Las Tunas, Cuba. Viernes 18 de Agosto de 2017
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Contra la homofobia

El mundo contra la homofobia en una jornada que incia en abril y se extiende hasta el 17 de mayo.

Las Tunas-. Tengo un amigo homofóbico, joven periodista apasionado, que nunca ha visto Fresa y Chocolate porque “es una película de homosexuales y lo único que hace es darle espacio y voz a esa gente”.

Sé del padecer  del más  reciente viaje a La Habana de otro tunero, al que le  tocó compartir asiento en la guagua  con “un enfermo de esos”  y se cambió al único sitio vacío (por roto);  llovió en el camino, el agua se filtró y la gripe que sobrevino pudo acabar peor, aunque  fue solo eso, una gripe: “pero primero muerto que ocho horas de guagua al lado de un m…”, me dijo.

Mi tío, cuarentón  y terco, por poco muere de disgusto el día en que su hijo adolescente llegó a la casa a estudiar con un grupo que incluía a un muchacho con arete y pelo largo; y poco le importó que el joven en cuestión estuviera todo el tiempo de la mano de su novia, “tiene aretes y el pelo largo, va por mal camino y  no es compañía para el niño, ¡qué va!”.

Y yo reía y recordaba, como hago ahora, el dicho que le he escuchado toda la vida: “hombre, lo que se dice hombre, pelo corto, sin aretes y carácter mija, mucho carácter”; ¿se imaginan?, el carácter de mi tío está más o menos entre las piernas de alguien, sería hasta cómico si no fuera radicalmente triste.

Y es triste, pero  también conozco algunas historias de la otra cara de la moneda.

Recuerdo ver a una amiga de infancia, talentosa y feliz,  languideciendo y recuerdo el drama interior que fue para ella asumirse como homosexual: no puede ser – me decía entonces-  yo quiero ser distinta pero no puedo, a mí me gustan las mujeres, ¿qué hago para no ser así?

Sus lágrimas fueron muchas y con ella las de quienes le queríamos distinta, especialmente su mamá y fue duro su “combate” interior por asumirse entera y lo logró, pero  muy a fuerza de empellones, miradas burlonas y “amigos amiguísimos” que dejaron de contestar, incluso, sus buenos días.

Me viene a la menta la historia que me contaran otro día, la del padre “macho” que negó el saludo a su hijo homosexual pero acudía puntualmente a la cárcel para dar un beso y todo su apoyo a su otro hijo, el mayor, que estaba preso y siempre decía al que le preguntaba para donde iba: “voy a ver al niño porque se equivocó, sí, pero  a un hijo jamás se le abandona”. … ¿Y entonces?

No sé, estoy absolutamente convencida de que hemos ganado mucho los cubanos en materia de igualdad, respeto y autodeterminación, sé también que no se destierran siglos de machismo en unas décadas y también tengo la convicción de que si comparamos a Cuba y su realidad homofóbica con la del resto del continente americano, por ejemplo, tenemos una verdad de privilegio.

Debe resultar  difícil, no lo dudo,  asumir una orientación homosexual dentro de cualquier familia de “sangre caliente” y “profundas  creencias” como suelen ser las de este país bendito y nadie está dentro de la cabeza de otra persona al punto de poder dar recetas de lo que se debe hacer o no; y claro, tampoco nadie tiene ese derecho; pero ofender, excluir, humillar y “vacilar” como decimos en Cuba, me parece, es actitud denigrante que todavía pulula y dice mucho de lo que ya no debería primar, al menos, en algunos círculos de nuestra cotidianeidad.

Soy fiel defensora del derecho de cada ser humano a elegir su orientación sexual y defenderla, a su manera, desde sus valores, su ética y sus normas; me encanta  saber, me han dicho algunos, que Las Tunas es una de las provincias cubanas más tolerantes con estos temas en sus dinámicas de vida; eso confirma que estamos, al menos, en el camino de los que se incluyen.

Creo que lo más importante es el Ser Humano, en mayúsculas, sin importar qué pasa detrás de la puerta de su cuarto y entenderlo así, pienso, nos hace mejores.

De eso me dio lección de vida  la foto que vi  de una señora que marchaba en La Habana abriendo una jornada contra la homofobia, hace unos años,  y traía  en sus manos alzadas un cartel grande que decía: “Tengo un hijo homosexual y es un hombre maravilloso”.

/mdn/

 

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Sobre Esther de la Cruz Castillejo

Periodista. Licenciada en Comunicación Social en la Universidad de Oriente. Máster en Ciencias de la Comunicación por la Universidad de La Habana, 2009. Diplomada del Instituto Internacional de Periodismo José Martí, de La Habana. Desde su graduación se desarrolla profesionalmente en Radio Victoria y se desempeña como reportera para atender los temas de la educación. Es miembro de la Unión de Periodistas de Cuba. @vozcubana

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