Las Tunas, Cuba. Jueves 24 de Mayo de 2018
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Atrapado por la angustia de la primera vez

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humoEn el Día internacional de lucha contra el consumo indebido y el tráfico ilícito de drogas una historia real,  para meditar.

Todavía tiene la mirada triste, aunque en los labios se le perfila una espléndida sonrisa que descubre el ser humano afable que lo habita. Es un día intenso este 25 de junio, pero la sudoración que abraza su cuerpo no es la de este verano.

Siente temor, baja la vista porque aún le parece mentira lo que vive. Las palabras fluyen despacio y serenas, como si conversaran con una amiga. Prefiere mantenerse anónimo porque se avergüenza; otra vez me devuelve una mirada tierna, ahora delata un alma llena de angustia.

Todo hubiese sido tan distinto si aquel viaje a Europa hubiera prosperado. Siempre quiso salir del país, conocer el mundo; ¡quizás un día visitar a su hermana allá en Estados Unidos!; lo anheló vehementemente, pero terminó desesperado, deprimido, encerrado en sí…

Ese día salió a la calle, solo quería despejar. Entonces se cruzaron aquellas mujeres del infierno de las que ni siquiera recuerda el rostro. Ahora regresan como flashazos, vestidas con ropas atractivas,  eran las ideales para la relación ocasional que él necesitaba.

No imaginó jamás que aquella sustancia que le propusieron como solución a su desespero y estrés, después de inhalarla una, otra, y muchas veces más, porque no  sentía su efecto, lo dejaría a escasos pasos de la muerte.

La verdad, sintió morir diez  minutos después. La marihuana se introducía por su cuerpo y ya el cerebro apenas respondía. Quizás hubo algo más que su inocencia desconoció.

Buscó fuerzas desde el fondo de su ser; estaba en un campo alejado de la ciudad de Las Tunas, pero logró llegar a casa, y no sentía que era él.

El cuerpo parecía abandonarle; se paralizaba poco a poco y la rigidez carcomía sus huesos. Ya casi moría, su mente incluso se preparaba para la idea.

Pero estuvo muriendo muchos días después, fallecía con una muerte lenta y arrasadora, que se lleva sueños, fortalezas, aspiraciones, estados de ánimo, el dominio propio, el antes y el ahora…; pensaba, es el fin.

Once días y el efecto de la droga se había instalado como cualquier cáncer oportunista. Presión muy alta, insomnio, intranquilidad y un malestar general lo perturbaban. Sufría callado, pero ya no aguantaba más, confesó a sus padres lo ocurrido; comenzó el verdadero regreso a casa.

Dos meses han pasado de ese fatídico día en el que consumió marihuana. Ahora su sonrisa todavía se purifica gracias al tratamiento de especialistas y a instituciones médicas como el Hospital Psiquiátrico Diurno de Las Tunas.

Otra vez es él; tiene 28 años y es un joven trabajador. A su papá se le llena de brillo la mirada cuando me dice que su hijo siempre fue un niño tranquilo y obediente, no entiende cómo llegó este huracán a arrasarles la vida.

Su mamá me confiesa por teléfono que su hijo quedó muy, pero muy enfermo y que estos dos meses le dieron el sufrimiento más grande de su existencia.

Encima de la mesa del comedor las pastillas que le permiten dormir le escuchan contar la historia; aún las necesita, pero sabe que con voluntad pronto será el de siempre.

Porque nuestro protagonista no es un hombre de miramientos; es inteligente, sabe lo que quiere, lucha; tiene mucha vida por delante, medita y me dice:

«Pido a las personas que siempre que puedan se alejen de esta droga, que no caigan en la inocencia que caí yo, porque quise ahogar en la marihuana el desespero y estrés de ese viaje frustrado y por poco me va la vida».

/edc/

 

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Sobre Darletis Leyva González

Periodista, graduada de la Universidad de Oriente. Se desempeña como reportera con excelentes resultados en su gestión diaria. Es aguda en sus trabajos de opinión. Una de sus características es contar historias de vida en la que el factor humano está siempre presente. Atiende los temas de salud, entre otros. Miembro de la Unión de Periodistas de cuba, premiada en varios concursos. @DarletisLG

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