Las Tunas, Cuba. Martes 26 de Septiembre de 2017
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Realengo 18, página imborrable en la historia de las luchas del campesinado cubano

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Realengo 18, página imborrable en la historia de las luchas del campesinado cubanoEl destacado líder revolucionario, combatiente internacionalista, escritor y periodista Pablo de la Torriente Brau, dejó para la historia un formidable reportaje en el que narra de forma sencilla y conmovedora los hechos ocurridos en 1934 en el Realengo 18, una intrincada zona de las montañas orientales de Cuba, donde los campesinos protagonizaron una valerosa resistencia frente a las ambiciones de las compañías imperialistas y los latifundistas criollos que querían desalojarlos de sus tierras.

Los “realengos” habían surgido cuando los españoles que colonizaron a Cuba repartieron las tierras en grandes haciendas circulares. En el sitio donde coincidían los linderos de tres grandes fincas, quedaba siempre un espacio libre, de forma triangular, que recibió el nombre de realengo porque era “propiedad” de la corona española.

Con el tiempo en esos espacios se autorizó a blancos pobres, negros y mulatos libres a establecer pequeñas fincas y allí se fundaron familias que durante siglos vivieron y trabajaron la tierra hasta que, ya en el siglo XX, las compañías latifundistas norteamericanas y los terratenientes comenzaron a codiciarlos, fundamentalmente por las grandes riquezas maderables existentes en esta zona.

Se desarrolló entonces una feroz lucha por desalojar a la fuerza o mediante diversas patrañas legales a las familias pobres que, generación tras generación, habían vivido y laborado en aquellas tierras.

En la década de los años 20 se incrementaron las acciones expansionistas de los grandes terratenientes, pero también adquirió mayor fuerza la resistencia que para no dejarse arrebatar sus tierras  oponían los campesinos realenguistas, que comenzaron a organizarse para la lucha.

Aquel movimiento de heroica resistencia a los atropellos estuvo encabezado por el recio campesino Lino de las Mercedes Álvarez, un veterano de la última etapa de las guerras independentistas contra los colonialistas españoles que había ganado el grado de teniente en varios combates como miembro de las tropas bajo las órdenes de los generales José Maceo y Calixto García.

En 1934 llegó a su clímax la lucha entre los latifundistas y los realenguistas, quienes ya contaban con el respaldo de un amplio movimiento de solidaridad nacional encabezado por el Partido Comunista y obreros de centrales azucareros y otros sectores. Incluso, mediante una colecta popular realizada en centros obreros de varios municipios habaneros, fueron adquiridos y enviados a el Realengo 18 varios fusiles Springfield, revólveres y pistolas.

Bajo la consigna de “Tierra o Sangre”, que habían hecho suya, el 3 de agosto y el 20 de octubre de ese año, los realenguistas armados detuvieron con viril actitud los intentos de abrir trochas de deslinde que con el apoyo de militares pretendían desarrollar las compañías y terratenientes, enfrentamientos que no culminaron con gran derramamiento de sangre porque los soldados comprendieron que serían aplastados por los bravos campesinos.

Ante tan valiente y resuelta resistencia y luego de tensas negociaciones entre representantes del gobierno y los campesinos, el 11 de noviembre de 1934, hace hoy 80 años, se firmó el documento conocido como Acta de La Lima, que determinó el retiro de las tropas militares del Realengo, el respeto al derecho de los campesinos a continuar en sus tierras y la anulación de las órdenes de detención contra sus principales líderes.

Aquella, por supuesto, no resultó una victoria definitiva, pues no fue hasta el triunfo de la Revolución cubana en 1959 que se acabaron definitivamente los desalojos y las expropiaciones de tierras en Cuba, ya que mientras existió la seudorrepública continuaron en varias partes de la Isla estos actos de atropello.

Pero, indudablemente, la epopeya del Realengo 18 fue una clarinada.

Así lo comprendió Pablo de la Torriente Brau, quien como enviado de la revista Ahora viajó desde La Habana, subió los intrincados parajes de la Sierra Maestra hasta llegar al Realengo 18, donde compartió con los campesinos la alegría de la victoria y entrevistó a Lino Álvarez y a otros líderes de aquel movimiento de resistencia.

Sobre aquella epopeya Pablo expresa visionariamente en su conocido reportaje:

“Porque en las luchas del Realengo 18 no hay otra cosa que la rebelión campesina, la revolución agraria que comienza a germinar y que habrá de arrancar algún día a los «propietarios» las tierras obtenidas «legalmente», para la explotación de los hombres.”

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Sobre Hernán Bosch

Periodista. Graduado de la Universidad de Oriente. Trabajó como reportero en el diario 26, donde fue además, jefe de Redacción y Jefe de Información. Fue reportero de la corresponsalía de la Agencia Cubana de Noticias en la provincia de Las Tunas, con una labor destacada en el tratamiento a los temas de la agricultura y la salud, entre otros. Está jubilado y es miembro de la Unión de Periodistas de Cuba. @hrbosch

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