Opinión

Cuba saldrá de una lista donde nunca debió estar

La Habana.- La decisión del gobierno estadounidense de retirar a Cuba de la llamada lista de Estados patrocinadores del terrorismo, además de reparar una injusticia, elimina un escollo en el camino hacia la normalización de las relaciones bilaterales.

Este mes de abril el presidente norteamericano, Barack Obama, envió al Congreso un informe destinado a la exclusión de la isla de ese listado unilateral que elabora anualmente el Departamento de Estado. Aunque el órgano legislativo tiene 45 días para pronunciarse sobre la “Certificación de Rescisión de la designación de Cuba como Estado Patrocinador del Terrorismo”, emitida por Obama, la decisión de la Casa Blanca es considerada como un hecho, porque en esa materia el fallo definitivo recae sobre el Ejecutivo.

Ni siquiera las presiones y maniobras de la congresista republicana Ileana Ros-Lehtinen, una de las más acérrimas defensoras de la política anticubana en Washington, tienen posibilidades de prosperar, según lo admitió la misma legisladora la semana pasada cuando declaró: “no podemos deshacerlo”.

El jefe de la Casa Blanca cuenta, además, con el apoyo de la ciudadanía, de acuerdo con los resultados de una encuesta reciente publicada por CNN/Opinion Research, según la cual 59 por ciento de los estadounidenses respaldan la decisión del mandatario.

Hace más de tres décadas, justo en marzo de 1982, la administración del entonces presidente Ronald Reagan incluyó al país caribeño en esa relación bajo el pretexto del apoyo de la Revolución cubana a los movimientos de liberación en América Latina y África.

Fuentes en Estados Unidos señalan también que Cuba fue agregada a la lista como pago a la contrarrevolucionaria Fundación Nacional Cubano-Americana por su apoyo a la política de Reagan contra Nicaragua.

Con el paso de los años y el cambio de la coyuntura internacional, Washington varió el discurso y recurrió a nuevas maniobras para tratar de justificar la permanencia de la mayor de las Antillas en esa lista, donde también están incluidos Siria, Irán y Sudán.

Esa postura se mantuvo hasta ahora pese a que el propio Departamento de Estado norteamericano admitió en su informe de abril de 2014 la inexistencia de información de que el gobierno cubano suministre armamento o entrenamiento a grupos considerados como terroristas.

El propio documento reconoce el papel de La Habana en las negociaciones de paz entre el gobierno y las insurgentes Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia para poner fin al conflicto más antiguo del continente.

Para Cuba la permanencia en ese listado ha significado un recrudecimiento de las sanciones que ya sufre a causa del injusto e ilegal bloqueo impuesto por Estados Unidos desde hace más de medio siglo.

Es bueno recordar que los países sindicados por el Departamento de Estado norteamericano tienen prohibidas algunas exportaciones, enfrentan restricciones para la asistencia económica y trabas para el acceso a los mercados financieros y sistemas de créditos internacionales.

De ahí el incremento de la persecución a las transacciones financieras hacia la nación caribeña, que tuvo entre los ejemplos más recientes la multa descomunal de más de ocho mil millones de dólares impuesta por Estados Unidos contra el banco francés BNP Paribás.

En un hecho histórico, el pasado 17 de diciembre Washington y La Habana anunciaron la intención de restablecer relaciones diplomáticas y avanzar hacia la normalización. Aunque la mayor de las Antillas no ha impuesto como precondición para el restablecimiento de los vínculos la salida de la lista, sí considera que esta es una cuestión de justicia y un asunto de vital importancia en el camino hacia la normalización de las relaciones.

En su reciente discurso en la Cumbre de las Américas en Panamá, donde Cuba participó por primera vez, el presidente Raúl Castro saludó el anuncio del jefe de la Casa Blanca de avanzar en ese sentido.

Aprecio como un paso positivo la reciente declaración del presidente Obama de que decidirá rápidamente sobre la presencia de Cuba en una lista de países patrocinadores del terrorismo en la que nunca debió estar, les decía, porque cuando esto se nos impuso resulta que los terroristas éramos los que poníamos los muertos, dijo Raúl.

Y es que durante el último medio siglo, pocos países como Cuba debieron enfrentar tantos atentados y sabotajes ordenados o apoyados por el gobierno norteamericano.

Entre sus múltiples ejemplos baste señalar el ataque mercenario por Playa Girón, el bandidismo en Pinar del Río y el Escambray, el atentado contra un avión de cubana donde murieron 73 personas en 1976, la introducción deliberada del virus del dengue y las más de 600 conspiraciones para eliminar al líder Fidel Castro.

Una meticulosa investigación histórica, jurídica y política reveló que esos ataques ocasionaron la muerte a tres mil 478 cubanos, en tanto que otros dos mil 99 quedaron incapacitados.

Resulta paradójico que uno de los países que más ha sufrido en carne propia por actos de terrorismo, se mantenga en la lista unilateral del Departamento de Estado, más aún cuando la nación caribeña es una de las más solidarias del mundo.

“Cuba nunca ha sido un país terrorista. Cuba ha sido un país pacifista y muy solidario con el mundo entero. Si Estados Unidos la ha incluido en esa lista se equivocó”, declaró recientemente el presidente de Bolivia, Evo Morales.

A pesar de ser un país bloqueado por Estados Unidos, en los últimos 55 años más de 137 mil trabajadores de la salud cubanos contribuyeron a salvar vidas en zonas de difícil acceso de 120 países del mundo, lo cual es una muestra del altruismo de la Revolución.( Carmen Esquivel /Prensa Latina)

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