Las Tunas, Cuba. Domingo 22 de Julio de 2018
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El hombre del fanguito

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Nibaldo Barcas Villamil

Nibaldo Barcas Villamil

Las Tunas.- Cada 17 de abril el combatiente de Playa de Girón Nibaldo Barcas Villamil recuerda aquel amanecer de 1961, cuando con apenas 20 años de edad portaba un fusil y el ambiente en el campo de tiro no era el de un día cualquiera, tanto que se movieron con mucha rapidez para subir a los camiones.

El desembarco de los mercenarios ya había ocurrido, y a las 7:00 de la mañana él se encontraba en el campamento de Columbia e iba a tirar por primera vez con el fusil FAL, pero supo después que había problemas en el país, una agresión, cuando en el camino encontraron carros con los tanques y cañones.

¿Dónde se encontraba en aquella fecha?

“Estaba en Guanabo, en la escuela de las Milicias Nacionales Revolucionarias, la escuela del Caribe de Boca de Jaruco, estaba loco por tirar con el fusil porque llevaba 15 días con él a cuestas; ese día tiré porque en horas de la noche, entrando al central Australia un avión nos roció la caravana y hubo compañeros heridos, nos protegimos a la entrada de dos ceibas”.

Un momento relevante

“La unidad de nosotros que éramos 829 compañeros estuvo ahí casi hasta la media noche que nos empezaron a repartir por puntos a la orilla del central Covadonga. El día 18 fue que nos llegó la noticia de que el Comandante en Jefe (Fidel Castro) estaba al frente de la tropa”.

“Yo te manifiesto así de caballero que cuando lo vi sufrí una impresión tan grande que digo bueno ¿y este hombre qué hace aquí?, porque la bala estaba rente a la  tierra y el miedo mío, o de todos nosotros, era que nos mataran al Comandante en Jefe; muchos conversamos eso entre nosotros, pero no, él fajao con el gallego Fernández dándole orientaciones por aquí y por allá”.

Atrapado en la ciénaga

“Yo caí en una tembladera, me enterré hasta la cintura con la mochila y el fusil, y me agarré a la raíz de un mangle, eso fue el día 18, casi al amanecer del 19.  En una caminata los compañeros míos siguieron y no se dieron cuenta,  a mí inclusive me dieron por muerto en el batallón 130 de La Habana.

“Y el miedo mío no era que me cogiera un tiro ni que  perdiera la vida  en combate, si no por los caimanes y cocodrilos que había en la ciénaga. ¡Sentí miedo de los animales!. Cada vez que me movía para salir me enterraba más, y decía aquí lo que hay es que estar tranquilo porque si no me va a tragar la tembladera.

“Entonces los cocodrilos te miraban ahí y se iban corriendo porque las bombas los tenían asustados. De ahí me sacó un combatiente de Puerto Padre, que no recuerdo el nombre. Yo tuve que caminar como cinco o seis horas para poderme empatar con la línea de combate mía,  y me decían el hombre del fanguito, pero ahí estuvimos como dos meses buscando armas, cadáveres, caminando mucho la ciénaga”.

Otra anécdota

“Nosotros salimos de la escuela en tenis, al segundo día los míos parecían la boca de un caimán, rotos, los dedos salían  por las cortaderas y pasando mucho trabajo, entonces me encontré muerto un mercenario. Yo tomé medidas de seguridad porque ellos traían radiecitos, cadenitas de oro, y cuando caía un mercenario muerto el otro le ponía un par de granadas debajo y si uno los tocaba te mataban.

“Entonces yo tuve que retroceder unos 30 ó 40 metros hacia atrás, le tiré un peine con el fusil y no explotó ninguna granada; lo que había era una pila de huesos pero tenía las botas puestas, y entonces con mucho cuidado me acerqué  y le quité las botas, y me fui para una charca, me lavé los pies y me las puse. Esas botas me duraron como cinco años… ¡Pero oiga!… cuando me puse aquellas botas ¡qué felicidad! ¡qué felicidad para andar por la ciénaga!”

La derrota a los mercenarios

“El 19 de abril, día de la Victoria, éramos la infantería y llegamos custodiando los tanques hasta la Playa de Girón. El Comandante dijo que había que juntar estera con estera y mojarlas en el agua porque antes de las 6:00 de la tarde había que meter a esa gente pal mar, a tiro limpio o como fuera, porque si no nos hacían una cabeza de playa, y el gobierno provisional estaba en los barcos. Una invasión no podía durar 72 horas.

“Después que se acabó estuvimos allí 100 días a la custodia del central Covadonga, Australia”. 

Dispuesto a la pelea

“Yo miedo, miedo, no sentí; miedo sentí cuando estaba en la tembladera, yo pensaba tantas cosas, que no iba ver más a mis hijos, a mi familia, todas esas cosas que cuando uno se queda solo se le juntan en la cabeza, y lo ponen mal a uno, pero siempre ponía mente positiva: yo de aquí tengo que salir, de quí  alguien me va a sacar.

Maceo dijo que todo por la Patria, y así con 74 años, si hay que salir a pelear voy,  tengo preparado mi uniforme verdeolivo.

“A los jóvenes, que tienen celular y otros equipos nuevos, les digo que hay que estar atentos y vigilantes frente a la propaganda subversiva del enemigo, es un combate sin ruido. La gente por el dinero es capaz de cualquier cosa”.

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Sobre Maira Castro Lora

Periodista. Graduada de la Universidad de Oriente. Oriunda de la provincia de Santiago de Cuba. Fue Jefa de Información y de Redacción. Es reportera de temas de la industria, la ciencia y la tecnología. Ahora se desarrolla como corresponsal de Radio Reloj en la provincia de Las Tunas y se mantiene colaborando para Tiempo21 y Radio Victoria. Es una profesional competente, que demuestra calidad en su labor diaria. @micelele

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