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Viejos, viejitos, en su día

original_longevidadLas Tunas-. A mi suegro, ya difunto, le escuché contar de cómo, cuando niño, gustaba junto a sus hermanos de molestar al abuelo con eso de las canas, las cosas que ya no se podían hacer igual y el paso triste de los almanaques,  y siempre,  el “muy  zorro” les respondía: “está bien, soy un viejo, pero  malo no es ser viejo,  bueno es poder llegar  y hacer el cuento, como lo hago yo”.
Y es cierto – me decía  Agustín-  mi abuelo era una escuela viviente; y yo miro a los míos y lo entiendo, se esconden muchas cosas detrás del pelo ralo, los dientes consumidos y la piel fláccida que exhibe la vida cuando transcurre la llamada tercera edad;  cosas que te han marcado la existencia y, a veces, con una dulzura tal que no percibes hasta que te falta,  por constante y anónima.
Los abuelos, los buenos, están en todos los rincones  de este país bendito y son de todo tipo: te los encuentras con la “jaba de los mandados” de un sitio a otro, llevando nietos a la escuela, quitando las manchas de la ropa como nadie y haciendo de mamá o papá, según sea el caso, para que los hijos concreten sueños o ayuden a otras tierras del mundo.
Están en las peluquerías porque “los años no me pueden caer encima así como así”, asumiendo algún trabajito que aparece de momento, jugando dominó los domingos y hasta  sé de algunos que prefieren que los nietos les digan “tíos” al ver pasar, en el parque,  a alguna muchacha bonita.
Consienten hasta el cansancio, saben de dulces  caseros y fiestas de carnaval y rememoran sus años mozos con un brillo en los ojos y una voz quebrada que, a veces, nos hace pensar que se transportan en el tiempo y habitan un sitio feliz que no alcanzamos, aunque escuchemos con atención y sepamos de la historia que cuentan los detalles más insospechados, por repetida y repetida.
Si usted tiene la suerte mía, de verlos en casa sonreír entre achaques y tropiezos, no pierda la ocasión de aprender un poquito, de escucharles un recuerdo, de invitarles a un café caliente o tecito frío, según les lleven la hipertensión o la diabetes: un día los viejos seremos nosotros y hoy, no lo dude, son savia, acicate, orgullo, consuelo….
Lea además:
Responsabilidad ante el envejecimiento por el futuro de Las Tunas
 
 
 
 
 
 
 

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