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Madre de miles de niños

Madre de miles de niños
Ernestina Rosario Macías Fernández, tiene hoy miles de hijos.

Hace 24 años, Ernestina Rosario Macías Fernández hizo sus maletas para retomar una bella historia de amor que dejó huellas en su más tierna adolescencia.  Renunció a las bellas edificaciones y al inolvidable Malecón de La Habana para iniciar una nueva vida junto al hombre que rehízo su felicidad en la comunidad rural de Santa Librada, en el municipio de Las Tunas, de la provincia de igual nombre.

Allá quedaron sus hijos, los cuatro que viven, de ocho que gestó su fértil vientre de madre multípara, durante un matrimonio que no tuvo final feliz.

“Soy madre de familia numerosa aunque quiso la suerte que solo viera crecer a la mitad de mis niños.  En el primer embarazo, de manera accidental, recibí un fuerte golpe en el vientre. Y al cabo del tiempo, cuando me hicieron la cesárea, una de las niñas había fallecido.  Luego quedé embarazada otra vez de mellizos, varones los dos; pero aborté involuntariamente.  La tercera vez todo salió bien y nació un niño de casi once libras.  Y por último, mi vientre gestó trillizos. Los dos varones nacieron con salud; pero, la hembra murió a escasas horas del nacimiento”.

Aunque el dolor inundó parte de su corazón, y nunca borró el recuerdo por sus pérdidas, Ernestina se creció y atendió a su descendencia, tres hombres y una mujer que hoy son su gran felicidad.

“Aunque mis hijos no están junto a mí, en la provincia de Las Tunas, soy feliz.  Es como si estuviera en la ciudad en la que nací.  Ellos están lejos pero mantenemos contacto frecuente a través del teléfono, especialmente con mi primer retoño, la única hembra, que está cumpliendo misión internacionalista como médica en Brasil”.

Asegura que ha tenido muchos momentos de tristeza, por las distancias.  Pero, añade que también se muestra alegre porque los tiene vivos, y eso es fruto de la Revolución.

“Se formaron en los principios que nos inculcaron Fidel y Raúl. Todos están integrados y la verdad es que son muy buenos. Estoy orgullosa de ellos como de mis tres nietos, inteligentes, activos y zalameros, creo que parecidos a la abuelita”.

Desde hace 54 años, esta habanera y tunera reparte su tiempo entre niños de la Enseñanza Primaria a quienes educa como maestra con la ternura de una madre y el brazo firme de un tutor.

Con ellos juega, canta y corre. Los acompaña en sus fechas importantes y ellos están a su lado también en los momentos más significativos, como este Día de las Madres en el que no tiene cerca a sus hijos biológicos.

“Este domingo no puedo estar triste. ¿Cómo voy a estar triste si soy madre de miles de niños?”

Y sonríe con satisfacción porque el teléfono sonará cuatro veces, pero, las puertas de su humilde hogar en Santa Librada, recibirán a sus otros hijos cargados de flores y besos para quedarse muy adentro, por siempre, en su corazón.

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