Las Tunas, Cuba. Miércoles 20 de Septiembre de 2017
Home > Especiales > Lecturas > Una victoria sin precedentes: la Invasión a Occidente

Una victoria sin precedentes: la Invasión a Occidente

Share on FacebookTweet about this on TwitterShare on Google+Email this to someonePrint this page

La Habana.- La Invasión de Oriente a Occidente, tarea estratégica imprescindible de la Guerra de Independencia de Cuba, culminó el 22 de enero de 1896 en Mantua, dirigida por el Lugarteniente General del Ejército Libertador Antonio Maceo Grajales.

En lo que constituyó el principio del fin de la dominación colonial española en la Isla, encendida la llama redentora en todo el territorio cubano, nada ni nadie podría volver a extinguirla.

En la Columna Invasora, Maceo, el Titán de Bronce, tenía como Jefe de Estado Mayor al Brigadier José Miró, al frente de la Caballería al Brigadier Luis de Feria, de la Infantería al Brigadier Quintín Banderas, de la Sanidad al Coronel Joaquín Castillo y como Instructor el Coronel Pedro Vargas. La cifra de combatientes ascendía a mil 503 mambises, a ellos se agregaban unos 300 hombres en funciones de asistentes, ordenanzas y acemileros que en caso necesario podían combatir.

El contingente era esperado en el centro de la Isla por el General en Jefe del Ejército Libertador, Máximo Gómez Báez, quien había recomendado evitar encuentros con el enemigo hasta llegar a Las Villas, para ahorrar parque y reducir bajas.

El insigne Comandante de la armada invasora, a paso redoblado avanzó siempre a Occidente, dejó atrás a varias columnas españolas y solo cuando le fue cerrado el camino hubo de echar mano a su machete para rechazar a sus rivales.

El 8 de noviembre ya están en el Camagüey, que cual huracán atraviesan en 24 días, allí está la considerada infranqueable trocha de Júcaro a Morón, reforzada por el Alto Mando peninsular, pero esta no es impedimento para la escogida tropa mambisa y su invicto general en su impulso incontenible, capaces de cruzarla a los acordes del Himno de Bayamo.

Superado el casi inútil valladar español, a unos seis kilómetros más al oeste, Maceo abraza a Gómez en el campamento de la finca San Juan, cerca de Lázaro López, en los límites de la actual provincia de Ciego de Ávila, donde queda constituida de forma definitiva la fuerza invasora y el Generalísimo arenga a los mambises a “llegar a los confines de Occidente, hasta donde haya tierra española…, ” y afirma que “el día que no haya combate será un día perdido..” .

A partir de entonces, se suceden las acciones combativas de envergadura. El tres de diciembre, ya en territorio villareño, se libra el sangriento combate de Iguará, y luego de varias escaramuzas el 15 se habría de producir la principal acción de la Invasión a Occidente: la Batalla de Mal Tiempo, gran carga al machete con Gómez y Maceo al frente, que proporcionó 150 fusiles Máuser, 60 Remington, seis cajas de municiones, numerosos caballos y acémilas, equipos, el archivo, el botiquín y la bandera del Batallón de Canarias No. 42 como botín de guerra.

Días después el contingente invasor entró en Matanzas, ya pleno territorio del Occidente cubano, a los acordes del Himno Invasor, marcha patriótica compuesta por Enrique Loynaz del Castillo y Dositeo Aguilera el 15 de noviembre en la finca “La Matilde”, que había sido propiedad de la familia de Amalia Simoni, la viuda del Mayor General Ignacio Agramonte, el héroe del Camagüey, uno de los precursores de la idea invasora y llamado por Gómez el Sucre cubano.

El 23 de diciembre combaten en Coliseo, baten al enemigo y siguen hasta que el Generalísimo ordena hacer alto en Sumidero y de forma sorpresiva orienta tomar rumbo al sureste. Era una de las célebres estratagemas de Gómez, comenzaba la Contramarcha Estratégica o Lazo de la Invasión que duró seis días y provocó que el Capitán General Arsenio Martínez Campos desconcentrara tropas de las que había acumulado como un muro en la parte donde comienza a estrecharse la Isla para evitar que los invasores llegasen a La Habana. Estas fueron lanzadas en trenes a copar a los cubanos, que era lo que esperaba el hábil dominicano para retomar la vía al oeste no sin antes dejar heridos y enfermos en lugares inaccesibles de la Ciénaga de Zapata.

En el corazón del emporio agropecuario matancero, durante un breve descanso en el poblado de El Roque, Gómez deja un desafío a España: “Digan al general Martínez Campos que siga por el rastro de la candela si quiere seguir mi rumbo”, y junto a Maceo derrotan otra vez a las falanges hispanas el 29 de diciembre en Calimete.

Tras las acciones de Isabel y El Estante, el 1 de enero, por Bagáez, Nueva Paz, entran los invasores en los campos habaneros donde, mientras ellos celebran jubilosos el año nuevo de 1896, los colonialistas de la capital entran en pánico, establecen el estado de sitio, y reagrupan las columnas que operaban al sur de la provincia hasta a la periferia de la ciudad, para defenderla del ataque mambí que estaban seguros se realizaría en cualquier momento.

Sin embargo, los jefes insurrectos tienen otros planes, cruzan con rapidez las fértiles llanuras sureñas, entran en los pueblos que los reciben como libertadores, en ellos obtienen las armas de los voluntarios españoles que se rinden y además ropas, alimentos y otros utensilios que les brinda el pueblo agradecido y admirado de la audacia de aquellos tenaces combatientes.

El 5 de enero en Güira de Melena los integristas ofrecen una dura resistencia que es aplastada por un furioso asalto de Maceo, quien a la vez que gana un abundante material bélico, se comporta con su proverbial hidalguía con los valerosos vencidos.

El 7 de enero de 1896 se separan los grandes caudillos invasores. Maceo, con 1500 hombres parte hacia Pinar del Río donde toma el poblado de Cabañas en la costa norte y Gómez, con unos dos mil 300 mambises se queda combatiendo en territorio habanero “para cuidarle la puerta” al Lugarteniente, según expresara el Generalísimo.

Gómez desarrollará en esta región desconocida para él, la gloriosa Campaña de la Lanzadera, llamada así por los sistemáticos movimientos en todas direcciones para enfrentar las fuerzas y medios acumulados por el adversario, que nunca pudo descifrar la zigzagueante táctica del Viejo, que con este vaivén guerrillero los distraía con veladas amenazas de atacar La Habana, manteniendo en zozobra constante al Estado Mayor colonial.

El General en Jefe envió una profética carta a Martínez Campos, en la cual le expresa de forma caballerosa que era el momento de conceder la Independencia a Cuba, lo cual sería noble y oportuno, “de lo contrario, fuego y sangre es lo que manda el decoro y el honor !Eso haremos!”

En Pinar del Río el General Antonio tomó Mariel, Cabañas, Bahía Honda, se internó en la hermosa Sierra del Rosario, conquistó San Diego de Núñez, San Cristóbal, Los Palacios, Consolación del Norte y del Sur.

En Las Taironas, el 17 de enero se enfrenta a la poderosa concentración española del coronel Ulpiano Sánchez que logra derrotar. Luego se topa con al enemigo en Tirado, lo esquiva y tras agotadora jornada que lo lleva a atravesar la Sierra de Los Órganos por el Valle de Viñales, ocupa Paso Real de Guane y llega el 22 de enero a las tres de la tarde a Mantua, es el fin del camino, la Invasión a Occidente ha llegado a su ansiada meta. En los Mangos de Roque es recibido de forma oficial por las autoridades y vecinos de relieve, Maceo los atiende con caballerosidad, es un momento de júbilo en el confín más occidental del poder metropolitano, por la proeza ejecutada tan brillantemente por el caudillo invasor.

Al día siguiente, en la Sala Capitular del Ayuntamiento, en cuya asta ondeaba orgulloso al fresco aire de enero el pabellón cubano bordado por las damas del Camagüey, se firmó el Acta que dejó registrada de manera oficial para la Historia la gloriosa gesta de los mambises.

El triunfo de la Invasión a Occidente fue un hecho sin precedentes, pues el Ejército Invasor, que no pasó nunca de unos cinco mil soldados, recorrió en 92 días más mil 700 kilómetros, ocupó 22 poblados importantes, libró 27 combates de primera magnitud, capturó dos mil 040 fusiles y 77 mil tiros, resistiendo adversas condiciones climáticas de intensas lluvias y uno de los inviernos más crudos ocurridos en la Isla, y enfrentando a un enemigo que tenía 200 mil hombres sobre las armas, bien equipados y dirigidos por experimentados y valientes oficiales a los que les fue imposible contener el increíble raid planeado y ejecutado de forma magistral por Gómez y Maceo.

La Columna Invasora, integrada por muchos de los mejores oficiales y soldados de las fuerzas mambisas, era también una legión de patriotas solidarios, en la que militaron combatientes dominicanos, chilenos, colombianos, españoles, venezolanos, mexicanos, puertorriqueños, norteamericanos y chinos.

Baste recordar entre los hombres del Alto Mando cubano a los coroneles chileno Pedro Vargas Sotomayor y colombiano José Rogelio Castillo, el Brigadier catalán José Miró Argenter, Jefe del Estado Mayor, y el propio Generalísimo, el dominicano Máximo Gómez Báez.

Los resultados de la Campaña Invasora fueron magníficos: en lo militar se logró extender la guerra de liberación por el territorio nacional para obligar a los españoles a dispersar sus fuerzas, a la lucha independentista se incorporarían miles de nuevos combatientes, las expediciones que enviaba la emigración iban a poder arribar por cualquier punto de las costas cubanas y se elevó el prestigio de las armas mambisas.

En lo económico la “tea incendiaria” causó daños irreparables, afectó las fuentes de riqueza con que España financiaba sus ejércitos, fundamentalmente la zafra azucarera que descendió en más de dos tercios la producción.

En lo político se extendió el poder del Gobierno de la República en Armas a todo lo largo y ancho de Cuba y muchos pueblos y naciones del mundo apreciaron el nivel político de la Revolución y la justeza de su causa.

La Invasión a Occidente, joya del arte militar cubano, fue seguida por corresponsales de importantes diarios del mundo, y repercutió de inmediato en la prensa internacional. El periódico New York Herald dijo: “una de las más atrevidas en los designios de forzar líneas enemigas”, The Sun, expresó: “La estrategia del jefe revolucionario jamás ha sido sobrepujada en una guerra, la invasión se acerca a los prodigios de la leyenda Gómez ha desplegado admirable genio militar”, y el Times de Londres consideró que “la campaña de los españoles puede darse por fracasada”.

Otros compararon la proeza de Gómez y Maceo con las marchas de Aníbal Barca por los Alpes y José de San Martín por los Andes.

Enaltecida la hazaña de los mambises a los ojos del universo, era evidente que la razón estaba de parte de la Revolución emancipadora, que el triunfo cubano era solo cuestión de tiempo, y que el enérgico proceder de Gómez y Maceo haría realidad las proféticas palabras del Mayor Ignacio Agramonte: “Un pueblo amigo de la libertad y decidido a arrostrarlo todo para tenerla, alcanza siempre el laurel inmarchitable de la victoria”. (Rafael de la Morena/Prensa Latina)

 

Share on FacebookTweet about this on TwitterShare on Google+Email this to someonePrint this page

Sobre Redacción Tiempo21

Encargada de realizar todo el trabajo del Grupo Internet y Tiempo21. Integrada por un Editor-jefe, dos editoras, un fotorreportero y camarógrafo, un director de fotografía y camarógrafo y un desarrollador Web. Es un equipo multidisciplinario y multioficio, que desarrolla las principales labores del Periodismo Hipermedia. Además de tiempo21, tiene un canal de Video-TV, y otros espacios. @tiempo21cuba

Comentar

Su dirección de correo electrónico no será publicada.Los campos necesarios están marcados *

*


dos + 1 =