Las Tunas, Cuba. Miércoles 20 de Septiembre de 2017
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Viejos, viejitos, en su día

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original_longevidadLas Tunas-. A mi suegro, ya difunto, le escuché contar de cómo, cuando niño, gustaba junto a sus hermanos de molestar al abuelo con eso de las canas, las cosas que ya no se podían hacer igual y el paso triste de los almanaques,  y siempre,  el “muy  zorro” les respondía: “está bien, soy un viejo, pero  malo no es ser viejo,  bueno es poder llegar  y hacer el cuento, como lo hago yo”.

Y es cierto – me decía  Agustín-  mi abuelo era una escuela viviente; y yo miro a los míos y lo entiendo, se esconden muchas cosas detrás del pelo ralo, los dientes consumidos y la piel fláccida que exhibe la vida cuando transcurre la llamada tercera edad;  cosas que te han marcado la existencia y, a veces, con una dulzura tal que no percibes hasta que te falta,  por constante y anónima.

Los abuelos, los buenos, están en todos los rincones  de este país bendito y son de todo tipo: te los encuentras con la “jaba de los mandados” de un sitio a otro, llevando nietos a la escuela, quitando las manchas de la ropa como nadie y haciendo de mamá o papá, según sea el caso, para que los hijos concreten sueños o ayuden a otras tierras del mundo.

Están en las peluquerías porque “los años no me pueden caer encima así como así”, asumiendo algún trabajito que aparece de momento, jugando dominó los domingos y hasta  sé de algunos que prefieren que los nietos les digan “tíos” al ver pasar, en el parque,  a alguna muchacha bonita.

Consienten hasta el cansancio, saben de dulces  caseros y fiestas de carnaval y rememoran sus años mozos con un brillo en los ojos y una voz quebrada que, a veces, nos hace pensar que se transportan en el tiempo y habitan un sitio feliz que no alcanzamos, aunque escuchemos con atención y sepamos de la historia que cuentan los detalles más insospechados, por repetida y repetida.

Si usted tiene la suerte mía, de verlos en casa sonreír entre achaques y tropiezos, no pierda la ocasión de aprender un poquito, de escucharles un recuerdo, de invitarles a un café caliente o tecito frío, según les lleven la hipertensión o la diabetes: un día los viejos seremos nosotros y hoy, no lo dude, son savia, acicate, orgullo, consuelo….

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Sobre Esther de la Cruz Castillejo

Periodista. Licenciada en Comunicación Social en la Universidad de Oriente. Máster en Ciencias de la Comunicación por la Universidad de La Habana, 2009. Diplomada del Instituto Internacional de Periodismo José Martí, de La Habana. Desde su graduación se desarrolla profesionalmente en Radio Victoria y se desempeña como reportera para atender los temas de la educación. Es miembro de la Unión de Periodistas de Cuba. @vozcubana

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