Las Tunas, Cuba. Viernes 20 de Octubre de 2017
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La muerte de Neruda contada 40 años después

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Pablo Neruda

Pablo Neruda

Si en fechas anteriores a septiembre de 1973 a Manuel Araya le hubiesen dicho que acompañaría al poeta chileno Pablo Neruda en los últimos días de su vida, sencillamente hubiera tomado por loco a su interlocutor.

A pesar de que en noviembre del 72, el Partido Comunista de Chile le encomendó la seguridad del escritor, lo cierto es que el entonces chofer y asistente personal de Neruda jamás imaginó que las acciones desencadenadas luego del golpe de estado del General Augusto Pinochet al presidente constitucional Salvador Allende traerían consigo el fin del bardo.

Pensábamos que por tratarse de un Nobel de Literatura chileno estaría a salvo, comenta Araya por estos días de visita en Cuba, pero estábamos equivocados.

Aunque la muerte del autor de Veinte poemas de amor y una canción desesperada se le atribuye al cáncer de próstata, sus familiares -y específicamente Araya-  siempre han tenido la certeza que se trata de un asesinato.

Trataron de borrar todas las huellas de Neruda: primero eliminaron a dos hermanos del chofer anterior, luego fueron a por sus amigos, asegura.

En la madrugada del 11 de septiembre del 73, rememora el también presidente de la ONG La Defensa del Patrimonio Nerudiano, cuando en Chile apenas se tenían noticias del golpe, Neruda conocía del suceso a través de una radio argentina. Más tarde aparecería un buque de hierro en las cercanías de la casa en Isla Negra y cuatro camiones irrumpirían para saquearla y quemar sus libros.

Estos acontecimientos, unidos al asesinato del cantautor y activista político Víctor Jara, propiciaron que el 19 de septiembre Matilde Urrutia, esposa de Neruda, y Araya se dieran a la tarea de trasladarlo hacia Santiago de Chile utilizando como pretexto una falsa enfermedad. Sin sospechar, acaso, que en aquella habitación 406 de la clínica Santa María, justamente 12 días tras el golpe, moriría el poeta.

Me estoy quemando por dentro, me dijo, mientras señalaba la manchita rojiza en el estómago, símbolo de la inyección que le habían puesto, cuenta Araya, quien asegura que la verdadera historia del fallecimiento de Neruda a causa del envenenamiento podría haber sido develada con anterioridad, a no ser por Matilde Urrutia que prefirió permanecer callada antes de perder sus bienes.

Según indica Raúl Valdivia, también de visita ahora en nuestro país y quien ha dedicado los últimos 20 años a defender el legado del escritor chileno, existen diferentes indicios sobre la veracidad de esta hipótesis: el médico que le propinara la inyección no aparece en ningún registro, ni en clínicas ni universidades u otras instituciones de salud, las cuales coincidentemente pasaron a ser rectoradas -decreto mediante- por las Fuerzas Armadas.

Asimismo, continúa, en el centro hacia donde trasladaron a Neruda no existe ficha técnica del ingreso, mientras que con el propósito de alejar a Manuel Araya del lugar, ese mismo día lo enviaron a buscar unos medicamentos a una farmacia relativamente lejos, aún cuando había otras más cercanas.

Por último, desde el punto de vista médico se conoce que todas las inyecciones son intramusculares,  no estomacales; concluye Valdivia.

De esta manera, las investigaciones en torno al presunto asesinato de Pablo Neruda comenzaron desde el año 2011, cuando las autoridades chilenas procedieron a exhumar el cadáver, a pesar de algunas protestas que asumían este hecho como una profanación a su memoria.

En Chile, sin embargo, un equipo jurídico conformado por Rodolfo Reyes, abogado y sobrino del Nobel de Literatura sudamericano, junto a otros expertos, laboran para esclarecer el crimen. En el campo científico-médico, explica Reyes, contamos con la colaboración del doctor Cristiano Rego, de reconocida trayectoria, y Gloria Ramírez, especialista en laboratorio.

En su visita a La Habana, tanto Manuel Araya, Raúl Valdivia, como Rodolfo Reyes, alegan trabajar incansablemente para proteger el legado de quien fuese considerado por muchos uno de los poetas más significativos de Latinoamérica. (Lorena Sánchez García, Agencia Cubana de Noticias).

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