Las lecciones de Kenia

Mientras haya vida, hay que seguir luchando
Fragmentos de Kenia Loy declamando.

Hace un año atrás Kenia Loy, licenciada en enfermería, jamás imaginó que su vida cambiaría de la noche a la mañana. Presumida siempre y con ansias de trabajo se levantaba cada día a realizar su faena y a cumplir su compromiso personal de estar siempre activa.
Por sus resultados y años de trabajo, se gana una misión para la hermana República de Venezuela y hacia allá parte con el espíritu laborioso que la caracterizó siempre. Luego de un tiempo en ese país, le descubren que tiene un tumor en el seno izquierdo y que necesita ser enviada a su país para atenderse rápidamente.
Kenia llegó a Cuba en muy malas condiciones, su familia creía que iba a morir, pero no dejaron jamás de estar a su lado y apoyarla incondicionalmente.
En medio de este proceso, como si el viento soplara en su contra, su esposo de varios años decidió divorciarse y dejarla a su suerte en un momento tan triste y delicado en el que lo necesitaba más que nunca. No era nada fácil tan cerca de la muerte  un golpe así para el corazón.
“Fueron dos noticias muy malas casi al mismo tiempo, pero salí adelante gracias a mi familia, mi mamá y mis dos hermanas que no me dejaron sola un instante y mi sobrinito que hoy es quien me da los deseos de seguir. También debo agradecerles infinitamente a los médicos que me atendieron en el hospital Hermanos Almeijeiras, de La Habana, en especial a Noide Batista, un joven médico que estudió en la Facultad de Medicina de aquí de Las Tunas y que desde que entré a ese hospital se hizo cargo de mi, tanto así que en la actualidad continúa siendo mi médico”.
Cada momento difícil que nos sucede a lo largo de la existencia son como lecciones, obstáculos que te convierten en una persona más fuerte, decidida, comprensiva, sensible y sobre todo, te hacen valorar cada segundo que transcurre a nuestro alrededor.
“Antes yo tenía una personalidad muy obsesiva, consagrada totalmente a mi labor, participaba en el sindicato de la cultura de locutora y mi trabajo era lo fundamental.  Ahora con la enfermedad, he aprendido a ser más pausada, a no estresarme. Desde ese momento acepté a Cristo en mi corazón y me ha ayudado a crecer espiritualmente. La esperanza es lo último que se pierde, mientras haya vida hay que seguir luchando”.
Hoy Kenia es feliz, ahora se levanta cada mañana disfrutando y agradeciendo a Dios la oportunidad de poder seguir al lado de su familia, sentir el sol en su cara, oír la risa de un niño, ver caer la lluvia, disfrutar la compañía de un amigo, apreciar los pequeños momentos de felicidad que le regala la vida.
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