El legislador Juan Gualberto Gómez

Cuba.- El cinco de marzo de 1933 fallece, en una sencilla casa llamada Villa Manuelita, del capitalino barrio de Mantilla, Juan Gualberto Gómez, a quien el Héroe Nacional de Cuba, José Martí, llamó su hermano negro.
Martí destaca en una valoración del patriota y amigo: «él tiene el tesón del periodista, la energía del organizador y la visión distante del hombre de Estado».
Como señala en un artículo el académico José Ramón González Pérez, «su amplia ejecutoria posee aún numerosa aristas para ser estudiada, para divulgarla como ejemplo de los valores que deben estar presentes en un revolucionario militante».
Para los pobladores de la occidental provincia de Matanzas es su patriota insigne, méritos que alaban su figura (1854-1933), fiel continuador de las ideas antiimperialistas que impulsaron a Martí a proclamar la necesidad del equilibrio del mundo.
Nace en humildísima cuna y lleva el apellido de Felipe Gómez, dueño del ingenio Vellocino en la localidad de Sabanilla del Comendador, actual Juan Gualberto Gómez, a 135 kilómetros al centro-este de La Habana.
Sus padres esclavos, Fermín Gómez y Serafina Ferrer, compraron la libertad del pequeño por 26 pesos oro, según reseñas de investigadores.
Los progenitores lo envían a estudiar a Francia pero al mermar considerablemente la solvencia económica familiar, abandona los estudios en 1875.
Para sobrevivir en Europa, se desempeña como reportero o auxiliar de corresponsales de publicaciones belgas y suizas.
Tuvo la fortuna de servir como traductor en la capital gala del patriota cubano Francisco Vicente Aguilera, quien se dice le inculcó el amor a la independencia patria.
En marzo de 1879 Juan Gualberto coincide con Martí en el bufete de Nicolás Azcárate, donde estrechan relaciones, recuerda el periodista Reynaldo González Villalonga.
Pero, subraya el experto, ambos fueron apresados por sus actividades conspirativas contra la metrópoli española y enviados al destierro al país ibérico.
En el caso de Juan Gualberto, primero a Ceuta, después trasladado a Madrid y, a su regreso a la mayor de las Antillas en 1890, funda los diarios La Fraternidad y La Igualdad.
Historiadores sostienen que mantuvo comunicación con Martí, residente por ese entonces en Estados Unidos y quien lo designó como su delegado en la isla.
Fue pieza clave del movimiento revolucionario y es conocida su presencia, junto a Antonio López Coloma, al frente de un grupo de jóvenes insurrectos en el fallido alzamiento del 24 de febrero de 1895 en el área de Ibarra, cerca de Matanzas.
Historiadores sostienen que aún cuando ese fracasado intento fue un revés momentáneo, desde marzo hasta la llegada de la invasión tuvieron lugar en el entorno provincial numerosos combates contra las fuerzas españolas.
JUAN GUALBERTO, EL LEGISLADOR
Si bien la vida patriótica de Juan Gualberto ha tenido mayor divulgación y, por tanto, es más conocida su activa presencia en la lucha contra el colonialismo español, no menos apasionante es su entrega a la causa del pueblo cubano en la etapa republicana.
Como señala el profesor universitario González Pérez en un interesante texto, «el paladín de las causas democráticas, el republicano de probada entereza, nunca manchó su limpia trayectoria». Y añade: «Aunque siempre, como ocurre con los grandes, tuvo detractores, y aquellos que agazapados en malas intenciones no le perdonaron nunca la condición de patriota, revolucionario y negro, y si fuera poco, amigo entrañable de José Martí».
González Pérez recuerda que vencido el dominio español, Juan Gualberto fue electo miembro de la Asamblea de Representantes de la Revolución, por los Cuerpos del Ejército Libertador.
En una de las sesiones, presenta una moción en la cual expresa su preocupación sobre la forma de llevar a cabo el licenciamiento del Ejército de mambises, para que los combatientes no quedaran abandonados a su suerte.
Según el estudioso de la vida de este héroe, la participación de Juan Gualberto en la Convención Constituyente, a partir del cinco de noviembre de 1900, destaca en su clamor por la pureza de los procesos electorales y la adscripción a las leyes.
Otras vertientes del actuar incluyen sus planteos acerca de la expulsión de los extranjeros de conductas perniciosas, y el correcto tratamiento a las relaciones Iglesia-Estado.
Textos de cronistas destacan que Juan Gualberto resultó un firme opositor a la Enmienda Platt, impuesta por Estados Unidos, lo cual -aseguran- quedó demostrado en sus alegatos en la Convención Constituyente.
Allí argumenta con pruebas irrefutables, que ese apéndice anticonstitucional forzado por el gobierno estadounidense, era una forma evidente de lastrar la independencia de la nación caribeña.
Destacada fue su participación en esos años contra los regímenes subordinados a Washington desde Tomás Estrada Palma hasta Gerardo Machado, en particular, a partir de las páginas del cotidiano Patria.
Sin dudas, merecedor el 10 de mayo de 1929 de la Gran Cruz de la Orden de Carlos Manuel de Céspedes, Juan Gualberto Gómez fue un hombre cuya ejecutoria posee aún numerosas aristas para ser estudiada y divulgada como ejemplo de valores, acota González Pérez. (Wilfredo Alayón/Prensa Latina)

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