Las Tunas, Cuba. Miércoles 13 de Diciembre de 2017
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Las fábulas: educativas no solo para los niños, también para los adultos

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Las fábulas: educativas no solo para los niños, también para los adultos

Esopo.

La fábula es un relato breve, escrito en prosa o verso, con una intención didáctica frecuentemente manifestada en una moraleja o enseñanza final, y en el que pueden intervenir personas, animales y otros seres animados o inanimados. También se llama así a cada una de las ficciones de la mitología, como son los casos de La fábula de Psiquis y Cupido, de Prometeo o de las Danaides.

Desde la antigüedad hasta la fecha el mundo ha conocido a muchos filósofos, pensadores y escritores que han empleado las fábulas como su obra fundamental o como parte de ella, entre los cuales sobresalen el griego Esopo (alrededor de 600 a.C.-564 a.C.), los romanos Horacio (diciembre de 65 a.C-noviembre de 8 a.C) y Fedro (hacia 20-15 a.C. – hacia 50 d.C), el francés Jean de La Fontaine (1621-1695) y el español Félix María Samaniego (12 de octubre de 1745 –11 de agosto de 1801), por solo mencionar a los más encumbrados.

Generalmente se piensa que las fábulas como género literario – por la brevedad de los relatos, su lenguaje sencillo y el hecho de atribuir a animales y cosas las facultades humanas de hablar, razonar, tener virtudes y defectos –, están dedicadas de manera exclusiva a niños y adolescentes, pero es indudable que aunque por su sentido pedagógico se crean fundamentalmente para contribuir a la educación de los más jóvenes, también pueden enseñarnos, o al menos recordarnos, muchas cosas importantes a los adultos.

En una ocasión, cuando era ya un adulto, leí una fábula que me impactó de tal manera que me la aprendí prácticamente de memoria. Aunque de eso hace tantos años que no recuerdo ni en qué publicación la encontré, ni quién era su autor o si era anónima, he recordado y recuerdo muy a menudo esa fábula, sobre todo cuando he estado en presencia de un colectivo humano que no funciona bien. Se llama Fábula de la Aceptación, y cuenta aproximadamente lo siguiente:

Las herramientas de una carpintería sostuvieron una reunión para analizar sus dificultades.

El martillo ejerció la presidencia, pero la asamblea votó porque debía renunciar a su puesto laboral, debido a que hacía mucho ruido y se pasaba todo el tiempo golpeando a los demás.

El martillo aceptó su culpa, pero pidió que también se expulsara al tornillo, porque había que darle muchas vueltas para que sirviera de algo.

El tornillo aceptó también, pero pidió la expulsión de la lija, porque era muy áspera en su trato y siempre tenía fricciones con los demás.

La lija estuvo de acuerdo, pero exigió que se expulsara al metro, porque se dedicaba a medir a los demás según su rasero, como si fuera el único perfecto.

En eso entró el carpintero, se colocó el delantal y comenzó su labor.

Utilizó el martillo, el tornillo, la lija y el metro,  y al final la tosca madera se convirtió en una bella mesa.

Cuando la carpintería quedó nuevamente sola, la asamblea reanudó su deliberación.

El serrucho, que no había abierto la boca en la reunión anterior, tomó la palabra y dijo:

 “Señores, ha quedado demostrado que tenemos defectos, pero el carpintero no trabaja con nuestros defectos, sino con nuestras virtudes, que son las que nos hacen valiosos.”

La asamblea aceptó entonces que el martillo era fuerte, el tornillo unía y daba fuerzas, la lija afinaba y limaba asperezas y el metro era preciso y exacto.

Se sintieron, a partir de entonces, orgullosos de su fortaleza y de trabajar juntos.

(Hasta aquí el texto de la fábula).

Lo mismo sucede o puede suceder, amigos, en muchos colectivos humanos.

Observen y comprobarán. Cuando en un grupo familiar, laboral, deportivo, cultural o de cualquiera otra categoría social, sus jefes o integrantes se dedican fundamentalmente a observar y destacar los defectos de los demás, la situación se vuelve tensa y los resultados de su gestión son generalmente negativos.

En cambio, cuando se buscan, encuentran, estimulan y aprovechan las virtudes de cada uno de los componentes del colectivo, se obtienen los mejores logros.

Es fácil encontrar defectos, cualquier tonto puede hacerlo. Pero descubrir los puntos fuertes de cada miembro de un grupo y utilizarlos sabiamente en función de la colectividad… eso demuestra un espíritu superior, capaz de aunar voluntades para de alcanzar los mayores éxitos.

/mdn/

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Sobre Hernán Bosch

Periodista. Graduado de la Universidad de Oriente (1974). En ese año fue uno de los fundadores de la Agencia Cubana de Noticias (ACN) en la antigua provincia de Oriente. Trabajó como corresponsal de esa agencia en Santiago de Cuba durante tres años y luego realizó similar función por cerca de tres décadas en la corresponsalía de la provincia de Las Tunas, con una labor destacada en el tratamiento de temas diversos como la agricultura, la salud y los deportes. En 2007 reportó como enviado especial de la ACN los Juegos Deportivos de la ALBA, efectuados en Venezuela. Entre l981 y 1989 laboró en el periódico provincial ”26”, de Las Tunas, donde se desempeñó como jefe de Redacción, jefe de Información y reportero. Está jubilado y es miembro de la Unión de Periodistas de Cuba. @hrbosch

Un comentario

  1. Eso es muy cierto, los valores y aprendizaje son muy necesario no solo para nuestros niños, sino también para nosotros mismos. Es importante tener en cuenta eso para fortalecer el crecimiento de los más pequeños. La educación empieza en casa y debemos tomar las correctas riendas si queremos lo mejor para el futuro de ellos. Les sugiero una web muy bonita donde se encuentra muchas fábulas con sus respectivas moralejas para que aprendan nuestros niños: http://www.fabulasparaninos.com

    Saludos y gracias por tan buen trabajo.

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