La familia y la escuela pilares en la educación de los jóvenes

Foto Internet.
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Las Tunas.- El tema de la educación es asunto de preocupación y ocupación para un amplio sector académico,  los medios de comunicación de nuestro país e incluso disímiles de personas interesadas en el futuro inmediato de los jóvenes.
Es vergonzoso ver en ocasiones el comportamiento y accionar de algunas personas en su vida diaria. Aunque nos duela reconocerlo, hemos asumido una actitud tolerante frente a estas desagradables conductas, que empiezan con la educación que recibimos desde la cuna.
Sin dudas, nos hemos descuidado en este aspecto. Lo sufrimos a diario cuando individuos carentes de todo pudor, transitan por nuestras calles y con absoluta tranquilidad, incurren en conductas impropias que se alejan de nuestras costumbres.
Es cierto que la familia se ha despreocupado y no da toda la atención a la formación de valores en los adolescentes. Como resultado, el joven traslada lo que, para bien o para mal, aprendió en el seno de su familia; actuar que tiene su repercusión e impacto social.
En el hogar se conoce de honestidad, disciplina y respeto; pero, también se puede promover todo lo contrario: egoísmo, engaño, indisciplina e irrespeto.
Es necesario retomar una actitud más resuelta, asumir un papel más educativo y formador, para transmitir valores que estén en estrecha relación con las normas de nuestra sociedad. Ambos, la familia y la escuela,  desempeñan un papel educativo en la formación de los jóvenes, por lo que su labor es imprescindible e insustituible.
Por tradición la escuela cubana, a través del contacto con los padres, los mantiene informados de la evolución de sus hijos en el aprendizaje y el comportamiento. Especial énfasis debe ser puesto en lo que respecta a la educación por todas las instituciones encargadas, pues en asunto de repercusión familiar tan significativa debe tomarse en cuenta cada vez más lo que piensa la familia.
Trabajemos con la familia sobre la base de incentivar una correcta transmisión de valores y así establecer una interconexión familia-escuela que nos permita sembrar confianza, para que nuestros valores sigan siendo legítimos e irrenunciables motivos de orgullo.
/edc/

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