El derecho a la felicidad

Amanda toma el pelo de Alicia y lo vuelve un moño. Con su manita derecha le pasa el secador de juguete una y otra vez, cual si fuera peluquera y trata de alisarlo para que el peinado sea una carta de presentación en la actividad con sus compañeritos del círculo infantil. Ella es una de los cinco mil 14 niños que hoy asisten a esas instituciones que garantiza la educación desde las edades más tempranas.
En una sociedad como la cubana, muchas de las madres trabajadoras tienen la garantía del cuidado de sus hijos mientras laboran en los diferentes sectores de la sociedad.
Los círculos infantiles de la oriental provincia de Las Tunas son los espacios necesarios para la educación y la formación de valores, hábitos y normas para el desarrollo en sociedad de los infantes, que en sus ocho horas dentro de las instituciones desempeñan los más diversos juegos de roles, que los acercan al mundo en que viven, a la historia local, a los más diversos oficios, que los van preparando para su vida futura.
Bajo el principio de que el niño tiene derecho a recibir educación, gratuita y obligatoria por lo menos en las etapas elementales de la vida, el Estado cubano forma en la nueva generación de educandos los valores para su vida, bajo la atención especializada de un personal calificado compuesto por más de 500 docentes, especialistas en Logopedia e Instructores de arte en todo el territorio tunero.
Estos centros que acogen en sus salones, de segundo hasta quinto año de vida e incluyen el grado preescolar,  a miles de infantes de forma institucional para hacer realidad uno de los pilares fundamentales de la Revolución cubana altamente priorizados en las políticas sociales: el derecho a la educación  en las edades tempranas.

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