Sonrisas para el Maestro

Sonrisas para el Maestro
Anaily se siente agradecida de su maestra Olga Lidia.

Todos los niños del mundo
vamos una rueda hacer
y en mil lenguas cantaremos,
en paz queremos crecer.
Martí lo dice en un libro,
que me lee mi papá:
nacen para ser felices,
el porvenir y la paz.

Los ojos de Anaily se llenan de lágrimas mientras canta esta canción que le enseñó Olga Lidia; de pronto las fuerzas flaquean y estalla a llorar. En la mirada de los presentes casi comienza a llover y la sorprende el beso y abrazo de su maestra que le pregunta porqué llora. La joven de 32 años, con un retraso metal severo, confiesa que está emocionada y la quiere mucho.

Sonrisas para el Maestro
René comparte con el profe Basulto una de sus recientes creaciones dedicadas a Martí.

Anaily González Wueb vive desde los cuatro años en el Centro Médico- Psicopedagógico Calixto Sarduy de Las Tunas, conocido como Impedido Físico. Antes la visitaba su padrastro, ahora la llegada de su profe y el cariño que le profesan los trabajadores de la institución de salud, es su única alegría. Tiene una memoria prodigiosa y la obra de José Martí la inspira.
Cultivo una rosa blanca
en julio como en enero
para el amigo sincero
que me da su mano franca.
Y para el cruel que me arranca
el corazón con que vivo,
cardo, ni oruga, cultivo.
Cultivo una rosa blanca.

Su profesora, la licenciada Olga Lidia Cobiella Barbán, ha dedicado 18 años a formar personas con retraso mental, desde moderado con agravante, hasta severo, y siempre bajo el precepto martiano de que “Patria es Humanidad”.
Sonrisas para el Maestro
Yoel aprende algunas manualidades junto a su profe Carlos.

“Yo estoy orgullosa de trabajar con este tipo de niños, porque hay que profesarles mucho amor, cariño, dedicación, y ayudarlos, y como dijo José Martí: Tengo fe en el mejoramiento humano, en la vida futura, en la utilidad de la virtud y en ti. Y tengo mucha fe en ellos”.
Yoel Utria Curbelo tiene 35 años y el carisma del cubano común. “Los zapaticos de rosa”, extensa poesía del Apóstol, vence sus necesidades educativas especiales, para con los matices de su criollismo recitarla.
Hay sol bueno y mar de espuma,
arena fina y Pilar
quiere salir a estrenar
su sombrerito de plumas.
Vaya la niña divina,
dice el padre y le da un beso.
Vaya mi pájaro preso
a buscar arena fina.
Yo voy con mi niña hermosa,
le dice la madre buena,
no te manches en la arena
los zapaticos de rosa(…)

De las manos de René Rondón Carrillo nace Martí convertido en cuadros que concibe con semillas y recortes de papelería. Su maestra encendió la llamita del arte y poco a poco el ingenio asoma a su vida.

Agustina Acosta, la Jefa de Cátedra del Área de Psicopedagogía, precisa que en el centro atienden a 115 pacientes; muchos han llegado con pocos años y ahora son mujeres y hombres que logran aprender y ser útiles dentro de sus posibilidades.
“Esta obra es maravillosa. Te vas encariñando y José Martí eso es lo que quería, mucho amor para estas personas que no están completos en la vida. Aquí se trabaja mucho la obra martiana”.
Yoel le hace un guiño a su profe Agustina porque quiere regalarnos un verso del Héroe Nacional de Cuba.
Yo quiero cuando me muera
Sin Patria, pero sin amo
Tener en mi loza un ramo
De flores y una bandera.

Los profesores Alejandro Basulto Ansardo y Carlos Arias Marrero, con cerca de 35 años en el Centro Médico- Psicopedagógico, afirman que desde el 2004 tienen una obra consolidada, de acercamiento a José Martí, y es una satisfacción cualquier desarrollo en los niños, como suelen llamarles, porque van preparándolos para la vida.

Anaily es una joven de sonrisa espléndida y aún con dificultades en su comunicación quiso hacernos partícipe de su sentimiento.
“Muchas gracias, que me enseñaron desde chiquitica. Cantar, recitar… y muchas cosas más”.
Ahora a Anaily le regresa la inspiración.
Todos los niños del mundo
Vamos una rueda hacer
Y en mil lenguas cantaremos:
En paz queremos crecer.
En pazzzzzzzzz, crecerrrrrr.

Entre los pasillos del Centro Médico- Psicopedagógico de Las Tunas está la obra del más universal de los cubanos. En la sonrisa de Anaily, René y Yoel renace cada día el maestro.

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