San Valentín de zozobras en Centroamérica por migrantes en riesgo

Chocolates, flores, lencería cara, y otros regalos por el Día de San Valentín poco significan para los familiares de personas que perdieron la vida o la arriesgan hoy con tal de llegar a Estados Unidos desde Centroamérica, reseña Prensa Latina.
Sólo el año anterior fueron deportados 18 mil menores de edad de la región desde México y Estados Unidos, hacia dónde huían con tal de evadir la situación de pobreza y violencia lamentables en sus países de origen, según la organización humanitaria Save the Children.
Múltiples riesgos enfrentaron esas niñas y niños durante su periplo hasta ser detenidos, e incluso después, por la vulnerabilidad que supone su condición clandestina y sin la custodia de un adulto o familiar responsable, recuerdan medios de prensa.
En tanto defensores de los derechos humanos coinciden en que los abusos sexuales, maltratos físicos, hacinamiento, extorsiones, y otros daños forman parte del panorama en el cual se sumergen todos los días los migrantes de Centroamérica con tal de llegar a Estados Unidos.
Datos del Centro de Documentación de Honduras refieren que cada jornada emigran 250 hondureños por vías ilegales y solo tres de cada 10 entran a Estados Unidos, en tanto los otros siete quedan clandestinos en México o son capturados por las autoridades de ese país, y repatriados.
Algunos logran evadir la vigilancia y se refugian en Guatemala para, de nuevo, reintentar el ingreso a México y luego a Estados Unidos. O sea, es un ir y venir, de acuerdo con el director de ese foro de análisis político, Víctor Meza.
Algo similar ocurre con los emigrados del resto de Centroamérica, que volvió a ocupar primeras planas en diarios de todo el mundo este año ante la crisis humanitaria por el éxodo masivo de miles de niñas y niños hacia el controversial sueño americano.
La fuerte oleada migratoria de menores, sobre todo de El Salvador, Honduras y Guatemala, puso en vilo a las autoridades de los países receptores y desató un escándalo internacional que obligó a la Casa Blanca a reestructurar sus ayudas hacia esas naciones.
Para Meza, como para otros expertos en estos temas, ese paso era necesario, porque la contención del flujo migratorio no se va a resolver con medidas draconianas, drásticas, de Estados Unidos.
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