Las Tunas, Cuba. Domingo 22 de Julio de 2018
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Ni gris ni rosa

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Universitarios Cuba

Los jóvenes cubanos tiene en sus manos el futuro de la Patria.

Se dice fácil, pero está lejos de serlo: Cambiar toma tiempo y cuesta trabajo, sobre todo cuando lo primero por transformar es la mentalidad de quienes han de protagonizar los cambios. Para colmo, bien sabemos que algunos, en vez de “actualizaciones”,  necesitarían un nuevo “disco duro”.

Como Pi en las matemáticas, el perfeccionamiento de la vida interna es desde hace bastante rato una constante en la agenda de la Unión de Jóvenes Comunistas.  A revolucionar y consolidar su desempeño se ha llamado hasta casi pecar por exceso, pero, mal que nos pese, la batalla no puede darse ni remotamente por ganada. Los debates camino al X Congreso lo demuestran.

“Demasiado formal, aburrida, solo para reunirse y cotizar”: He aquí una opinión reiterada, lo mismo en los espacios para la conexión y el diálogo entre jóvenes -militantes y no militantes-, que en las propias asambleas de balance de la UJC, celebradas a nivel de base y en distritos y municipios.

Así dicen verla y sentirla no pocos dentro y fuera de sus filas. Y habría que preguntarles, específicamente a los que están -los que militan-, por qué tiene que ser así, qué impide borrar esa imagen, dejar definitivamente atrás lo que lamentan y critican, y construir la organización audaz, alegre, impetuosa,  toda bríos y frescura, que tanto desean.

Hace más de dos años, y tras amplio proceso que incluyó la consulta a la membresía, fueron modificados sustancialmente los documentos rectores de la UJC, y entre los cambios está el reconocimiento explícito en los Estatutos a las organizaciones de base, de un protagonismo y autonomía mayores en su  “día a día”.

Cuanto había que poner en blanco y negro y aprobar, fue escrito y acordado, pero que los cambios logren saltar del papel a la vida depende de la gente, de su disposición y capacidad para modificar realidades, métodos, conductas y mentalidades.

Actor y destino principal de las transformaciones, el comité de base resulta, paradójicamente, el eslabón más débil. Todavía hoy muchos no entienden ni asumen la trascendencia y alcance del paso; lugares hay donde la UJC sigue funcionando como hace quién sabe cuántos años, y militantes que, al menos hasta este balance, ni sabían de los nuevos Estatutos y Reglamento. ¡Ojalá se hayan “desayunado”!

Y a los desinformados debemos sumar aquellos militantes -y cuadros también- que no se dan por enterados, se resisten a la idea de cambiar, no saben qué hacer si alguien no se los dice o creen que, para no cometer errores, lo mejor es esperar a que otros piensen y decidan, y a que de “arriba” orienten.

Urge romper el hielo (léase inercia) y eso toca a la militancia, como toca a los cuadros, profesionales o no -los primeros, por supuesto, los secretarios generales de las organizaciones de base-, liderar, alentar, facilitar e impulsar las transformaciones.

La UJC no tiene por qué ser gris ni aburrida. No tiene y no puede serlo o siquiera parecerlo. Pero, ojo con los extremos. Hablamos de una organización política, y nada de lo que se haga puede distanciarla de sus prioridades y misiones, vaciar su contenido ni menoscabar su esencia como vanguardia política de las nuevas generaciones, la Juventud del Partido Comunista de Cuba.

¡Claro que no “está” solo para cotizar, reunirse, levantar actas y entregarlas en tiempo y forma! En la vida de una organización eso es el abecé, lo mínimo indispensable para no faltar a la regla “funciono, luego existo”; aunque pensándolo bien, incluso a tan elementales “rutinas” no les vendría mal un segundo aire, sobre todo para ser más productivas.

Con esto quiero decir que, por ejemplo, el destino de un acta jamás debiera ser engordar polillas o dormir el sueño eterno en una gaveta, y que la reunión del comité de base, esa a la que tantas veces se va a regañadientes o se buscan pretextos para no ir y así evitarse la pérdida de tiempo que supone escuchar, repetir y callar mes tras mes las mismas cosas, puede resultar todo lo contrario si el debate se abre a lo esencial en cada lugar y a lo que inquieta, interesa y ocupa a los jóvenes, militantes y no militantes.

Ahora mismo, ¿cuánto no se ha hablado en el proceso orgánico del X Congreso sobre empleo juvenil y la atención a los que comienzan su vida laboral? ¿y quién si no el comité de base ha de acompañar al joven en su etapa de adiestramiento, sin perder de vista lo mucho que el verbo acompañar supone?

Definitivamente, hay que empezar a pensar y actuar en todas partes como vanguardia, hacerse sentir con la fuerza del trabajo y del ejemplo; “buscarse” problemas, dejar de dar por hecho lo mal hecho. La apatía jamás será atributo de un joven comunista y ese estado vegetativo en que algunos pasan años, en espera de la baja natural, nada tiene que ver con la auténtica militancia.

En el campo de batalla fue parida la UJC hace 53 abriles, luchar está en su ADN, y es justo esa vocación para el combate una carta a la que puede apostar todo, segura de ganar.

¿Qué?  Lo primero y más importante prestigio, liderazgo, representatividad e influencia cada vez mayores entre quienes no están en sus filas y, entre los que están -y a los cuales también ha de formar- el ímpetu renovado, la reafirmación de un compromiso sentido y ese orgullo de pertenecer, esenciales para contagiar a otros las ganas de ser y de hacer, que a fin de cuentas son la mejor palanca de cambio. (María Elena Alvarez Ponce, Agencia Cubana de Noticias).

/edc/

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