Las Tunas, Cuba. Martes 21 de Noviembre de 2017
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América Latina ejemplo en la lucha contra la pobreza

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La Habana.- Por primera vez en la historia, la clase media superó al número de pobres en Latinoamérica, gracias al crecimiento económico sostenido y las políticas de distribución equitativa.

Así lo hizo saber el Banco Mundial (BM) en su informe anual sobre el estado de las economías de mundo, según el cual la pobreza en el continente descendió del 42 por ciento en 2000 a 25 por ciento en 2012, mientras que las filas de la clase media aumentaron de 22 a 34 por ciento en el mismo período.

Por su parte, el informe mundial de Desarrollo Humano 2014, del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), divulgado en junio de este año, añade a estas cifras algunas de mayor precisión.

Apunta el informe que más de 56 millones de personas salieron de la pobreza extrema -los que reciben ingresos inferiores a cuatro dólares al día- desde el año 2000 hasta la fecha.

Los latinoamericanos en esta situación eran 189,9 millones en 2000, el 41,7 por ciento de una población de más de 450 millones.

En 12 años 56,2 millones dejaron ese grupo, de modo que el número de pobres bajó a 133,7 millones en 2012, un cuarto de los 528,3 millones de habitantes de la región, añade el informe de la organización mundial.

Ese progreso es el resultado sobre todo del crecimiento económico de la última década, pero el estudio revela que el 38,3 por ciento se debió también a políticas en favor de la distribución justa de la riqueza.

Entre las naciones de América del Sur, el país en mejor situación es Uruguay, con apenas el ocho por ciento de la población en estado de pobreza y una clase media superior al 60 por ciento.

El estudio del PNUD, sin embargo, hace hincapié en que la región no logró disminuir la población que se encuentra vulnerable.

Se trata de personas que recién han salido del más completo desamparo, de la miseria casi total, pero que aún no engrosan las filas de la clase media. Ese grupo aumentó entre 2000 y 2012 de 156 millones de habitantes a casi 200 millones.

La cuestión radica en que la riqueza general y el índice de desigualdad son dos indicadores diferentes y deben observarse como complementos, si se desea una mirada integral y verdadera del estado de las naciones, asegura el Nobel de Economía Joseph Stiglitz, en un artículo publicado recientemente en la revista The Economist.

Esto ha llevado a muchos gobiernos latinoamericanos a mostrar una reducción de la desigualdad como prueba de un mejoramiento importante en la calidad de vida de los sectores populares. Pero esto no siempre es así.

Por ejemplo, América Latina es una de las regiones más inequitativas del mundo, con un coeficiente de desigualdad (Gini) de 0,43, solo superada por el África Subsahariana, con un 0,44.

Gini es el indicador de distribución del ingreso más utilizado y otorga un “0” a la igualdad absoluta y “1” a la desigualdad absoluta.

Países como Chile y Brasil tienen un alto Gini, o sea, una diferencia acentuada entre el 20 por ciento más pobre y 20 por ciento más rico.

Sin embargo, debido a la gran riqueza y a la modernidad de sus economías, entre esa minoría muy rica y la otra tan pobre existe una clase media mayor al 40 por ciento de la población.

Por eso -como asegura la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal)- en un mismo país se puede mantener la inequidad y, sin embargo, haber progresado en comparación con años atrás, ya que, por más que las diferencias sean grandes, todos tienen más y muchos de los que eran pobres ya no lo son.

Naciones como Venezuela o Paraguay, en comparación con los dos anteriores, no tienen un alto índice de desigualdad, pero entre el extremo opulento de la sociedad y el menos favorecido muestran un por ciento muy alto de la población (mayor al 40) entre los llamados vulnerables, o sea, capaces de volver a la indigencia total si ocurriese una crisis u otro cataclismo económico.

Para el próximo año el BM y la Cepal pronostican un 3,2 por ciento de crecimiento en Latinoamérica, lo que sería de gran ayuda si las naciones lo utilizan en prosperidad para todos.

Este incremento sostenido, junto al desarrollo o la continuación de políticas públicas bien razonadas, permitiría superar muchos de los retos en el tema de la pobreza y la distribución justa de la riqueza, única vía para lograr una vida más plena y economías más prósperas. (Prensa Latina)

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