Las Tunas, Cuba. Sábado 21 de Octubre de 2017
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Fernando Ortiz, padre de los estudios afrocubanos

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Marta Denis Valle
Prensa Latina

La Habana.- El notable sociólogo y etnólogo Fernando Ortiz Fernández (1881-1969) inició y desarrollo los estudios afrocubanos, a partir de sus investigaciones y observaciones, legó una importante obra científica y fundó en Cuba una verdadera escuela en este campo.

Muy joven se interesó en la búsqueda de las raíces de la cultura cubana y, como declaró después, se dio cuenta que el negro estaba allí, como uno de los componentes de la historia y la sociedad, e introdujo el término afrocubano.

Emprendió una labor exploradora, de clasificación y de análisis, por la intrincadísima fronda de culturas negras retoñadas en este país, según sus palabras, y de cuando en cuando fue dando algo a la luz, como débil muestra, dijo, y ensayo de lo mucho posible en este campo de investigación.

Comprendió que era preciso estudiar ese factor integrante de Cuba, al igual que los indocubanos, los emigrantes españoles y de muchas partes.

Pero nadie había estudiado a profundidad el tema negro y hasta parecía como si nadie lo quisiera estudiar resultaba tarea harto trabajosa, propicia a burlas y no daba dinero, afirmó Ortiz, en una conferencia titulada Por la integración cubana de blancos y negros.

Al comparecer el 12 de diciembre de 1942, en el Club Atenas, explicó la esencia y el porqué de sus estudios, frente a un auditorio de negros profesionales, empleados, comerciantes y estudiantes que lo acogieron en su seno, en calidad de Socio de Honor.

Tesón y métodos investigativos le permitieron ejercer con profundidad, además de jurista, como historiador, sociólogo, etnólogo, lingüista, musicógrafo, crítico, creador de colecciones de autores y de temas cubanos y fundador de instituciones culturales.

Profesor universitario de derecho nueve años, Ortiz desplegó también su talento en la Sociedad Económica de Amigos del País, a la que ingresa en 1907, preside (1923-1932) y reforma para convertirla en un motor de irradiación cultural.

Pensó que la política podía ayudar en sus propósitos y ocupó una plaza vacante de representante a la Cámara (1917-1926) por el Partido Liberal, en la oposición, primero como sustituto y reelegido en 1919.

Allí presentó un programa de reformas legislativas y administrativas y propuestas sobre el sistema educacional cubano.

Tuvo también un bufete famoso (Giménez-Ortiz-Barceló), con sus socios, en la actual Habana vieja; fue abogado defensor de los jóvenes participantes en la Protesta de los Trece (1923) contra la corrupción gubernamental, y estuvo entre los opositores a la dictadura de Gerardo Machado (1925-1933).

De ideas progresistas, martiano y antirracista -contra todos los racismos- abogó por la escuela cubana en Cuba libre, según un célebre discurso pronunciado en junio de 1941 y publicado en la Revista Bimestre Cubana, enero-diciembre de 1955.

Cultivó estrechas relaciones con sencillos representantes de la cultura popular cubana y con personalidades nacionales y extranjeras; también frecuentó numerosos congresos y seminarios internacionales.

Tan ancha y honda fue su tarea que puede cargar, sin pandearse, con el título de Tercer Descubridor de Cuba, después de Cristóbal Colón y el alemán Alejandro de Humboldt, un calificativo acuñado por Juan Marinello (1898 -1977), otro grande de la cultura cubana, político, gran crítico y ensayista.

EL COMIENZO DE UN LARGO CAMINO

Hijo de español y cubana, nació en La Habana el 16 de julio de 1881; falleció en esta capital, el 10 de abril de 1969, entre libros, manuscritos, revistas, recuerdos y nuevos proyectos en su mente.

Su infancia y su primera juventud transcurrieron en Menorca (Islas Baleares), luego estudió Derecho Civil y Derecho Público en las Universidades de Barcelona, Madrid y La Habana.

El legado de la difusión y continuación de la obra de Ortiz fue asumido desde 1995 -hace 20 años- por la fundación que lleva su nombre, dirigida por el escritor y etnólogo Miguel Barnet, en la casona de Don Fernando, de L y 27 (Vedado), cercana a la Universidad de la Habana.

Templo dedicado al descubrimiento de lo cubano y al rescate y revaloración de la presencia africana en la cultura cubana, en su hogar el maestro recibió a sus seguidores en los estudios etnomusicales y etnográficos.

Pero, en gran medida y sostenidamente, ha acogido a hombres y mujeres de ascendencia africana, sus principales colaboradores, que le revelaron los secretos de sus culturas y llegaron a adorarlo.

Ortiz recorrió un camino difícil, lleno de obstáculos, debido a las secuelas y prejuicios presentes de varios siglos de régimen colonial, la esclavitud sucesiva de una enorme masa de africanos, introducidos a la fuerza, y el aplastamiento de los originarios pobladores.

Se pretendía excluir el legado de unos y otros de la herencia cultural.

Su seriedad, desinterés y amistad sincera, borraron los temores de aquellos que al principio se preguntaban ¿qué se traerá ese blanquito?, ¿por qué se mete en cosas de negros?, o de algunos políticos que lo acusaban de buscar los votos de ese electorado.

Ganó la confianza de rumberos, tamboreros, practicantes de la Regla de Ocha, de la Regla de Palo Monte y de la Sociedad Abakuá, que lo vieron como un padre, blanco, que entendía a los negros y se sentía uno de ellos.

LA OBRA DE ORTIZ

Más de cien títulos, entre libros y folletos, llegó a publicar en medio siglo Fernando Ortiz, calificado como sabio cubano, por sus conocimientos.

Del primer cuarto del siglo XX datan los siguientes trabajos, según iba investigando: Los negros brujos (1906), Las rebeliones de los afrocubanos (1910), Los negros esclavos (1916), La fiesta afrocubana del Día de Reyes (1920), Los cabildos afrocubanos (1921) y Glosario de afronegrismos (1924).

En el primer estudio se dio cuenta de que no existía tal brujería, en Cuba, sino todo un complejo de religiones y magias africanas mezcladas entre sí y con los ritos y leyendas del santoral cristiano de los católicos.

En ese período publicó también: Entre cubanos (1913), La identificación dactiloscópica (1913), Historia de la arqueología indocubana (1922), Un catauro de cubanismos (1923) y Proyecto de Código Criminal Cubano (1926).

Ya se destacaba en estas disciplinas cuando, en cooperación con otros intelectuales, creó la Sociedad del Folklore Cubano (1923), la Sociedad de Estudios Afrocubanos (1937) y el Instituto Internacional de Estudios Afroamericanos (1943).

Fue notable también su contribución a la Institución Hispanocubana de Cultura (1926), el Instituto Panamericano de Geografía (1928) y el Instituto Cultural Cubano-Soviético (1945).

Con 60 o más años de edad, alcanzó en su madurez intelectual creaciones tales como Contrapunteo cubano del tabaco y el azúcar (1940), obra maestra de investigación histórica y sociológica, de obligada consulta para todo estudioso del tema.

Ortiz revela el fenómeno de la transculturación presente en la identidad nacional; su publicación estuvo antecedida por la notable conferencia Los factores humanos de la cubanidad (28 de noviembre de 1939), ante estudiantes de la Universidad de la Habana.

Reproducida por la revista Bimestre Cubana (marzo-abril de 1940), es muy citada por el original símil sobre el pueblo y cultura cubanos: Cuba es un ajiaco, guiso típico y complejo del país, cocido en una cazuela abierta, una rica mixtura como el mestizaje de la propia sociedad.

Martí y las razas (1942) y El engaño de las razas (1946), ejemplares por sus argumentos antirracistas; junto a otros de raigambre en el entorno cubano: Las cuatro culturas indias de Cuba (1943) y El huracán, su mitología y sus símbolos (1947).

Le siguen, Wifredo Lam y su obra vista a través de significados críticos (1950) y la Historia de una pelea cubana contra los demonios (1959).

Sus últimas obras del tema negro fueron: La africanía de la música folklórica de Cuba (1950), Los bailes y el teatro de los negros en el folklore cubano (1951) y Los instrumentos de la música afrocubana, en cinco volúmenes (1952).

Ortiz fundó y editó varias publicaciones, entre ellas, la Revista de Administración Teórica y Práctica del Estado, la Provincia y el Municipio (1912), Archivos del Folklore (1924), Surco (1930) y Ultra (1936).

Desde 1910 a 1959 rescató y dirigió la famosa empresa cultural Revista Bimestre Cubana (1831-1834), interrumpida cuando fue expulsado de Cuba por el régimen colonial su director José Antonio Saco (1797-1879), uno de los principales intelectuales criollos de su época.

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