Las Tunas

Con suelos para la vida

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La Doctora Laura Leyva Rodríguez, profesora de la Universidad Vladimir Ilich Lenin de Las Tunas, en plena actividad docente.

Las Tunas.- Hoy concluye el Séptimo Congreso Internacional de Suelos, que se desarrolla desde el miércoles en el Palacio de Convenciones de La Habana para evaluar estrategias encaminadas a la conservación de ese valioso recurso natural.

A propósito de dicho evento y por ser 2015 el Año Internacional de los Suelos, según decisión de Naciones Unidas, Tiempo21 entrevistó a la Doctora Laura Leyva Rodríguez, profesora de la Universidad Vladimir Ilich Lenin de Las Tunas, ciudad a unos 700 kilómetros al este de la capital cubana.

Además de su meritoria labor en la formación de profesionales capaces de llevar adelante el desarrollo agropecuario de la provincia, la Doctora Laura Leyva atiende lo relativo al cambio climático dentro del Proyecto de Innovación Agropecuaria Local (PIAL), integrado por diversos organismos e instituciones y coordinado por su centro académico.

Tiempo21: Doctora, a partir de su amplia experiencia, ¿cómo valora el estado actual de los suelos, tanto en sentido general como en el ámbito más cercano?

Laura Leyva Rodríguez  (LLR): A pesar de ser un recurso esencial para la vida y la riqueza de un país, no existe suficiente percepción acerca de la necesidad de mejorar y conservar el suelo, y por eso está siendo sobrexplotado y degradado por la actividad humana.

Los agricultores, además de producir alimentos y otros bienes, tienen la obligación de contribuir a mitigar los adversos efectos del cambio climático y demás fenómenos a él asociados, y con frecuencia y en disimiles lugares ocurre todo lo contrario.

Tiempo21: ¿Podría citar algunas manifestaciones de tan nociva actitud?

LLR: Son muchas las actividades que se realizan en la agricultura que ayudan a la degradación del suelo y al calentamiento global. Por ejemplo, el uso y abuso del arado de vertedera y otros implementos, han deteriorado la salud del medio ambiente y sobre todo la calidad de las tierras cultivables.

También, la tala indiscriminada de árboles y otras negligentes acciones acentúan la degradación, que en sus diversas formas constituye una amenaza para la sostenibilidad y la capacidad agroproductiva de nuestros ecosistemas.

Por otra parte, se ara el suelo con máquinas y eso implica utilizar combustibles fósiles y emitir dióxido de carbono a la atmósfera. Mientras más labores agrícolas se efectúan, mayores son las emisiones y los daños al entorno, a la vida.

Igualmente, existen otras prácticas no menos nocivas; entre ellas, la extracción de los residuos de cosechas del campo, en vez de aprovecharlos para mantener el suelo cubierto. Incluso muchos agricultores no solo cometen ese error, sino otro más grave: el de quemar esos residuos.

Como herencia de tantos años de agricultura extensiva, aún se abusa respecto a la aplicación de plaguicidas y fertilizantes químicos, en especial los nitrogenados, que mucho contribuyen al calentamiento global.

Esta agricultura excesiva y agresiva ha dañado mucho nuestro ambiente y nuestros suelos, en particular.

Tiempo21: ¿Y cómo contribuyen su Universidad y PIAL a revertir esa situación?

LLR: Estamos diseminando por los campos diversas tecnologías agroecológicas, capaces de disminuir el uso de agroquímicos y combustibles fósiles.

Dentro de esas prácticas que promovemos entre los agricultores se encuentran el reciclaje de los residuos de cosechas, que aportan materia orgánica al suelo y ayudan a aumentar la actividad biológica; la diversificación de los cultivos y la realización de enmiendas agrícolas mediante la aplicación de estiércol animal, compost, humus de lombriz y otros fertilizantes orgánicos, técnicas muy sencillas y al alcance de todos los productores.

Asimismo, extendemos el empleo de bioplaguicidas y biofertilizantes; la utilización de abonos verdes y la rotación de los cultivos, que permite un buen manejo del ecosistema; también, el policultivo, los sistemas agroforestales, la colocación de barreras vivas y muertas, la surca contra pendiente y otras prácticas agroecológicas.

Tiempo21: ¿Qué métodos emplean para hacer llegar esos conocimientos a los agricultores?

LLR: Son muchas las vías; pero, fundamentalmente, realizamos lo que nosotros llamamos laboratorios de campo, en los cuales participan especialistas de diferentes instituciones y disciplinas, estudiantes universitarios y productores, tanto de nuestra provincia como de otras, porque mantenemos constante intercambio, incluso con productores de otros países.

Esos talleres se efectúan directamente en el terreno, ya sea en la finca de un campesino, en nuestro polígono integral de suelos u en otra unidad agrícola. En ellos cada productor tiene la posibilidad de plantear sus inquietudes, solicitar ayuda para resolver determinado problema, narrar sus positivas experiencias, con el fin de extenderlas, y observar, de manera práctica, cómo se aplican las diferentes tecnologías, cómo se maneja adecuadamente el suelo.

Pero eso sí, no se trata de diseminar saberes generales ni de dictar recetas, sino de que cada quien aplique la técnica más conveniente, atendiendo a sus condiciones particulares, a las potencialidades y limitaciones de su suelo. Ahí estará el éxito.

Tiempo21: He ahí, también, la posibilidad de contar con suelos para una vida más plena.

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