Lecturas

Vilma

La figura de Vilma Espín se mantiene viva.
La figura de Vilma Espín se mantiene viva.

Las Tunas.- Vilma Lucila Espín Guillois nació en Santiago de Cuba el siete de abril de 1930. Hace de eso, hoy, 85 años.

Mi abuela, que la conoció allá por fines del 70  del  pasado siglo y se jacta, con orgullo, de haber estado cerca de Vilma toda una jornada de trabajo, siempre me dice: “era dulce, fuerte y tenía la mirada de una mujer buena”.

Tengo que confesar que es Vilma una de las personas que más admiro en la Historia reciente de Cuba: hizo méritos propios, no vivió a la sombra pero  tampoco era centro innecesario, madre de cuatro hijos nacidos y crecidos en el combate diario que  fue su vida por una causa y por los demás  y no fue menos, jamás, a pesar de la potencia descomunal del apellido de su esposo, Castro Ruz.

Ella vivió su tiempo, a su manera, desde sus conceptos y estuvo en el centro del cañón de la clandestinidad en la mismísima Santiago de Cuba, al lado de Frank: serena, intensa, laboriosa, leal; no olvidó jamás  a sus muertos y lo tuvo todo, todito,  para ser una “princesita de ciudad”  pero  apostó sus cartas a  la esencia, la pasión, la cubanía de su estirpe.

Confieso también que en la Universidad de Oriente, en mi primer día de estudios, agradezco a un entrañable profesor que nos sacó del aula y nos mostró los recovecos exquisitos de la sede de Quintero y  entre  las cosas que más me marcaron en aquel recorrido de Ciencia y Conciencia  estuvo el descubrir el  cuño de Vilma Espín en la Facultad de Química y  en las batallas más sonadas de  su paso por  la emblemática sede.

Estudió allí una carrera “de hombres”, en tiempos  “de hombres” y lo hizo siendo dulce y mujer; luego  se enfrentó, más de una vez, a los sicarios de Batista, delante, sin miedo y fue respetada en las calles del llano: la guerra más dura que libró este país, la más peligrosa, la más anónima y la más encarnizada.

Una mujer de muchos pasos y un solo camino; el que ella misma decidió, el que escogió, al que consagró su transitar  por la vida. Una mujer de anécdotas, huellas importantes y andar sencillo. Un ejemplo.

/ymp/

 

 

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