opositores al dictador Fulgencio Batista, cuando conoció al futuro jefe de la Revolución Cubana.

El primero de mayo de 1952 fueron presentados por Jesús Montané -futuro moncadista y expedicionario del yate Granma- y surgió entre ellos la simpatía mutua y el descubrimiento de ideales comunes. Seguidor del fallecido líder popular Eduardo Chibás, perteneció al Partido Ortodoxo como la mayoría de los moncadistas y antes de tomar el camino revolucionario criticó la pasividad asumida por esa organización ante la tiranía.

“Una revolución no se hace en un día, pero se comienza en un segundo. Hora es ya: todo está de nuestra parte, ¿por qué vamos a desperdiciarlo?, escribió en una carta crítica al político ortodoxo y comentarista radial José Pardo Llada, publicada en la prensa.

El golpe militar cerró las vías legales a pocas semanas de las previstas elecciones presidenciales, inaugurando el segundo régimen dictatorial batistiano, contra la voluntad de la mayoría de la población.

El apartamento 603 del edificio de O y 25, Vedado, donde residían Abel y su hermana Haydée Santamaría, sería a partir de entonces el centro principal donde se gestaron los asaltos a los cuartes Moncada, de Santiago de Cuba, y Carlos Manuel de Céspedes, de Bayamo.

Estas acciones fueron organizadas para iniciar así, con las armas que esperaban ocupar, la lucha armada contra la dictadura de Fulgencio Batista.

De tomar la segunda fortaleza militar del Ejército batistiano, y con las armas y municiones ocupadas, iban a llamar al pueblo y poner en pie de lucha a amplios sectores de la población de conocida tradición patriótica.

Los futuros moncadistas -en su mayoría procedentes de la juventud ortodoxa-, se prepararon en secreto, con pocos recursos y más combatientes entrenados que armas.

Fidel Castro, en la máxima jefatura, estuvo seguido por valiosos compañeros como Abel Santamaría, José Luis Tasende, Renato GuitartRosell, Pedro Miret Prieto, Antonio López Fernández (Ñico) y Jesús Montané Oropesa, entre otros.

En la Granjita Siboney, a 17 kilómetros de Santiago de Cuba, en la carretera hacia la Playa Siboney, un lugar bastante despoblado, residieron Abel y otro compañero (Ernesto Tizol) desde mes y medio antes, como los jóvenes emprendedores de un negocio avícola.

Con el rótulo de “Alimentos para pollos” llevaron las cajas que contenían las armas, las municiones y los uniformes, y junto a Renato Guitart, el único participante oriundo de Santiago de Cuba, crearon las condiciones para recibir el 25 de julio a los asaltantes.

Antes de partir hacia el Moncada. Fidel expresó: «Compañeros, podrán vencer dentro de unas horas o ser vencidos, pero de todas maneras, óiganlo bien, de todas maneras este movimiento triunfará».

«Si vencen mañana -dijo-, se hará más pronto lo que aspiró Martí; si ocurriera lo contrario el gesto servirá de ejemplo al pueblo de Cuba, y de ese propio pueblo saldrán otros jóvenes dispuestos a morir por Cuba, a tomar la bandera y seguir adelante».

Abel Santamaría arengó también a los combatientes en la Granjita Siboney: «Es necesario que todos vayamos con fe en el triunfo nuestro mañana, pero si el destino nos es adverso estamos obligados a ser valientes en la derrota, porque, lo que pase en el Moncada se sabrá algún día

… la Historia lo registrará y nuestra disposición a morir por la Patria, será imitada por todos los jóvenes de Cuba, nuestro ejemplo merece el sacrificio y mitiga el dolor que podemos causarles a nuestros padres y demás seres queridos. ¡Morir por la Patria es vivir! ¡Libertad o Muerte!»

El ataque comenzó en Santiago de Cuba, a las 5.15 de la mañana del 26 de julio de 1953, -simultáneo al asalto del cuartel Carlos Manuel de Céspedes de Bayamo para cortar las comunicaciones e impedir el paso de refuerzos-; ambas acciones fallaron por circunstancias imprevistas.

Condenados los sobrevivientes, a muchos años de cárcel en Isla de Pinos, Fidel Castro y sus compañeros aprovecharon la prisión para fundar allí una “escuela superior de estudios teóricos revolucionarios”.

Para altos fines futuros crearon la Academia de estudios ideológicos Abel Santamaría (se impartían 11 asignaturas) y una biblioteca con más de 600 libros enviados por familiares, amigos, políticos y profesores universitarios.

Junto a materias básicas como filosofía, historia universal, economía política, matemática, geografía e idiomas, abordaban los temas sociales, la gramática y la literatura universal, en primer lugar las obras clásicas de la literatura castellana.

Y los maestros fueron ellos mismos según su calificación y preparación de los temas a tratar.

Abel Santamaría, contador y estudiante de amplios fines, fue lector constante de José Martí, Antonio Maceo, Enrique José Varona, de Historia de Cuba, de las Revoluciones Francesa y Rusa, de literatura y filosofía, incluidas obras de Marx, Engels y Lenin.

Una de sus obras preferidas era José Martí, pensamiento político, de Emilio Roig de Leuchsenring, en la que subrayó: “Hasta hoy no me he sentido hombre. He vivido avergonzado, arrastrando las cadenas de mi Patria, toda la vida”.

Inspirado en la vida y heroica muerte de Abel, el cantautor cubano Silvio Rodríguez compuso el célebre texto, Canción del elegido (1968), que concluye así:

Supo la historia de un golpe, / sintió en su cabeza cristales molidos / y comprendió que la guerra / era la paz del futuro: / lo más terrible se aprende enseguida / y lo hermoso nos cuesta la vida.

La última vez que lo vi irse / entre humo y metralla, / contento y desnudo: / iba matando canallas / con su cañón de futuro.

/ymp/

 

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Sobre Redacción Tiempo21

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