Las Tunas, Cuba. Viernes 20 de Octubre de 2017
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Félix Varela, precursor de una nación

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En  La Habana colonial  del primer cuarto  del siglo XIX el redoble de las bandas militares  anunciaban las ejecuciones a la entrada de la bahía y se escuchaba como  macabra resonancia  en las clases del sacerdote Félix Varela en el cercano  Seminario de San Carlos y San Ambrosio, donde predicaba las mismas  ideas liberales por las que  morían muchos de esos reos.

Aquel joven profesor de filosofía nació la Habana el 20 de noviembre de 1788,  y  al morir su madre pasó la mayor parte de su niñez con los abuelos maternos en la Florida, para entonces dominio de España.

A pesar de que su abuelo ostentaba el grado de  Coronel al frente de esa plaza, rechazó seguir la tradición familiar, pues su padre también  era capitán del ejército, al argumentar que su designio no era “matar hombres, sino salvar almas”.

Fue ordenado sacerdote en el Seminario de San Carlos y San Ambrosio a los 23 años de edad. Como estudiante se había distinguido también en la Pontificia Universidad de la Habana donde completó su formación  y  además  hablaba el latín y el inglés a la perfección, por lo cual figuraba como uno de los intelectuales más descollantes de la Isla.

Su talento no pasó inadvertido para  el entonces  obispo  de La Habana, José Díaz de Espada y Fernández de Landa, quien  consideró  a Félix Varela un aventajado discípulo y aliado en la obra que se había propuesto   de transformación del   pensamiento, la política,  la educación  y la  iglesia, entre otros aspectos en el país.

Es el propio Obispo Espada,  el cual tuvo una  formación  influenciada por  los enciclopedistas franceses moderados, quien incitó a Varela a ser el profesor más joven del Seminario a los 24 años  para impartir filosofía en 1811  y  Constitución en 1821, algo insólito  para las tradiciones del plantel que planeaba renovar el prelado demoliendo  siglos de enseñanza escolástica  y medieval.

Varela  sobrepasaría con creces las esperanzas de su mentor  cuando  en 1812,  durante  la invasión napoleónica a España, en La Habana  respaldó desde su cargo  la Constitución liberal  de Cádiz, que limitaba la monarquía inclusive para las colonias en América y que Varela  se encargaría de explicar e interpretar .

La aplicación a  la realidad cubana de  los derechos del hombre, los principios democráticos de la revolución francesa,  la crítica a la monarquía, la abolición de la esclavitud, nuevas formas de producción   y  métodos de experimentación para la enseñanza de las ciencias exactas  son algunos de los resultados más descollantes de su magisterio .

Sus ideas fueron seguidas en años posteriores  por  los  jóvenes intelectuales  José de la Luz y Caballero,  José Antonio Saco, Domingo del Monte y  Rafael María de Mendive, el maestro de José Martí, quienes  signarían el pensamiento político cubano para  conformar el concepto de Patria  y de independencia nacional, décadas después.

También fundó la primera Sociedad Filarmónica de La Habana, fue Socio de Mérito de la Sociedad Económica de Amigos del País, escribió obras de teatro,  textos de Filosofía, participó y animó tertulias culturales  y sus disertaciones aparecieron en la prensa de la época.

José de la Luz y Caballero dijo de su preceptor  que  \”mientras se piense en la Isla de Cuba, se pensará en quien nos enseñó primero en pensar.” Pero todo este proceso de cambios promovidos principalmente  entre los círculos ilustrados  de la colonia no transitó de manera fácil y conllevó a  graves consecuencias  a sus principales promotores.

Cuando Fernando VII, Rey de España, se vio seguro nuevamente en su trono absolutista y el peligro de terminar como un aguanta mampara de Napoleón Bonaparte había pasado,  derogó la Constitución y persiguió el movimiento liberal y de reformas.

El  Obispo de Espada se libró de ir   preso a una mazmorra en Madrid, según una orden en 1825 solo  revocada  por su delicado estado de salud  y anulada de manera definitiva en 1830, dos años antes de su muerte. Aunque  en 1828, el Vaticano lo acusó  de   hereje y masón.

Félix Varela  mientras estaba en la metropoli, fue condenado a muerte  por ser  representante de la Isla a las Cortes, de acuerdo con  la  nueva Constitución   que buscaba  establecer  la  autonomía e iguales derechos de ciudadanos españoles para los habitantes de las colonias y otros cambios.

Tuvo que huir en 1822 a los Estados Unidos y en  Nueva York, Filadelfia  y la Florida transcurrieron sus últimos años dedicado  a sus deberes como sacerdote en varias iglesias, benefactor de los pobres y a una activa labor de propaganda independentista que recogió en órganos de prensa  y libros.

Tempranamente condenó el anexionismo y dijo “yo soy el primero que estoy contra la unión de la Isla a ningún gobierno, y desearía ver la Isla en políticas como lo es en la naturaleza […]

Tanto resultó el efecto de sus prédicas que  el entonces capitán General  de Cuba, Dionisio Vives, tuvo que distraerse de su ocupación predilecta en el control del negocio ilícito, las peleas de gallo  y la prostitución en los tugurios habaneros, para organizar  un plan de atentado contra Varela en EE.UU.

Para ese fin  Vives envió a su sicario  El Tuerto Morejón  y le prometió 30 mil pesos para que asesinara a Varela en Nueva York, de donde regresó  el esbirro  atemorizado por su vida ante el resguardo que tenía Varela de sus feligreses irlandeses en la ciudad neoyorquina,  quienes advertidos desde la ínsula lo dejaron con vida quizás por respeto al noble cura.

Falleció Varela de los pulmones, afectados  por el frío,  al atardecer del 25 de febrero de 1853, en San Agustín, Florida, con la sotana raída y sumido en la más absoluta miseria. (Jorge Wejebe Cobo, Agencia Cubana de Noticias)

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