Las Tunas, Cuba. Martes 26 de Septiembre de 2017
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¿Es posible una ciudad sin ruido?

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ruidos_molestos_01Las Tunas- Las notas de una canción muy conocida de reguetón retumban en la casa de Amanda. Ella prefiere escuchar la música así, que cada nota estremezca sus oídos.

Y mientras hace sus quehaceres hogareños, y disfruta su hobby, no tiene la menor idea de la mortificación de su vecina Olga, con miedo de que despierte su pequeña nieta, o de Orestes, el anciano del apartamento de enfrente, quien padece una migraña severa. Aunque supiera el sufrimiento a su alrededor, Amanda no sentiría culpa, a fin de cuentas, ella está en su casa, y tiene derecho ser feliz a su manera, ¿verdad?

Lamentablemente, esta historia no es ficción. El ruido es uno de los factores contaminantes que más afecta  nuestra sociedad. La mayoría de las inquietudes de la población, en esta ciudad, están asociadas a la música demasiado alta y los talleres relacionados con la actividad por cuenta propia, según la información que brindó a Tiempo21 Alberto Ventura, especialista de la Delegación Provincial del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente.

Existe una legislación que protege a la gente de estas violaciones, recogida en el Decreto Ley 200 de las Contravenciones en materia de Medio Ambiente. Allí aparecen las normas que sancionan a personas naturales e institucionales, por sobrepasar los niveles permisibles de energía térmica, contaminación por campos electromagnéticos, vibraciones, radiaciones ionizantes y ruido excesivo.

Las instituciones encargadas de hacer cumplir esta ley son el Ministerio de Salud Pública, el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, y el CITMA. Lo usual es que los especialistas empleen el diálogo y la persuasión para resolver los conflictos, pues en muy pocos casos, se hace necesaria la intervención de la policía.

Lo cierto es que ninguno de estos organismos cuenta con un sonómetro para definir con exactitud si el ruido está por encima de lo permitido,  que son 60 decibelios en condiciones normales; pero cuando no es posible una conversación normal entre dos personas que están cerca, resulta evidente que hay una violación, y esta puede afectar la salud del ser humano.

Son frecuentes las quejas de vecinos cercanos a iglesias o lugares de recreación, así como las infracciones de bicitaxis y carros, que a cualquier hora del día, se pasean por la urbe alardeando de la calidad de sus bocinas.

También han aumentado los problemas con cuentapropistas que tienen sus talleres de carpintería o soldadura cerca de viviendas. Al respecto, persiste la contradicción de que al autorizar patentes con labores asociadas a algún tipo de contaminación acústica, el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social no garantiza que cuenten con locales idóneos. Luego, aparecen las personas que conviven al lado de los talleres,  alegando que no soportan esa situación.

Aún existen muchos eslabones sueltos a la hora de proteger a la gente del ruido. El fenómeno va más allá de la indolencia de quienes tienen la costumbre de hablar alto, subir la música innecesariamente, tener animales domésticos, o realizar cualquier actividad que afecte la convivencia armoniosa y pacífica en los barrios y repartos.

El propio Estado no está preparado para hacer cumplir las normas relativas al ruido, porque en algunos casos, también las incumple en plazas, calles céntricas, mercados agropecuarios o zonas urbanizadas donde inmensos equipos de sonido obligan a un gran número de personas a escuchar determinada música.

Resultaría más eficaz si las instituciones relacionadas con este problema adoptaran medidas preventivas y potenciaran campañas de educación medio ambiental desde el ejemplo. Lo ideal sería que las autoridades fuesen más severas al perseguir las fuentes de sonido ilegales. Si todos contribuyen, es posible conseguir una sociedad más silenciosa y acogedora.

/edc/

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Sobre Redacción Tiempo21

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