Las Tunas, Cuba. Miércoles 13 de Diciembre de 2017
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Maribel

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Maribel, 24 años educando.

Maribel, 24 años educando.

Las Tunas.- Maribel tiene 24 años de trabajo  en Círculos infantiles y 22 de ellos, lo dice orgullosa: en el  “Cederistas del futuro”; el de la calle Martí, el espacio en el que la reciben  “sus niños”  cada día.

Verla llegar  es todo un ritual: siempre cerca de las ocho de la mañana, en su fiel bicicleta azul, peinadita y arreglada como en día de fiesta; cinco minutos después, parece otra.

La bici, se guarda;  los aretes, también; el peinado lindo se suple por un sencillo pellizco que le recoge el pelo al centro de la cabeza y aparecen, junto al uniforme de trabajo, una falda cómoda, casi siempre ancha y unos zapatos viejos, de esos que usamos y usamos porque son los más cómodos, los de estar “en la casa”.

Y sí, para ella es llegar a la casa, porque ahí, en ese lugar, en ese mismo salón,  ha visto pasar la vida y con ella a muchas generaciones de pequeños que la necesitan cómoda, entera y  más de una vez llegan, años luego, con sus propios hijos, cambiados y con otro brillo en las miradas pero los mismos ojos – me cuenta- a los que secó lágrimas y mostró rutas salidas  de su existencia misma.

Me maravilla  y mucho, la capacidad  que tiene  Maribel para recordar detalles de los niños de una generación a otra; para saber sus nombres y no pasar por alto, jamás, las características que a cada uno de los infantes les van haciendo distintos, únicos, especiales.

Así recuerda a Jorgito, pero no al bisoño que mientras conversamos no deja de llorar por su mamá, recuerda al otro, al que se fue al Seminternado y no ha vuelto a ver pero que se agarraba de su falda todo el día y la acompañaba hasta cuando necesitaba usar ella el teléfono porque solo, solo se quedaba,  con la Tía Maribel.

Habla así mismo de Osmanito, de Miguel, “¡ese Miguel, que era tremendo!” y de Rosalí, que mordía a todos los niños ante la consternación de sus padres y de Marco, Fernando, Beatriz, Adriana… y de muchos más;  y mientras lo hace, sonríe.

La vista se le pierde en el patio y le hago una pregunta más, una sola,  pero no me responde; está lejos, quizás los ve correr, le viene a la cabeza algún sofoco de antaño  o tal vez piense  que está cansada y ya es hora de dejar de ser testaruda y cambiar de Círculo Infantil, porque este, el de sus 22 años de trabajo,  le queda a poco más de tres kilómetros de distancia  de su casa y tiene que recorrer casi toda la ciudad en bicicleta para llegar a tiempo y en el camino, pasa y repasa por otros Círculos, con niños inquietos, aunque  no son los suyos.

Al rato me mira y responde otra pregunta, la que no le hice pero que ella escuchó porque, tal vez, se la hizo a sí misma: “esto tiene que gustarle a una, porque es muy difícil, yo llego  muerta de cansancio a mi casa, pero a mí me encantan, me encantan los niños, es una cosa que no sé explicarte, yo no podría trabajar en otra cosa,  dedicarme a otra cosa, te lo aseguro”.

Yo tengo la certeza de que me dice la verdad, ella es amplia, como su sonrisa y transparente como la mirada de los pequeños que la buscan, le dan quejas cuando otro les quita el juguete y la tiene todo, todito el día, en jaque.

/edc/

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Sobre Esther de la Cruz Castillejo

Periodista. Licenciada en Comunicación Social en la Universidad de Oriente. Máster en Ciencias de la Comunicación por la Universidad de La Habana, 2009. Diplomada del Instituto Internacional de Periodismo José Martí, de La Habana. Desde su graduación se desarrolla profesionalmente en Radio Victoria y se desempeña como reportera para atender los temas de la educación. Es miembro de la Unión de Periodistas de Cuba. @vozcubana

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