Las Tunas, Cuba. Viernes 20 de Octubre de 2017
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Zabala, ¿negocio de familia?

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Zabala, ¿negocio de familia?

Escuche documental Zabala: Una comparsa de pueblo

Las Tunas-. Siempre he pensado que la comparsa «Estampas tuneras» funciona como un  «negocio de familia». Fundada por papá, seguida por  tres de los hijos (Paco, Eddy y Toñito) e integrada por tíos, primos, vecinos, concuños, nietos…  Saber, si después de leer,  usted comparte o no esta opinión, es también el objetivo de estas líneas.

Vale comentarle, por si no es tunero rellollo, que hablamos de una comparsa, institución cultural en Las Tunas, surgida desde hace poco más de 60 años del ingenio y las ganas de fiesta de un carpintero de esta ciudad,  Edilberto Agüero,  a quien  sus amigos le dicen «Zabala» por su adicción, en la juventud, a un pelotero de ese apellido.

Su casa, la del carpintero, en la calle  Villamar, entre Coronel Reyes y Rubí, en esta ciudad,  se vuelve foco cultural desde el preludio mismo de las fiestas patronales de San Gerónimo, época del carnaval de Las Tunas,  días de protagonismo para ellos y de placer para los «arrolladores».

Aclarado el punto, ahí va, pues, la historia:

Paco Aguero

Enrique Aguero (Paco), director general de la Zabala me dijo: «no importa que no quiera hacerse foto, tú deja que te cuente para que no se pierda la historia, en la foto, si quieres, hasta me pones a mí»

Perea…. desde los primeros acordes.

Se llama Rafael Oliva y por alguna razón, que no llegó a contarme,  le dicen Perea. Tiene más de 80 años y me recibió junto a su hermana al filo de las tres de la tarde,  después de mucho insistir.

Ya  me habían dicho,  «sin él no vas a poder contar esta historia», así que acepté cuánta condición puso (y no fueron pocas), hasta que me dio el sí y en la fresca sala de su casa,  comenzó a decir:

«Yo no sé bailar – me contó- pero siempre fui amigo de Zabala y andaba con él y los demás del barrio en esos carnavales, los primeros  que se hicieron en Las Tunas y en los que casi todo se trajo de afuera, porque aquí no había congas, ni carrozas, ni nada, no hubo ni paseo ese primer año.

«Después vino el otro y el otro carnaval y como al tercer año, cuando aquello se estaba volviendo serio,  pues a Zabala le dio por hacer formal  una comparsita que armábamos siempre con los amigos ahí,  para pasarla bien durante esos días; y entonces me dijo: cuento contigo Perea y yo le dije que sí, pero ni sabía bien para qué.

«Una tarde nos sentamos en un banco del parque porque hicimos reunión y andábamos buscando patrocinio y nombre y  todo eso;   Zabala muy animado y yo le dije, compadre ¿tú te has fijado en la estampa que nosotros tenemos?,  ¿de verdad tú crees que con esta estampa tenemos pinta de músicos?,  y era porque todos estábamos feos y sentados mal  y con la camisa virada….

«Y él se me queda mirando, mira a los muchachos y me  dice, ¡qué buena está esa Perea!, si hasta nos pusiste nombre: «Estampas tuneras» y así surgió el nombre, desde ese día,  porque a los muchachos les gustó desde que lo oyeron.

«Al principio – sigue diciendo, después de ajustarse el cristal de sus gruesos espejuelos– no sabíamos cómo hacer las cosas, pero poco a poco nos fuimos armando y yo me encargaba de los materiales, la organización; las muchachitas nos ayudaban haciendo las ropas, que tuvieran mucho brillo, mucho color y como Zabala era carpintero y yo me colaba en todas esas cosas pues hacíamos «la sorpresa», que era lo más  importante de lo que se presentaba ante el jurado…. Y así, fueron pasando los años y ni nos dimos cuenta.

«Cuando Estampas Tuneras inició- sigue diciendo– nosotros  pusimos dinero para comprar todo, nosotros; una profesora de música, que le decían  Nego Licea  nos ayudaba a escoger las cosas y nos asesoraba y eso;  y la Pinilla, muy al principio, nos daba algunas cosas,  pero eso se acabó y por aquí había mucha gente acomodada en ese tiempo que les gustaba la comparsa y uno iba, ponía su platico, decía que era para la comparsa en el carnaval y nos daban siete o diez pesos».

Salí de su casa cuando ya el reloj pasaba de las cinco  de la tarde, estaba convencida de que sí, Perea me había contado, con su voz temblorosa por los años y su sonrisa entrecortada  por el susto ante la grabadora, los primeros pasos del negocio del que les cuento.

Cristino Márquez… el concuño…

Cristino Márquez, músico; prestigiosa voz en la cultura de esta ciudad.

Cristino Márquez, músico; prestigiosa voz en la cultura de esta ciudad. (Tiempo21 /Foto MiguelDN)

Hablar con Cristino Márquez es todo un desafío. Usted sabe a qué horas llega pero no tiene ni idea de en qué momento va a terminar porque Cristino le sabe tanto,  pero tanto a Las Tunas,  que una historia te lleva a la otra y a la otra y empiezas por la comparsa y ya vas llegando al reloj del parque Vicente García, al pito del Aserrío…

Me recibió en su casa, puntual, vestido hasta el último botón de la camisa, como debe ser y con su sonrisa sincera y su voz, calma y directa. Allí mismo, en su amplio y fresco portal, con una mesa lista para la ocasión y los ruidos de los vecinos y los vendedores,  me dijo:

«El Nene (Zabala) y yo éramos concuños,  porque él estaba casado con una hermana de la que era mi mujer y en el año 1970 me llamó un día y me pidió que lo ayudara para no hacer lo mismo de siempre y la comparsa pedía que le imprimieran cosas muy suyas y yo le dije sí, vamos a ponernos, le dije, déjame hacer a mí la música y entonces,  en ese año, toda la música que tocamos fue mía, independientemente de que seguíamos tocando cosas  de la música tradicional.

«La gente,  a él,  a Zabala, al Nene como yo le digo, lo ha seguido también porque es una persona muy organizada, muy responsable, tú lo veías guarachando y eso pero qué va, todo estaba preparado porque se pasaba todo  el año en función del carnaval.

«Después yo seguí colaborando con ellos, en algunos arreglos o en cosas así y mis hijos, que son primos de los hijos de Nene y siempre se han querido mucho,  todavía están ahí y no se pierden un ensayo, una actividad, déjame decirte que yo siento mucho orgullo por eso, por saber que ellos, que tienen su propio trabajo, sus responsabilidades, nunca faltan a la comparsa y están ahí.

“Yo, por mi trabajo y por los años, lo fui dejando pero siempre me iba a arrollar de joven, yo decía,  la comparsa sale por aquí, yo la voy a coger desde esta calle hasta esta y aquí la dejo, doblo por acá y ya, me voy entonces a tocar y es porque siempre la he sentido un poco mía también».

Gladys, voz especializada…

Gladys Anderson es metodóloga de tradiciones de la  Casa de la Cultura Tomasa Varona de Las Tunas desde hace más de 25 años. Conversamos rapidito en un espacio  muy agradable de esa institución y fue clara: «qué va, ellos no son un negocio de familia, ellos son ya un negocio de la ciudad de Las Tunas completa».

Para tratar de convencerme me contó más: «hay que ver, desde que empiezan los preparativos  el foco cultural que se forma en el sitio de sus ensayos en la calle Rubí, de esta ciudad.

«Todo el mundo centra su atención en las salidas que van dando por esos días en la calle Cucalambé o en otras también cercanas y en los ensayos de Zabala en general. Ahí mismo, ahí, comienza para mucha gente el carnaval de Las Tunas».

Zabala,carpintero  de profesión y músico de alma, cuya impronta siguen sus tres hijos.

Zabala,carpintero de profesión y músico de alma, cuya impronta siguen sus tres hijos.

Eddy y Paco… dos de los tres mosqueteros

Aquella noche pretendí hacer una entrevista y no me salió; hablar de la comparsa terminó siendo una especie de «diálogo abierto»  en el que tocamos muchos temas.

Hablamos de las calles de la ciudad;  de los hijos que van creciendo y quieren ser músicos;  de  la salud del viejo, marcada por cinco infartos y ahí, guapo; de las ganas de retomar «al de verdad» las tradiciones felices de los carnavales de Las Tunas;  de la cola del pan y hasta de lo cara que está la leche condensada.

Y no le miento, de todo eso hablamos entre el ruido que nos llegaba de los televisores prendidos y las conversaciones altas en las casas colindantes a lo que muchos llaman  «El Cuartel General de la Zabala», la casa de los Agüero, en la calle Villamar,  de esta ciudad de Las Tunas.

Pero la intención de estas líneas, que sigue siendo explicarles por qué creo que  es la comparsa un negocio de familia, no me permite disociarme mucho (y conste que hicimos reflexiones interesantes  esa noche); así que vuelvo al rumbo y solo transcribo, de lo hablado, lo que aporta argumentos a mi teoría:

«Chica, yo no sé lo que es un carnaval  – me suelta de a cuajo Eddy, director artístico, hermano mayor  de los llamados tres mosqueteros y carismático cantidad– tengo la doble presión de la orquesta  y de la comparsa; cuando yo termino de tocar, después del paseo,  ya estoy preparando lo del otro día y ya no tengo ni fuerzas, ni alma;  y es venga y venga y suelta y acabo corriendo… y muerto.

«Sin contarte que te pasas el año en eso, preparando el guión del carnaval para que las cosas te queden lo mejor posible y mi esposa me tiene una paciencia tremenda porque a mí se me ocurre una idea de madrugada y a esa hora me levanto y comienzo a escribir, a veces, hasta que sale el sol.

«Tenemos  trabajo de taller, nos reunimos los tres hermanos para hacer mucho trabajo de mesa, cualquier día del año, cuando sentimos que hace falta.

«Y  qué pasa, también pasa algo importante –y no le preocupa  dar un salto e irse  atrás en el tiempo– nosotros nacimos y crecimos dentro de la Zabala de verdad.

«Mi mamá dice que cuando a ella le dieron los dolores de parto el día en el que nací, en la sala de la casa  lo que había eran un bongó y una tumbadora y se agarró de eso con las contracciones porque es que siempre han estado atravesados en la sala  y esos fueron mis primeros juguetes: yo sin eso, no sería nada. Yo lo siento en el alma.

«Todavía me acuerdo- sigue diciendo y mira a su hermano de frente, como quien hurga también en sus recuerdos– que mi primera gran perreta de niño fue porque con cuatro años no me dejaban venir al carnaval con la comparsa y el viejo me metió dentro de una caja grande y la sorpresa ante el jurado tuvo ese año un momento en el que se abría la caja y salía yo, bailando y todo eso. Ese fue mi gran debut .

«Nosotros aprendimos desde  chiquitos lo que es el respeto y la disciplina con el viejo, mi papá estaba todo el año en función del carnaval y ahora está viejo ya, no baila y no participa directamente de estos festejos pero tú sabes que para él es importante y para mucha gente también. Yo quisiera que tú vieras la cantidad de personas que pasan por aquí y te preguntan y te quieren ayudar y hasta te dan ideas de qué hacer».

«Y  los niños –  interrumpe Paco, el hermanito menor que es el jefe de todos, el Director General– déjame decirte que la comparsita de la Zabala surgió por la cantidad de niños que vienen aquí buscando tocar y formar parte de lo que hacemos.

«Y muchos dan bateo en las casas  para que los traigan a los ensayos y, a veces, no podemos incluir a más niños porque son muy pequeños o porque son demasiados pero vienen igual y se aprenden  las coreografías y quieren hacer y se divierten y se ponen bravos cuando hay que parar el ensayo porque ya, hay que parar, para seguir en la noche,  con los mayores».

«Ya te digo – vuelve Eddy a la carga–  esta es la vida de nosotros y de nuestras familias, que nos sufren pero nos acompañan, saben que es parte de lo que somos y están ahí, para cuando las cosas no quedan como queremos del todo, para aguantar lo que nos va doliendo de cada  edición del  carnaval y para celebrar, siempre celebrar, la vida.

«Que no hemos hablado de Chiqui y hay que hablar de Chiqui – le interrumpe otra vez  Paco, y se hace el silencio, solo un instante, pero con mucha fuerza– tiene un lugar de privilegio en la  comparsa, Rolando Blanco Chiquito, que fue el  estilo de montar coreografías de esta comparsa durante 40 años.

«Y sí – vuelve a tomar  la palabra Eddy– todavía le encendemos una vela a ese hombre y él dijo, ya en su lecho de muerte, que él quería despedirse de la vida con la comparsa y eso hicimos, fuimos hasta el cementerio por toda la ciudad tocando para él y  lo despedimos hasta el minuto final a golpe de comparsa».

Félix Ramos. (Tiempo21/Foto MiguelDN)

Félix Ramos. (Tiempo21/Foto MiguelDN)

Félix Ramos… el jurado

El maestro concertista Félix Ramos es lo menos parecido a un buen bailador que usted pueda  encontrar por estas calles, me lo confesó él mismo, con el desenfado especial que le caracteriza para hablar siempre de lo humano y lo divino.

Sin embargo, ni él mismo parece tener claros  los por qué, así y todo, es desde hace más de 20 años el presidente del jurado del carnaval de Las Tunas. «¿Hablar de Estampas tuneras?, me dijo-: ¿por dónde comenzamos?

«Yo no sé si negocio de familia pero te puedo asegurar que son un tren y después de un tren así en un carnaval, no pasa más nada.

«Claro,  hay que destacar que son un tren de buenos músicos también, porque el viejo Zabala no tenía grandes conocimientos de música pero sus tres hijos sí, ellos tienen sus propios proyectos musicales y muchos de los integrantes de esos proyectos tocan en la comparsa.

«Entonces,  estamos hablando de profesionales, que tocan juntos buena parte del año, o, al menos, en  proyectos similares y se juntan veinte, treinta días antes de un carnaval y se conocen, saben de sus fortalezas, lo disfrutan mucho pero cuando los escuchas, escuchas la base de una orquesta a la que no le falta nada.

«No obstante a eso tienen un amor, un respeto por la tradición, por lo que son para este pueblo que a uno le hace sentir orgullo de tenerlos. Nosotros llegamos al jurado y pensamos  ¿qué se les habrá ocurrido este año?, porque ese momento que se conoce como La Sorpresa , que se hace en la evolución de la comparsa frente al jurado en el carnaval,  con Zabala es un lujo.

«Tú te quedas lelo con la imaginación y el derroche que ellos  hacen ahí, te sorprenden de verdad, porque es algo para lo que trabajan todo el año, no es una cosa improvisada, trabajan de verdad.

«Yo recuerdo que hace como dos o tres años fueron con la comparsa hasta la Iglesia Católica y yo no sé cómo lo lograron,  pero la imagen de San Gerónimo de la iglesia la sacaron y la lucieron allí, con su música y hasta el santo Padre salió y dio unas vueltas allí y saludó a la comparsa y la bendijo y eso  por aquí no lo hace nadie, nadie logra eso en Las Tunas».

¡Por allá viene la Zabala….!

María Karla, una de las más pequeñas de la prole, garantía del «negocio» porvenir.

María Karla, una de las más pequeñas de la prole, garantía del «negocio» porvenir.

Salir a las calles de Las Tunas y preguntar por Zabala es arrancar una sonrisa hasta al más pinto de la paloma, porque Zabala, creo yo,  es un «negocio próspero», figúrese usted que les han propuesto cerrar cada noche el carnaval de la ciudad y no quieren, qué va, después que pasa la Zabala –  insisten los organizadores- , no hay para nadie, ya toda la ciudad salió arrollando detrás” y nada que los convencen, quieren seguir compitiendo, marcando sus desafíos, cerrando o abriendo el desfile…. con la sorpresa de lo que puede ser o no.

Tienen nostalgias, quieren que el carnaval regrese al centro mismo de la ciudad de Las Tunas, como pasó durante  décadas y apuestan por rescatar más y con más bríos  la música del órgano oriental, la piba fría, el carrito de La salá y las muchas tradicionas de estos festejos, extintas por obra y gracia de las limitaciones materiales y también  del descuido en prever y el olvido ante la meticulosidad que requiere la organización de este tipo de festejo en Las Tunas.

Los de Zabala añoran, como buena parte de los hijos de esta tierra, la convulsión sabrosa de la gente ante cada edición del carnaval pero  están ahí, orondos,  prestos a revivirla cuando se les toca la puerta a ritmo de comparsa.

 

/mdn/

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Sobre Esther de la Cruz Castillejo

Periodista. Licenciada en Comunicación Social en la Universidad de Oriente. Máster en Ciencias de la Comunicación por la Universidad de La Habana, 2009. Diplomada del Instituto Internacional de Periodismo José Martí, de La Habana. Desde su graduación se desarrolla profesionalmente en Radio Victoria y se desempeña como reportera para atender los temas de la educación. Es miembro de la Unión de Periodistas de Cuba. @vozcubana

Un comentario

  1. Muy bien escrito. Lo disfruté de principio a fin. No soy tunera, ni conozco mucho de Las Tunas -para ser honesta, casi nada-, pero un trabajo como este es capaz de despertar emociones. Buen periodismo es buena literatura.

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