Jornada Cucalambeana 2015

Jornada Cucalambeana: la alternativa es ascender

cucala

En ediciones anteriores he referido diferentes temas de la Jornada Cucalambeana, la cual, desde 1961, rinde homenaje a Juan Cristóbal Nápoles Fajardo, El Cucalambé (Las Tunas, 1829-Santiago de Cuba, 1861). Esta vez abordaré aspectos álgidos.

En los días fundacionales y los primeros años, el Movimiento de Artistas Aficionados protagonizaba la fiesta guajira; también participaban destacados representantes de la intelectualidad insular y poetas relevantes, no solo los decimistas ápices.

A medida que la Jornada Cucalambeana se desbordaba, los profesionales iban desplazando –por su fama, talento y actuaciones dominicales en el programa Palmas y cañas– a quienes también representaban la genuina raíz popular del «guateque supremo» y no cobraban.

El pago a los profesionales y las producciones espectaculares aumentaron los gastos,  al igual que los desmedidos alojamiento y alimentación durante una semana; también se requerían más capacidades en avión, ómnibus y automóviles. Y la masividad no siempre es proporcional a la calidad.

El elenco casi fijo de Palmas y cañas se honró cuando incluyó a valores sin acceso a la vida cultural de la urbe capitalina. Aún así la desigualdad de oportunidades se evidenciaba porque se grababa en Las Tunas con los mismos artistas y poetas que durante el año se personaban en los estudios habaneros, en tanto eran invisibilizados los  provenientes del paisaje: estaban aquí, pero solo algunos, ocasionalmente, eran incluidos en el espacio jerarquizador de cantantes, músicos, repentistas… Cuba tiene incontables creadores e intérpretes que ignoran las características del jolgorio (lamentablemente devenido festín carnavalesco), pues en casi medio siglo no han figurado en las listas de participantes. También se ha ausentado más de una vez el programa de marras.

Tantos nombres y repertorios reiterados en los espectáculos llevó a algunos a creer agotado el caudal popular, y le dieron entrada a la experimentación; se practicaron innovaciones como las de incluir en una gala una orquesta sinfónica, ballet clásico… y en años recientes la salsa, la timba, el regué…, hasta recibir en la prensa críticas merecidas por alejar las esencias de la cultura intangible del campesinado: la identitaria de la Jornada.

Por otro lado anda la décima. Gracias a nuestro  evento, la espinela –tan maltratada en los planos del lenguaje y el contenido– encontró un nuevo cauce al surgir en 1993 el Concurso Cucalambé, que cedió su lugar al Concurso Iberoamericano Cucalambé (2000), para estimular la vertiente escrituraria y la publicación de libros-decimarios, pero lo lastra la contradicción de habérsele  suprimido el premio en metálico, por una coyuntura económica. Desde 2010 se ha premiado con una obra de un pintor; por razón de sinrazones, este sí puede recibir el cheque y cobrarlo, y el autor del libro no…

Nápoles Fajardo era (es) un literato muy conocido, actualmente sujeto protagonista del encuentro anual, no solo decimista y repentista (escribió sonetos, letrillas, epigramas, romances, en fin, «diversas rimas»), teatro y periodismo (existió el concurso local Cucalambé para trabajos periodísticos); por lo tanto la asistencia no debe condicionarse al ser decimista, ni las lecturas limitarse a «esa cárcel de aire puro». ¿Cuántos de los presentes en el homenaje (sonetistas, versolibristas) solo participan del consenso decimista? Abogo porque sigan siendo estos los de mayor presencia, y la espinela la más promovida; y porque en los recitales no se considere una herejía leer versos sin rima. Los reduccionismos dañan el desarrollo cultural.

A partir de 1995, la oralidad repentística halló en el concurso «Justo Vega» –para jóvenes improvisadores menores de 35 años– la forma de incentivar a los continuadores de la más antigua manifestación de origen hispánico en la cultura cubana. También en 2010 perdió el premio en metálico. Ambos concursos se han mantenido a pesar de los pesares, mas no deberían continuar nadando contra el economicismo pues pudieran sosobrar.

La Jornada Cucalambeana, descalificada por evaluadores del Ministerio de Cultura como evento nacional, y descendida a provincial, después de 48 años de celebración no tiene otra alternativa que ascender.

/mdn/

 

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