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“Yo acuso”, uno de los artículos más famosos en la historia del periodismo mundial

Escritor francés Émile Zola
Escritor francés Émile Zola

Si muy divulgada y leída en gran parte del mundo ha sido la excelente obra literaria del escritor francés Émile Zola – en especial novelas como Therese Raquin, Germinal o Naná –  no lo es tanto su digna posición y participación en la realidad socio-política de la Francia de su tiempo.

En ocasión de cumplirse este 2 de abril el aniversario 175 del natalicio (París, 1840) del insigne novelista, periodista y ensayista, es oportuno recordar, especialmente, su valiente postura en el célebre “Caso Dreyfus”, uno de los acontecimientos histórico-jurídicos más relevantes de la segunda mitad del siglo XIX, que movilizó a muchos intelectuales y a gran parte de la sociedad francesa hacia una posición crítica ante un tortuoso juicio de Estado y puso en jaque los procedimientos de las instituciones judiciales.

Según una breve reseña del caso publicada en la enciclopedia digital cubana (ecured.cu), el proceso se originó a partir de 1894, cuando una empleada de la embajada alemana en París encontró documentos militares franceses en un cesto.

Los investigadores del ejército galo concluyeron que el espía que transmitía datos a los germanos debía ser un oficial artillero y el joven capitán Alfred Dreyfus constituía en aquellos tiempos un perfecto “sospechoso”: tenía origen judío y era natural de la región franco-alemana de Alsacia, cuyos habitantes solían ser frecuentemente acusados de simpatizar con Alemania. Se inició, entonces, un largo, injusto y amañado proceso judicial que se extendió en total durante 12 años.

Inicialmente, una burda investigación llegó a la conclusión de que Dreyfus era el culpable, sin tener más indicios que un leve parecido caligráfico con los documentos en cuestión, y un consejo de guerra condenó al joven oficial por traición y determinó su expulsión del ejército y su envío al presidio de la Isla del Diablo (Guayana).

Es preciso recordar que en aquella época el antisemitismo estaba extendido por toda Francia y acusando a un “extranjero”, el ejército alejaba cualquier sospecha de sí mismo.

La causa se dividió en dos bandos: por un lado, el gobierno derechista, el ejército nacionalista, la Iglesia Católica y los partidos conservadores, que acusaban a Dreyfus y, por el otro,  las fuerzas progresistas integradas por republicanos, socialistas y anticlericales, que eran lideradas por prestigiosos intelectuales como Émile Zola y Jean Jaurés, entre otros que hicieron suya la lucha por los derechos humanos en la República.

Zola, en especial, tuvo una activa participación en la defensa del joven injustamente apresado, pues divulgó en la prensa varios artículos en apoyo a la causa de Dreyfus y de los judíos franceses en general, que tuvieron su punto culminante en enero de 1898, cuando publicó en el periódico La Aurora el famoso artículo “Yo acuso”, una carta abierta al presidente de Francia en la cual denunciaba todo lo que era falso en el caso Dreyfus, y mencionaba por sus nombres a los principales militares implicados.

El artículo finalizaba con estas valientes palabras: “No ignoro que, al formular estas acusaciones, arrojo sobre mí los artículos 30 y 31 de la Ley de Prensa del 29 de julio de 1881, que se refieren a los delitos de difamación. Y voluntariamente me pongo a disposición de los Tribunales. En cuanto a las personas a quienes acuso, debo decir que ni las conozco ni las he visto nunca, ni siento particularmente por ellas rencor ni odio. Las considero como entidades, como espíritus de maleficencia social. Y el acto que realizo aquí, no es más que un medio revolucionario de activar la explosión de la verdad y de la justicia. Sólo un sentimiento me mueve, sólo deseo que la luz se haga, y lo imploro en nombre de la humanidad, que ha sufrido tanto y que tiene derecho a ser feliz. Mi ardiente protesta no es más que un grito de mi alma. Que se atrevan a llevarme a los Tribunales y que me juzguen públicamente. Así lo espero”.

Increíblemente, pese a la falta de pruebas y a la contundente defensa de Zola y sus seguidores, la inocencia de Dreyfus no fue oficialmente reconocida hasta 1906, 12 años después de iniciado el escandaloso proceso, cuando debido a la gran presión que ejerció la sociedad francesa la Corte de Casación emitió una sentencia que anuló los cargos contra el joven.

Zola, por su parte, luego de la amplia divulgación que tuvo su fenomenal artículo “Yo acuso” en 1898, fue condenado por difamación y también amenazado, por lo que se vio obligado a acudir al destierro en Inglaterra, de la que no retornó a Francia sino hasta un año después, donde murió el  29 de septiembre de 1902, asfixiado por la defectuosa combustión de una chimenea, hecho que suscitó muchas sospechas dadas las reiteradas amenazas de muerte que había recibido.

Pero, al bien ganado prestigio que lo inmortalizó como un excelente periodista y escritor considerado “padre del naturalismo literario”, Émile Zola sumó una digna actitud que lo perpetuó también como un paradigma de intelectual vinculado a su sociedad y a las causas más justas de su tiempo.

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