Las Tunas, Cuba. Lunes 11 de Diciembre de 2017
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Negocio de familia

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Negocio de familia

La esmerada atención a los animales es una de las claves del éxito de Rossel.

La Posta es un lugar apacible del municipio de Majibacoa, donde la vida pasa entre siembras y cosechas, ordeño de vacas y cría de todo tipo de animales domésticos, discusiones de pelota frente a la panadería (una de las mejores de la provincia de Las Tunas), niños que caminan raudos hacia la escuelita, personas que visitan el consultorio del médico de la familia para ver cómo marcha su tensión arterial y pedir algún que otro consejo al profesional de la salud; mujeres bonitas que se ponen sus mejores ropas para visitar Las Tunas en busca de un par de zapatos para ellas o sus hijos y esposos que las miran con una mezcla de orgullo y celo, cuando las ven salir y todos tienen que mirarlas.

Pero no solo es apacible este lugar, es también acogedor, por lo menos para el visitante, porque los de aquí quizás se aburran un poco de ver lo mismo todos los días, y cuando el forastero pregunta por alguien la respuesta es inmediata:

Negocio de familia

La limpieza es esencial para mantener la salud. (Tiempo21/Foto MiguelDN).

-¿Rossel, quién no lo conoce? Mire, allí, detrás de la panadería, por la calle del fondo, busque una casa de placa con un portal y una cerquita…

-Que tiene una cochiquera.

-Bueno, allí hay una cochiquera pero usted no la ve y mucho menos va a sentir los animales, porque ni gritan.

Y en efecto la casa de Rossel parece de cuidad, y no por el lujo, sino por la forma de la construcción: portal grande, placa, persianas, un pequeño jardín y amplio terreno a ambos lados, pero nada denota que en sus alrededores hay 160 cerdos que crecen por día.

-Rossel Reynaldo Batista, para servirles. Pero pasen, vamos para la terraza, que allí vamos a estar más cómodos.

Y el calor se sofoca con una limonada bien fría, sentados en taburetes en la amplia terraza que mira al patio donde hay un pozo profundo en el que los muchachos se empeñan en ver qué le pasa a la turbina que no hala, mientras Rossel proyecta su voz para dar algunas de las soluciones ante el problema que se ha presentado de momento, y, finalmente, la cochiquera que no lo parece por fuera, pero por dentro…

Todo es limpieza, amplitud de naves y, sobre todo, belleza de animalitos de un poco más de 50 días de nacidos, blanquitos y gordos, como de revistas, que corren raudos cuando ven a Rossel, pero sin echar ni un chillido, en un silencio que solo es consecuencia de sus estómagos repletos.

-Mira esto qué belleza –dice Rossel y toma a uno de los cerditos y le acaricia la cabeza y él de lo más tranquilo lo mira con sus grandes ojos negros-. Ahora mismo tengo 160 y no se ha muerto ninguno, algo difícil porque ellos llegan aquí con unos 33 días de nacidos, lo que supone un riesgo grande porque cuando lo destetas y lo alejas de su madre tan chiquitos siempre es un peligro porque quedan un poco indefensos.

-¿Y qué haces para lograr tan alta supervivencia?

-¿Qué hago? Cuidarlos como si fueran niños, porque son como los niños y en el esmero y el cuidado diario está la clave del éxito. De estos ya no se muere ninguno. Eso te lo puedo asegurar.

Rossel habla con una seguridad asombrosa, basado sobre todo en la experiencia en esta actividad, que le reporta más de 42 toneladas de carne entregadas a la empresa porcina al año, resultados que lo sitúan entre los mejores productores de la provincia, y ahora incrementará su aporte porque llegará a los 280 cerdos, una cifra impresionante, cuando 160 parecen un ejército de allá para acá en las diversas naves con que cuenta su cochiquera.

-Ahora estoy ampliando, esto va a llegar hasta allá, ¿ves? Y las cosas serán diferentes y el trabajo será más fuerte porque 280 animales es un reto en todo. Y después seguiré incrementando.

-¿No son muchos 280 animales?

-Es una locura –ríe a carcajadas-, pero una locura que quiero experimentar, y más y más, hasta que llegue al límite.

-¿Y cuál es el límite?

-Ni yo mismo sé, pero el problema es que ahora no soy el mejor pero estoy en la vanguardia entre los criadores y eso te compromete a más y más.

-¿Cómo en una competencia?

-No, como una forma de probar fuerza con uno mismo y porque a uno le va gustando eso de sentir que es importante el aporte para la alimentación del pueblo.

Es Rossel un hombre joven, de mediata estatura y fuerte complexión y fuera de su trabajo es difícil determinar que es campesino. Él se graduó de técnico de nivel medio en mantenimiento eléctrico industrial, pero no se acostumbraba a trabajar fuera de La Posta, porque era molesto viajar además de que a él lo que le gusta es el campo. Entonces descubrió la modalidad de productor de carne de cerdo y comenzó a experimentar.

-Creo que esto es lo que más me gusta, y no solo por las ganancias económicas, sino por el aporte social, y porque es rico ver crecer a estos animalitos que llegan aquí indefensos y se van con más de 120 ó 130 kilogramos, como mínimo, después de unos pocos meses de intenso trabajo.

-¿Cuántos trabajan aquí?

-¿Cuántos? Mi esposa, uno de mis hijos, un sobrino y yo, que soy el que más tiempo pasa fuera porque ando buscando comida y medicinas…

-¿No son pocos?

-¡Qué va! Nosotros nos bastamos, pero no solo son los cerdos, tenemos ganado mayor y menor, siembras de cultivos, por lo que el trabajo es constante.

Hace casi 20 años que Rossel cogió sus primeros cerdos para experimentar, como un pasatiempo, como él dice. Pero a medida que la labor diaria lo adsorbía se daba cuenta de que no podía trabajar fuera de la casa.

-Ahora todo lo que hago es por la cooperativa de créditos y servicios Antonio Fernández, a la que pertenezco, que me apoya en todo. Además, con la perfección que ha experimentado esta forma de producción, la fuerza porcina ha crecido y hoy somos una gran familia en toda la provincia.

Rossel Reynaldo Batista es todo un profesional en la producción de carne de cerdo, no solo por su experiencia sino por su preparación académica en cursos especializados en la capital cubana, donde le han enseñado todos los secretos de esta raza a la que él se dedica. Y se ha ganado un nombre en la provincia por su seriedad, empeño y resultados en una tarea que resulta vital para la alimentación de la población.

 

 

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Sobre Miguel Díaz Nápoles

Periodista, fotorreportero, realizador de radio y vídeo, profesor universitario. Master en Ciencias de la Comunicación. Su pasión profesional va de las imágenes a la palabra hablada y escrita. Cuando nadie lo ve escribe versos para luego regalarlos envueltos en flores. Vivió en África tras la huella de los médicos cubanos por los pobres de este mundo y trabajó por más de un año como editor de contenido en TeleSur, su mejor escuela, su mejor historia. Se hizo periodista para ayudar a empujar a su país y a multiplicar las voces de lo desposeídos. Siente orgullo por vivir en un país libre y haber ayudado a la causa de la Revolución bolivariana. Para él, Tiempo21 es otra de las grandes historias de su vida, de sus grandes pasiones. Ama a sus hijos y a su familia, su gran sustento, su gran verdad. dnapoles@enet.cu Blog: http://migueldnet.blogspot.com/

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