Las Tunas, Cuba. Domingo 19 de Noviembre de 2017
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Lidia y Clodomira: ejemplos de la dignidad de la mujer cubana

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Los nombres de Lidia Doce y Clodomira Acosta se encuentran unidos indisolublemente al valor, la fidelidad y el patriotismo y representan los valores más genuinos de la mujer cubana.

A ellas les tocó vivir los difíciles años de extrema pobreza en los que los gobiernos de turno en Cuba eran meros títeres en las manos de los Estados Unidos. Por eso se unieron, cada una por diversos caminos, a  los jóvenes que se opusieron al golpe de estado de Fulgencio Batista y estaban dispuestos a dar su vida por hacer que las cosas cambiaran.

Tras el desembarco del Granma, Lidia conoció en el poblado granmense de San Pablo de Yao al Che Guevara, y desde ese instante comenzó a cooperar con el Ejército Rebelde. Clodomira también decidió unirse a las fuerzas guerrilleras impulsada por sus convicciones.

A pesar de su apariencia frágil y tímida afrontaron los riesgos y carencias de una guerra desigual, pero lograron cumplir todas las tareas que les fueron asignadas para mantener las comunicaciones entre los guerrilleros de distintas partes del país. En esa arriesgada labor  se ganaron la confianza de la dirección del Ejército Rebelde y el  respeto y la admiración de sus compañeros.

Durante su última misión en La Habana, el 11 de septiembre de 1958 decidieron quedarse en un apartamento del reparto Juanelo donde se encontraban cuatro combatientes clandestinos que aguardaban  la oportunidad de incorporarse a la lucha armada.

Sin embargo, los guardias del dictador Fulgencio Batista supieron la dirección exacta del escondite por la delación de unos traidores.  Alberto Álvarez Díaz, Reynaldo Cruz Romeu, Onelio D. Rodríguez, Leonardo Valdés Suárez, Lidia Doce y Clodomira Acosta estaban allí. A los hombres los ultimaron en ese mismo momento delante de las mujeres, que en medio de gritos e insultos repetían: “Asesinos acaben de matarnos”.

Mas, los esbirros tenían otros planes. Lidia y Clodomira  fueron trasladas a otro sitio, no sin antes ser golpeadas. Durante días estuvieron expuestas a torturas. Pero a pesar de ello, el verdugo, Julio Laurenti, no obtuvo la menor información que sirviera para atrapar a otros revolucionarios o tronchar nuevas acciones del movimiento 26 de Julio.

Con el triunfo de la revolución se pudo saber la verdad sobre los últimos días de vida de las mensajeras del Ejército Rebelde.

El propio Eladio Caro, lugarteniente del sanguinario Esteban Ventura, dijo antes de ser ajusticiado que de Juanelo fueron conducidas a la Oncena Estación, Lydia iba herida con un tiro a sedal en un glúteo que sangraba profusamente. Clodomira, a pesar de su frágil constitución  se soltó de su captor y trató de defenderla.  En el sótano siguieron golpeándolas atrozmente. Luego, cuando no pudieron sacarle ni una sola palabra, fueron lazadas ya moribundas y con los cuerpos cubiertos de cemento al mar, el 17 de septiembre.

Lydia tenía 48 años y había nacido en el poblado holguinero de Velasco. Clodomira era casi una niña con solo 22, era de Providencia, Manzanillo, hoy provincia de Granma.

Lidia Doce y Clodomira Acosta son un ejemplo para las nuevas generaciones de mujeres que cada día estudian, trabajan, aman y están dispuestas a defender la obra de la Revolución cubana.

/mdn/

 

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Sobre Tania Ramirez

Periodista. Graduada de Ingeniería Química. Reportera de Radio Victoria, en temas de la ciencia, la tecnología y el medio ambiente y la historia local. En una etapa se desarrolló como Jefa de Información de esta emisora. Le gustan los temas sociales y la polémicas sobre asuntos de la vida diaria. Es miembro de la Unión de Periodistas de Cuba. @TaniaRamirezR

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