Tres lágrimas, una historia

Tres lágrimas, una historia.
Gerardo Hernández Nordelo, en el concierto de Silvio Rodríguez. (Foto: Ismael Francisco).

En el concierto número 62 de Silvio Rodríguez por los barrios de Cuba, en el que fueron protagonistas Los Cinco, Gerardo Hernández Nordelo y su amada, Adriana Pérez, dejaron escapar las lágrimas cuando el trovador interpretó El dulce abismo, una bella canción que tanto tiene que ver con ellos, porque es como un himno para su amor.
Tres lágrimas, una historia.
Elizabeth, la niña africana que Ahmed Velázquez captó con su magnífico lente.

Durante esa noche, el lente del genial fotorreportero Ismael Francisco captó una emblemática imagen con la lágrima que se aventuró a recorrer la mejilla derecha de Gerardo, y a mí me trajo a la mente una bella anécdota de este hombre extraordinario, que involucraba a otro hombre extraordinario: el fotorreportero de Granma Internacional Ahmed Velázquez, desparecido a los 39 años y en plena madurez profesional, el 29 de diciembre de 2004.
Tres lágrimas, una historia.
El sencillo homenaje de Gerardo Hernández Nordelo a Ahmed Valázquez.

Y me complazco en contar la anécdota que hizo posible la amistad entre Ahmed y Gerardo.
Ahmed y yo estuvimos en África, dando cobertura periodística a la labor de los médicos cubanos en el olvidado continente.
En uno de nuestros intensos días de trabajo, Ahmed pasó casi una hora a la caza de un gesto de una niña, nombrada Elizabeth, que con sus escasos seis o siete años vendía productos agrícolas en el mercado, y estaba molesta y a ratos lloraba. Al final Ahmed logró una foto emblemática, en la que asoma una lágrima en una de sus mejillas.
Un día, graficando una reunión de África o de la pobreza, no recuerdo bien, Granma Internacional publicó la foto a gran tamaño y en la portada, y cuando Gerardo vio aquella imagen en la cárcel, se asombró y pensó que era de la AP, la EFE o cualquier otra agencia de prensa extranjera, y sufrió una pena muy grande cuando vio el crédito del periodista cubano, y se sintió obligado a ofrecerle disculpas a Ahmed por aquel pensamiento.
Y con esa gran dosis de honestidad de Gerardo Hernández (Ahmed nunca se hubiese enterado de aquel pensamiento), le escribió al fotorreportero y le ofreció sus humildes disculpas por aquella duda, y a partir de entonces nació una amistad muy linda entre ellos.
Poco tiempo después, cuando Ahmed muere, Gerardo envía una caricatura a la esposa del periodista cubano, en la que aparecía una cámara fotográfica con una lágrima como la de la niña africana, y como símbolo de dolor de la fotografía por la muerte del genial fotorreportero.
Yo, que no me canso de contar esta anécdota que retrata un poco a Gerardo, un día se la comenté en una carta que le escribí cuando estaba en prisión y fue uno de los temas de conversación mediante la correspondencia.
Y la traigo ahora, como un regalo a los usuarios de Tiempo21, porque estas tres lágrimas tienen una misma historia: la de hombres extraordinarios en sus actos y que están unidos para siempre por tres imágenes inolvidables y trascendentales.
 

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