Opinión

De cooperativas y cooperativas

Las Tunas.- En más de una oportunidad escuché el mismo reclamo de la ganadera de Chaparra, municipio de Jesús Menéndez, en la provincia de Las Tunas. Necesita tierras para incrementar producciones, mientras al lado una Unidad Básica de Producción Cooperativa (UBPC) tiene terrenos ociosos. La realidad de los suelos mal aprovechados y la falta de liquidez de las UBPC es más común de lo que quisiéramos reconocer.

La desconexión con la realidad, las plantillas infladas, las malas negociaciones con el Banco y la real falta de autonomía, son algunas de las sombras que siguen atando el despegue de las unidades básicas de producción cooperativa.

De las cerca de dos millares de cooperativas en funcionamiento en el país, solo el 27 por ciento no presentan problemas financieros y tienen una situación saludable en su productividad.

El 57 por ciento tienen dificultades económicas y más de 300 van camino a la disolución o en casos muy puntuales podrían mejorar su situación actual.

La situación es menos esperanzadora si se conoce que cerca de un millón 800 mil hectáreas, aproximadamente el 20 por ciento del área agrícola del campo cubano, están bajo la explotación de las unidades productivas que demostraron ser ineficientes e incapaces de poner a producir la totalidad de sus áreas.

En la actualidad de Las Tunas, como en todo el país, se habla de la implementación de las 17 medidas salvadoras puestas en vigor recientemente, entre las que se encuentran la autorización de las ventas directas de productos agrícolas a las instalaciones de turismo, el reconocimiento como entidades no estatales con derecho de comercializar productos y servicios libremente, además del tratamiento financiero para revertir la situación de endeudamiento acumulado, cifra que supera los mil 200 millones de pesos.

Aunque el cambio en la realidad de las UBPC se plantea desde la capacitación de sus juntas administrativas, hasta la condonación de sus deudas, la realidad exige que se toquen puntos medulares como la producción de leche y el incremento de los precios a los que se paga el alimento en el mercado nacional. También se suman la falta de recursos para el trabajo en una industria a la intemperie que exige entrega y sacrificio.

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