Las Tunas, Cuba. Martes 21 de Noviembre de 2017
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Carlos Sosa y Waldemar Peña: tras los pasos de Maceo

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Las Tunas.- Por esos azares de la historia, dos jóvenes tuneros ofrendaron sus vidas por la libertad de la patria, un siete de diciembre de 1958, 62 años después de la caída de Antonio Maceo Grajales, el más glorioso de los generales de la Guerra de Independencia del siglo diecinueve en Cuba.

A finales de 1958, las tropas de cuarto frente del Ejercito Rebelde que operaban en el territorio de la oriental provincia de Las Tunas, tenían la misión de bloquear el acceso a las ciudades y evitar la entrada de alimentos y municiones. Por ello, los rebeldes montaban postas en las principales carreteras y caminos. De ese modo, se creaba una situación revolucionaria en la población.

Cumpliendo esa tarea fueron asesinados, Carlos Sosa Ballester y Waldemar Peña, el siete de diciembre de 1958, a escasos días del Triunfo de la Revolución.

Tiempo 21 conversó con el combatiente de la revolución cubana, Jorge Pérez González, quien fue compañero de lucha de Carlos Sosa y sobreviviente de la acción.

Cómo conocí a Carlos

“Yo conocí a Carlos en los días finales del mes de noviembre, que lo designaron para hacer guardia en la carretera Las Tunas-Puerto Padre, conmigo en la tropa de Walfrido Aguero. Para este fin nos trasladamos hasta Sitio Piedra, porque allí vivía la hermana de Carlos, que quedaba más cerca de la carretera, que de Macagual, que era donde estaba el campamento rebelde.  Así yo conocí a Carlos, haciendo la guardia, conjuntamente con él”.

La emboscada

“El siete de diciembre fuimos liberados de la guardia pero recibimos la misión del Jefe de escuadra de avisarle a otros compañeros que estaban en San Juan para que se retiraran de la carretera. A las cuatro de la mañana nos levantamos y salimos montados a caballo.

“Yo iba vestido de civil. Había dejado el día antes la ropa verde olivo y el casco que usaba. Ese día había mucha neblina. Cuando pasamos por la alcantarilla, ya los manferreristas  estaban allí, pero nos dejaron pasar porque esperaban a uno vestido de militar. Nosotros seguimos para Río Potrero, pero no encontramos a los otros compañeros y regresamos. Yo no quería volver por la orilla de la carretera, pero Carlos me dijo que yo tenía miedo y para demostrarle lo contrario le hice caso. Al llegar a Becerra caímos en la emboscada”.

La muerte de Carlitos

“A mi las balas me pasaron por arriba, porque me abracé al cuello de la bestia. Sentí cuando Carlos gritó y supe que le dieron. Giré en redondo y comenzaron a tirarme con la ametralladora. El caballo de Carlos siguió recto, lo desmontaron como trescientos metros más adelante y lo remataron. Después le contamos veintiún agujeros de balas. Cuando yo iba a toda velocidad, sentí un carro de frente, era un Jeep rojo con varios manferreristas. Escondí el revolver y los saludé al pasar. Cuando se dieron cuenta de la jugada, ya me había perdido por un camino. Así llegué a Sitio Piedra donde estaban mis compañeros y avisé. Ellos vinieron y recogieron el cuerpo de Carlitos”.

La muerte de Waldemar

“Los manferreristas se montaron todos  en el Jeep, eran nueve en total y siguieron hacia el cruce de Naranjo, donde estaba Waldemar y otro compañero haciendo la posta. Cuando se acercaron hicieron las señales que hacíamos los rebeldes para identificarnos. Encendieron y apagaron las luces. Waldemar, lógico, pensó que éramos nosotros, pero ya los tenía arriba y aunque el disparó, no tuvo tiempo de defenderse y lo remataron. El otro que estaba con él pudo irse”.

La traición

“Yo creo que fuimos traicionados por un guardia retirado del ejército, porque por esos días nos sentábamos en una alcantarilla frente a su casa. Su mujer vino un día a traernos queso y café con leche. Yo le dí las gracias y le dije que no. Carlos sí se lo comió. Y yo le dije que iba a morir cualquier día envenenado. Ella volvió todos los días hasta el día cuatro de diciembre que dijo que no  traía desayuno porque no tenía azúcar. Al otro día Carlos le trajo a la mujer un poco de azúcar. Por esos los Manferrer sabía que éramos dos, el lugar de la posta y que yo estaba vestido de verde olivo con un casco.

El homenaje

“Al año de muerte de Carlos Sosa, un grupo de combatientes vinimos de La Habana y sacamos los restos de Carlitos, que estaban en el campamento de Macagual y los de Waldemar, que estaban en otra parte y se velaron con honores. Después fueron enterrados en el Cementerio provincia Vicente García, donde hoy reposan”

La sangre de los jóvenes tuneros Carlos Sosa Ballester y Waldemar Peña derramada aquel siete de diciembre de 1958, no cayó en vano, gracias al aporte de cientos de hombres como ellos, hoy la Revolución es invencible.

/ymp/

 

 

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Sobre Tania Ramirez

Periodista. Graduada de Ingeniería Química. Reportera de Radio Victoria, en temas de la ciencia, la tecnología y el medio ambiente y la historia local. En una etapa se desarrolló como Jefa de Información de esta emisora. Le gustan los temas sociales y la polémicas sobre asuntos de la vida diaria. Es miembro de la Unión de Periodistas de Cuba. @TaniaRamirezR

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